Espacio de Balbino. Escritos flamencos. Sotelo-Morente, dos artistas visionarios

Sotelo-Morente. Dos artistas visionarios

(Publicado en el nº 3 de la revista El Canon)

 

Antes

 

 

En mi primera entrevista a Enrique Morente, publicada el 24 de junio de 1990 en el diario El Sol de Madrid, el cantaor granadino respondía así a la pregunta de qué era lo que le había impulsado a cantar: “Yo he cantado siempre, desde que era más chico que mi niño Enrique (dos años a la sazón). Dicen que cantaba antes de que tuviera memoria”.

En una conversación con Mauricio Sotelo, una madrugada de junio cinco años exactos después, en la cueva del Candela, con fondo de la voz de Camarón por fandangos de Huelva y en presencia de nuestro amigo Pepe Habichuela, el joven músico y compositor madrileño, afirmó entre otras cosas: “El que mejor ha entendido a Enrique es Giordano Bruno.”

Entonces, yo no capté en absoluto el significado de semejante afirmación. Debo confesar que incluso no tenía muy claro quién era el personaje mencionado. Mauricio se refería sin duda a los escritos del dominico napolitano -quemado en la hoguera inquisitorial papal- acerca de la memoria, ideas contenidas en uno de sus más influyentes tratados: Ars Memoriae, o Arte de la Memoria.

El 16 de mayo de 1994, un año antes de mi conversación con Mauricio, Enrique dio un recital en el salón de actos de la histórica Residencia de Estudiantes madrileña, recital que fue presentado por Mauricio Sotelo quien concluyó su emocionada y culta intervención sobre el cantaor de este modo: “…Infinita paleta de calidades de sonido (…) Un uso casi mágico de la memoria (…) Morente es uno de los archivos vivos más extraordinarios de la música(…) Arte de la memoria basado en el poder de la imaginación (…) Arte de la memoria, tradición oral, pero arte culto en definitiva”. A pesar de estas esclarecedoras palabras del músico, yo seguía sin comprender su alcance y la importancia que tenían para el desarrollo de la obra que cantaor y compositor unidos habían ya realizado e iban a realizar en el futuro.

Resulta providencial que a principios de los años noventa se dieran las circunstancias concretas que propiciaron el que dos artistas como Morente y Sotelo se conocieran y decidieran colaborar, partiendo, como partían, de bases tan alejadas, de trayectorias profesionales y curriculares tan distintas. Lo único que les podía unir eran sus personalidades soñadoras e imaginativas dentro de sus respectivos campos del arte: la música contemporánea y el flamenco. Mauricio regresaba de Viena a España con una incipiente y prestigiosa obra y en posesión de una de las más sólidas formaciones profesionales y musicales que se puedan desear. Morente ya había mostrado su clara tendencia a la heterodoxia cantaora y había trabajado con otros profesionales musicales y artísticos exteriores al flamenco: el compositor alemán Antonio Robledo (Armin Jansen) y el director de teatro Miguel Narros, entre otros. Sotelo, al igual que Falla de Debussy, había recibido la lección de su gran maestro Luigi Nono, sobre la necesidad de valorar la importancia de la tradición musical oral y de interesarse por el estudio del flamenco. Y ambos, Morente y Sotelo, estaban impregnados de la idea fundamental de que no hay “artes aparte”, y de una nueva actitud perceptiva ante el fenómeno musical, de la consideración de la música como un arte plural en estrecho contacto con otras ramas artísticas, e igualmente de los aspectos técnicos de la creación y la atención a la naturaleza interior del sonido.

Sea como fuere los dos iban a juntar su talento visionario en dos ocasiones, Cuenca, 1993, y Sevilla, 1996, dejando en el camino un ambicioso proyecto – una ópera cuyo estreno debía tener lugar en Viena- que no llegó a plasmarse por diversos avatares que sería ocioso relatar. La primera de las colaboraciones fue un encargo a Mauricio Sotelo para la Semana de Música Religiosa de Cuenca y que se cumplió el 30 de marzo de 1993 en la iglesia de San Pablo de la localidad castellana. Basada en los Tenebrae Responsoria de Tomás Luis de Victoria, la obra contó con la participación del saxofonista Marcus Weiss y con la intervención del propio compositor dirigiendo a la Klangforum Wien y al Concentus Vocalis Wien, y a Enrique Morente como voz solista cantando fragmentos en latín.

Del desarrollo del singular concierto fue testigo el músico y musicólogo Faustino Núñez, quien nos lo relató así: “…Cuando Enrique regresó de La Habana el año pasado, estuvo con Mauricio Sotelo trabajando durante un tiempo, revisando lo que Mauricio había concebido, que después Enrique, con el trabajo en común, dio lugar a que éste no se ciñera tanto a lo que Mauricio concebía, sino que lo dejó que tuviera más libertad ya que la orquesta sonaría como colchón, con la voz del cantaor; o sea, no tanto escrito para esa música, porque lo que Mauricio buscaba era el timbre del cantaor: ¡y qué mejor que lo hiciera Morente!”.

