Espacio de Balbino. Escritos Flamencos. De guiris, maravillosos guiris (y tres)

De guiris, maravillosos guiris (y 3)

 “La universalidad del flamenco”

Richard Black fue acompañado a la guitarra por Kenny Parker, un norteamericano de origen judío, nacido en Nueva York hace 43 años, y doctor en psicología en San Francisco: “Llegué a Lebrija con 22 años buscando al guitarrista Pedro Peña, y solamente sabía decir cuatro palabras en español: fino La Ina y tío Pepe”, comentaba sonriendo. Con anterioridad, Kenny había acompañado también al baile a una paisana suya de la ciudad del Golden Gate, La Mónica, que bailó con mucho salero por alegrías: “Es que soy profesora de baile flamenco en San Francisco y empecé a estudiarlo cuando tenía ocho años”, declaró después de la fiesta, tratando de justificarse por los elogios de unos admiradores.

Entre los intérpretes europeos destacaron principalmente Yerbita, francés, y el inglés Ian Davies. El primero se negó rotundamente a desvelar su verdadero nombre, en su afán de identificación con el arte al que se consagra desde los doce años. Yerbita es un profesional del flamenco: “Sí, si, me decidí a vivir del flamenco porque era la única manera de poder conocerlo a fondo”. Su toque por siguiriyas y tarantas, nervios aparte, sonó armónico y con sentido natural del compás; así pudo demostrar que no había elegido un mal camino. El londinense Ian Davies es otro ejemplo de pasión desbordada por la guitarra flamenca: “Empecé a dedicarme desde que era niño. Después vine a Madrid, toqué durante cuatro años en el Café de Chinitas, y formé parte de un trío que dirigía Víctor Monge Serranito, que me cogió mucho cariño. Hace poco he acabado de grabar un disco en solitario”. Davies se considera un purista y se muestra pesimista ante la evolución actual del flamenco: “Me temo que la fusión con el jazz y el rock acabe beneficiando más a los ingleses y a los norteamericanos que a los españoles”.

Sin duda, el más aplaudido del festival fue Norihiro Takahashi, procedente de una pequeña isla del norte de Japón, “donde siempre nieva mucho”, y residente en Tokio. Además de formar parte del cuadro que apoyó a las tres flamenquísimas bailaoras niponas, toco en solista por granaínas en un tono más que sobresaliente. No en vano, el año pasado ganó el primer premio de guitarra en otra Bienal Flamenca que se celebra en la capital de Japón, y de la que muy pocos conocen su existencia. ¡Y luego habrá quienes se rasguen las vestiduras cuando oyen hablar de los artistas guiris!

Juan Fernández Blazquez, taxista sevillano: “Perdone que le lleve la contraria, pero me extraña mucho que en Triana vayan a cantar flamenco los extranjeros…”.

Andrés Marín, joven bailaor sevillano: “Yo creo que los extranjeros son personas sensibles que tienen arte como todo el mundo, y creo que se les tiene que dar paso porque pueden llegar a ser tan buenos como cualquiera de nosotros”.

José de la Margara, cantaor: “Este festival es una prueba de la universalidad del flamenco, y una recompensa para los artistas españoles que dejan escuela en todos los países”.

 

Fin

(Publicado parcialmente en El Sol, Madrid, el 25-9-1990)

 

 

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