Espacio de Balbino. Escritos flamencos. “Cristal ondulante de un arte”

(El presente texto fue publicado con seis ‘erratas’, seis,  en el suplemento Babelia de El País, el 10-09-94. Hoy lo ofrezco a los internautas, amigos y amigas, con las correcciones pertinentes, que nunca fueron subsanadas …¡Ya era hora, verdad!)

Cristal ondulante de un arte

 

Tras 14 años de existencia desde sus inicios en 1980, la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla se ha convertido en el mejor y mayor acontecimiento del género no sólo en España sino en el planeta. Sin rival en el panorama español –desaparecidas, por desgracia, las Cumbres y los Veranos de la Villa en El Retiro de Madrid, y sin competidores sustitutivos nacionales o extranjeros como la Bienal de Tokio- la magna cita flamenca no ha dejado de conocer, sin embargo, etapas de fragilidad y zozobra que hoy parecen felizmente superadas.

Asociada estrechamente a la trayectoria humana y profesional de su, al parecer, director vitalicio -a excepción de la IV en 1986, dirigida por José María Pérez Orozco-, la Bienal sevillana ha quedado marcada indeleblemente por la personalidad de José Luís Ortiz Nuevo, poeta, político, aficionado apasionado y notable investigador, autor de varios libros de flamenco. Ni el desgaste del tiempo, los avatares de la política, ni la opinión y crítica más recalcitrantes han logrado desbaratar los planes ni doblegar la voluntad de Ortiz Nuevo, quien de joven universitario contribuyó decisivamente a hacer salir de las catacumbas al flamenco, gracias a su agitación en varios frentes: el del Colegio Mayor San Juan Evangelista o el de algunas tribunas de la prensa madrileña, Triunfo entre otras.

Diversas son las cualidades que le atribuyen, a él y a su obra, observadores independientes: “ecuanimidad e imaginación” fueron necesarias para no ahogar en la rutina una programación prolongada  que ha sabido ser sensible a la fuerte evolución experimentada por el flamenco durante los pasados años, en lugar de pretender reducirlo a un preconcebido esquema “ridículo” (1ª errata) por tópico; así la muestra fue alternando tradición y vanguardia en sus sucesivas ediciones de la década anterior, y una vez consolidada abrió un camino que conduciría al encuentro del flamenco “como” (2ª errata) por con aquellas otras manifestaciones musicales y culturales que supuestamente se le relacionaban o no le eran del todo extrañas.

Cada una de las facetas que lo componen –cante, toque, baile y guitarra en concierto- tuvieron una acogida y tratamiento equilibrado, y muchas de sus grandes figuras: Camarón, Paco de Lucía, Enrique Morente, Cristina Hoyo (Hoyos), Manolo Sanlúcar, a las que se les cerraban puertas de su tierra, pasaron libremente por la Bienal. A una visión cateta y localista amenazante se opuso una concepción práctica abierta y enriquecedora. La contaminación del flamenco, tan temida por los inmovilistas artísticos y críticos, constituyó y constituye la divisa que orientó la larga marcha de la Bienal.

“Traumatismo” (3ª errata) por “Pragmatismo” de un hombre, militante confeso en las filas del andalucismo proclamado por Blas Infante, que supo permanecer como profesional en el Área de Cultura municipal mientras se turnaban en la alcaldía seivllana formaciones de distinto signo, incluida la del socialista Manuel del Valle. “Habilidad”, finalmente, para conseguir que tres instituciones en pugna –Delegación de cultura de la Junta, INAEM del Ministerio de Cultura y Ayuntamiento andalucista de Sevilla- no solamente colaboren con actuaciones concretas en la presente “actuación” (4ª errata) por edición, sino que, sobre todo, hayan llegado a un reciente acuerdo para asegurar el reforzamiento y continuidad del macro festival.

Detrás han quedado siete ediciones, las dos últimas con un peso “expresivo” (5ª errata) por excesivo de la representación foránea y una inclinación hacia un cosmopolitismo quizás injustificado; detrás ha quedado el “Giraldillo”, que introducía un factor competitivo profesional, molesto y zafio; atrás quedó, ¡ay!, el marco  incomparable de los Reales Alcázares: un lujo oriental para los tiempos que corren. Confiemos en que detrás haya quedado también cierta propensión autosuficiente a la cocina doméstica. La Bienal no pertenece sólo a Sevilla: es andaluza y por su extraordinaria envergadura debe trascender a España y al resto de las “mismas” (6ª errata) por la misma.. Las distintas impresiones recogidas en cuanto a ambiente de impacto nacional e internacional son alentadoras e indican que el rumbo a mantener ha de ser contrario a cualquier posición de encastillamiento.

Ha llegado la hora de la superación del espíritu sectario tradicional, del complejo tribal del flamenco; sentimiento cultivado por muchos de los que se erigieron en sus mayores defensores. Se acabó la época de los cabales, la cueva o el cuarto. El flamenco no es una liturgia hermética para iniciados. Es cierto que posee un origen oscuro, pero ¿qué principio o pasado no son siempre un poco brumosos? El flamenco no es un fenómeno raro y aparte, sino una parcela mágica del arte universal.

Esta VIII Bienal será la oportunidad propicia para demostrarlo. Un esquema didáctico, en el mejor sentido del término, con su variedad de escuelas, estilos e individualidades permitirá reproducir una gran parte de su larga historia. Pasado, presente y futuro del flamenco se darán cita a partir del jueves en Sevilla, para reflejarse en el cristal ondulante de un arte, más vivo que nunca.

 

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