Espacio de Balbino. Escritos Flamencos. Torobaka: Un charco de sudor

Torobaka

Israel Galván-Akram Khan

Arreglos musicales e interpretación: David Azurza, Bobote, Christine Leboutte y Bernard Schimpelsberger

Teatros del Canal. Madrid 27-6-2014

 

Un charco de sudor

Ver un espectáculo desde el anfiteatro alto o ex gallinero, una vez salvados los escalones y el peligro del vértigo, tiene sus ventajas: estás rodeado de gente joven, sincera y entusiasta y además puedes ver el escenario -si los ojos te lo permiten- con una perspectiva cenital sin perder detalle. Uno de esos detalles fue el charco de sudor que dejó Akram Khan sobre la tarima, un enorme charco que con las luces rojas que caían del techo parecía de sangre. ¿Y qué si no podría ser el fluido que transpiraba el gran bailarín británico, de origen asiático, tras o durante su mágica actuación de anoche en Madrid? Porque han sido necesarias miles, millones de horas, de esfuerzo, sudor e inteligencia para ofrecer un cuerpo en movimiento con tanto dominio y belleza. Y lo mismo diré de Israel Galván, a quien no se le transparentaba el sudor, pero sí que se le veía más flaco al finalizar su actuación. Un flaco genial que hace locuras con su cuerpo en el escenario, locuras llenas de intensidad y emoción.

Mayormente a dúo, Khan y Galván dieron una lección soberana de respeto mutuo por sus respectivos orígenes artísticos: khatak y flamenco, y establecieron una comunión plástica casi mística, no exenta de humor. Crearon la fusión perfecta entre dos artes que a pesar de los tópicos que se escuchan no tienen tantos puntos comunes. Fueron a la raíz del arte después de haber alcanzado individualmente la cúspide de sus respectivas destrezas. Regresaron a la pre-tradición tras su paseo por las vanguardias.

Pero no estuvieron solos Akram e Israel en el escenario sino apoyados por un grupo excepcional de músicos, hombres y mujer, que engrandecieron las percusiones y los cantos: silabeos rítmicos, aires pre flamencos como el Vito o el Café de Chinitas, melopeas sicilianas, fraseos carentes de sentido semántico, aunque llenos de misterio y encanto…Y el público lo reconoció y agradeció, estallando en sonoros y prolongados aplausos durante y al finalizar este prodigioso espectáculo al que se le augura una larga y exitosa vida.

 

Balbino Gutiérrez

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