“Y se estrenó en abril del año pasado (30 de marzo de 1993), y fue un éxito total, sobre todo en los círculos de la música ‘culta’, que abarca todo lo que es la música contemporánea actual, donde destaca Mauricio Sotelo, que es un joven respetado en ese ambiente, ya que es el único alumno de Luigi Nono. Me acuerdo que Tomás Marco, que estaba allí, y todas las vacas sagradas de la música contemporánea, se quedaron impresionados, porque temían que el cantaor no estuviera tan fundido y realmente se consiguió una fusión bastante buena, en el sentido de que no se había escuchado nunca antes. O bien, siempre es una guitarra instrumentada para orquesta, que acompaña a la melodía flamenca, o bien son cosas totalmente distintas. En cambio, ahí aparece ese colchón que escribió Mauricio para los textos de Enrique –Morente recitaba en latín y cantó también una saeta– y hubo momentos muy emotivos en la obra”.

“La acogida del público fue también maravillosa. Los músicos, que eran vieneses en su mayoría, estaban impresionados con Morente…”.

La segunda de las colaboraciones entre los dos artistas iba a materializar finalmente la idea persistente e inspiradora del compositor que unía a través de los siglos al monje herético napolitano con el cantaor granadino: “La voz interior de Giordano Bruno ardiendo en la hoguera de la Inquisición se hace cuerpo en la del cantaor Enrique Morente, que personifica el vínculo entre la más pura tradición oral, el mito de la aparición de la escritura y las artes mágicas de la memoria”, explicó el compositor…La representación tuvo lugar el 12 de marzo de 1996 y Morente cantó a Giordano Bruno, dirigido nuevamente por Sotelo. La obra clausuró en el Teatro Central de Sevilla el Festival Internacional de las Artes, Sibila. Fue interpretada por el Cuarteto Arditti y el contrabajista italiano Stefano Scodanibbio. La pieza se titulaba la Expulsión de la bestia triunfante’ de la ópera El Teatro de la memoria’, que el compositor concibió con las colaboraciones literarias del filósofo Ignacio Gómez de Liaño y del poeta José Ángel Valente, fallecido posteriormente, quien había escrito un poema que es justamente, la parte que le correspondía interpretar al cantaor.

De estas colaboraciones nació la amistad y la admiración artística recíproca entre compositor y cantaor. Morente ha hecho numerosas declaraciones sobre Sotelo y en alguna lo llegó a calificar de “Genio de la música de nuestros días”. Su producción y repertorio ha sufrido una influencia positiva de aquél como se puede apreciar en las características técnicas de su más reciente discografía y especialmente en “Martinete”, contenido en el disco Morente sueña la Alhambra, que se introduce por un canto en latín procedente del “Tenebrae Responsoria”: Omnes amici mei dereliquerunt me,/ Et praevalerunt insidiantes mihi: /Tradidit me quem deligebam/ Et terribilibus oculis plaga crudeli percutientes,/ Aceto potabant me.  

En cuanto a la fascinación de Mauricio Sotelo por el anterior, ha quedado reflejada en la lectura de una conferencia en el XI Festival de Ciutat Vella de Barcelona: ‘Memoriae. Escucha y micro-calidades del sonido en la voz de Enrique Morente’ , y ha servido sin duda de acicate para la composición de toda una serie de obras magistrales en los últimos años, con la participación principal de grandes artistas flamencos como Arcángel, Miguel Poveda, Juan Manuel Cañizares, Carmen Linares, Esperanza Fernández, Marina Heredia y que configuran el concepto denominado como flamenco espectral. Pero de todo esto se tratará en otros capítulos…

 

Y después

 

 

         El texto que precede lo escribí en el mes de octubre del pasado e infausto 2010, a años luz de sospechar la terrible circunstancia del fallecimiento de Enrique Morente, que iba a conmocionar al mundo del flamenco y a frustrarnos para siempre de su arte, su palabra y su amistad. En la tarde fatal del 13 de diciembre, Mauricio Sotelo llegó a la clínica de La Luz, de la mala luz, para velar los últimos instantes de la vida de su amigo Enrique. Nos abrazamos en silencio. Mauricio estaba crispado y su rostro expresaba una profunda tristeza. Permanecía de pie y, aunque de natural locuaz, completamente mudo. Saludaba siempre en el silencio más obstinadoa los conocidos compungidos que se le acercaban y luego continuó todo el tiempo ausente. Su aspecto y su compostura me trajeron a la memoria los versos de la solear de Manuel Machado: Penas sufro crueles/ de aquellas que no se dicen/ y son las que más se sienten.

 

Balbino Gutiérrez    Madrid 6 de mayo de 2011

 

 

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