Espacio de Balbino. Escritos flamencos. 20 aniversario de Omega

En diciembre próximo se cumplirán 20 años de la publicación del disco Omega, de Enrique Morente y Lagartija Nick. Con motivo de esta celebración se van a desarrollar actividades y producciones mediáticas y audiovisuales que rendirán tributo al nacimiento de una de las obras más trascendentes en la historia del flamenco y de la música española de las últimas décadas.

Deseo sumarme humildemente a la memoria de tan importante acontecimiento con la publicación espaciada de diferentes textos sobre el Omega que recogí en mi libro Enrique Morente, La voz libre, edición de 2006.

 

Primera entrega que cuenta la sonada e insólita actuación de Enrique Morente el 28 de febrero de 1996. Teatro Albéniz, Madrid. IV Festival Flamenco de Madrid.

 

El escándalo

 

Y, desde luego, no se equivocó el crítico en ese calificativo, a juzgar por la sorpresa y el “escándalo” que nos tenía reservada la noche y que fue objeto de los siguientes comentarios críticos:

Escribió Ángel Álvarez Caballero:

“Tengo la impresión de que Morente estuvo en este concierto más que nunca condicionado por un laberinto de circunstancias que no pudo controlar. Es cierto que fue un concierto de gran complejidad con tres partes claramente definidas: los cantes con el único acompañamiento de la guitarra de Tomatito, quien se va adecuando a Morente con talento y sensibilidad; otros más rítmicos con todos los flamencos de su grupo, y finalmente el tema ‘Omega‘, una especie de cantata que se inicia con una marcha fúnebre (sic) y sigue con diversos palos flamencos basándose en el poema de García Lorca de mismo título y al que presta además su colaboración el grupo rockero Lagartija Nick; por cierto, alguien debía de haber explicado lo que se iba a oír. Morente hizo un gran esfuerzo y cantó entregado…En fin, todo lo que hace de Morente un caso único en el cante”.

“Lo que ocurrió es que los problemas añadidos fueron surgiendo e incordiaron lo suyo. En plano dominante, el sonido…después la palmas, que de vez en cuando hacían con tal entusiasmo los propios deudos del cantaor que impedían la audición de su voz; y finalmente en ‘Omega‘, una obra con entidad propia que Morente está comenzando a poner y que merecía correr mejor suerte. Al estar casi toda ella tocada con enorme fuerza, la sonorización sólo fue capaz de transmitir al público una especie de barullo en que ni la voz ni los instrumentos tomaban relieve propio. A la salida, discusiones apasionadas entre la audiencia. Lo habitual cuando canta Morente”.

Y Manuel Ríos Ruiz:

“El atrevimiento de Morente dividió al público…Y a veces le ocurre lo que dice el refrán: quien mucho abarca, poco aprieta. Queremos decir que lógicamente en ocasiones se equivoca o se le tuercen los planteamientos. Otras acierta plenamente, como en el caso de su Alegro-Soleá y Fantasía de Cante Jondo, que presentó el año pasado en el mismo Festival. Pero en la noche del miércoles al finalizar su concierto con su audaz montaje musical junto al grupo rockero Lagartija Nick, que en Granada y en un pabellón de Deportes ante 12.000 personas resultó atractivo (sic), en el recinto del Albéniz no fue así, pues mal sonorizado, el atrevimiento morentiano falló totalmente y el público en gran parte un tanto estupefacto se dividió. La polémica pues está servida…”

También Alfredo Grimaldos abundó en la osadía del artista:

“Enrique Morente es el flamenco con licencia oficial para experimentar. Su acreditada capacidad creativa y el profundo conocimiento de los cantes que atesora le han permitido dar vida a piezas de incuestionable belleza. Nadie tiene por qué escandalizarse con sus arriesgados y a veces insólitos proyectos, pero tampoco es obligatorio que todo lo que haga el granadino deba ser refrendado por el público. Comenzó su actuación con una impecable caña, palo en el que es un maestro y a continuación desgranó los tonos de una bellísima granaína, secundado por la insuperable guitarra de Tomatito. Arrancó bien por soleá pero en su remate y en la siguiriya posterior, el cantaor evidenció que su voz no se encontraba en el mejor momento…La propina fue el tema ensayado con el grupo rockero Lagarija Nick, una compleja cantata con difíciles juegos de voces y combinaciones instrumentales. Ya la había presentado en Granada con mayor profundidad. Aquí el resultado fue un empaste de ruidos a insoportable volumen. Incluso algunos morentinos (sic) acérrimos se mostraron desconcertados. Quizá es eso lo que a él le encanta”.

Carlos Arganzo, de la redacción del desaparecido diario Ya, fue más comprensivo con el atrevimiento:

“El IV Festival Flamenco de la Fundación Caja de Madrid pasó con nota el ecuador tras el espléndido recital que Morente y Tomatito, dos figuras en plenitud de facultades, ofrecieron en la noche del miércoles. Aunque no todo el público estuvo de acuerdo ni con el sonido ni con el viaje flamenco a través del tiempo que propuso el cantaor de Granada, lo cierto es que ambos ofrecieron toda una lección sobre los caminos por los que transita este arte en el final del siglo XX…El último número del concierto fue un bis sorpresa junto a Lagartija Nick, una explosión musical que mezcla el flamenco con aires heavies (…) En medio del atronador volumen de los decibelios de Lagartija Nick, la voz de Morente volvía a demostrar que el camino de la caña al punk es tan largo o tan corto como quiera permitirse la capacidad de aglomerar sonidos de un músico, de un músico integral. De cualquier manera, y aunque hubo quien se marchó como alma que lleva el diablo perseguido por los decibelios de Lagartija Nick, la riqueza de un festival también se mide por el grado de controversia alcanzado por el público…”.

En este concierto, Morente tuvo el coraje de traerse a los Lagartija Nick, cosa lógica puesto que andaba grabando con ellos, e invitarlos en un bis. Se formó un monumental alboroto; primero musical, porque las condiciones técnicas de la sala no estaban adaptadas a la incursión de los rockeros o punkeros, y también, un alboroto en el público. Tras la inesperada intervención de uno y otros en el tema de ‘Omega‘. Entre los espectadores se oyeron gritos de “¡l`has cagao!”, por un lado, y “¡valiente, valiente!”, por otro. En fin, una apuesta arriesgada en el sentido cabal de la palabra a las que Enrique es tan aficionado y que tanto valoramos sus incondicionales: ‘Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan’.

 

 

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