Espacio de Balbino. Escritos sociales. Anoche no cené

Anoche no cené

Dados mis muchos años, viví bajo el franquismo, viví esperanzado la transición y la etapa democrática. Milité y voté en partidos de izquierda que me ilusionaron. Luego, con el desencanto, vino la abstención o el voto en blanco; en definitiva, seguí un proceso evolutivo declinante que me llevó a la desmovilización política, como muchas otras personas de mi generación. Recientemente, a raíz del movimiento 15M y aparición de Podemos, he vuelto a ilusionarme y a preocuparme por la cosa pública, he vuelto a conocer la emoción y a sentirme partícipe de un movimiento colectivo que me parece digno y nuevo. Un movimiento político democrático, racional y transparente, que ha arraigado principalmente en grandes sectores de la juventud que parecían perdidos para las causas sociales y políticas.

El ascenso de ese movimiento convertido en partido político ha sido fulgurante. En apenas dos años desde su aparición, Podemos ha pasado de obtener 5 diputados al parlamento europeo a conseguir 71 escaños al parlamento español, además de implantarse en las instituciones autonómicas y municipales de un gran número de ciudades de españolas. Paralelamente a sus logros y en relación proporcional a los mismos, Podemos ha sido objeto de toda clase de críticas, ataques y falsedades. No voy a entrar en el detalle de la campaña de acoso y derribo orquestada desde los poderes políticos, mediáticos y financieros contra Podemos, pero sí destacaré que su estulticia y brutalidad no tiene parangón con la que haya sufrido cualquier otro movimiento político anterior, a excepción de la que existió contra el Partido Comunista de España durante la dictadura franquista.

Con este panorama de oposición frontal a Podemos y contando solo con el apoyo de sus militantes y simpatizantes y de limitados sectores de la prensa libre y de algunos intelectuales progresistas, resulta prodigioso que el nuevo partido no solo no haya sido ahogado en la ciénaga en la que forcejea la mayor parte de la clase política española, sino que se ha erguido potente sobre el abismo.

La noche del 26 de junio de 2016 no pude cenar ni probar bocado de alimento alguno. Pegado al televisor, sentí la alegría fugaz de unas encuestas falaces que avanzaban resultados positivos, que luego se tornaron decepcionantes con el recuento real de los votos que asignaban 71 diputados para la coalición de Podemos con Izquierda Unida. ¿Pocos?, muchos menos de los esperados, pero todo un caudal de reserva, de potencialidades para una formación que está destinada a grandes empresas presentes y futuras de transformación de la realidad podrida y deshonesta en que se encuentra la vida política española.

 

 

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