Espacio de Balbino. Escritos flamencos. Gerardo Núñez. Exaltación de la bulería

Gerardo Núñez. Exaltación de la bulería

Teatro de la Abadía 7 de jun de 2013

8º Festival Flamenco de la Comunidad de Madrid

 

 

Se notó que el artista es de Jerez, dos horas de montaje al son casi permanente de la bulería. Pero esto no es un reparo, sino un elogio. Las manos de Gerardo son tan expertas que magnifican todo lo que tocan: bulerías antiguas, alegrías y cabales por bulerías, guajiras por bulerías, rondeña y bulerías…Con esta pieza inició su concierto y con la percusión de su fiel Cepillo, al que me imaginaba lo elegante que resultaría vestido de frac. En serio, se inició el concierto con una flamenquísima rondeña con la que Gerardo quería rendir un velado homenaje a su admirado Morente, pues en sus armonías se notaban sutiles notas de la rondeña morentina de ‘El pequeño reloj’. Después el escenario fue ampliándose y haciéndose más complejo tanto en sonidos como en músicos hasta llegar a sumar nueve juntos. La  limpia factura flamenca de la rondeña dio paso a la tan querida factura jazzística con la aparición de solos de cajón y contrabajo, el sonoro contrabajo de Pablo Martín.

El concierto se llamaba “Travesía” y estaba dotado de un pretexto conceptual, pero no creo que eso lo percibiera el público. Lo que si percibió fue la maestría de Núñez para idear, interpretar y dirigir, por ejemplo, una pieza en la que se mezclaban o yuxtaponían elementos compuestos: guitarras, música electrónica, canto andalusí, el original baile de dos artistas sin nombre, y el recitado de un poema de Luis Rius por Carmen Cortés: “Hacia mí, pierdo el rumbo y me desvío…”, cantado e impreso hace muchos años en fandangos por Morente (otro guiño al gran maestro desaparecido). Pero hubo más: un emocionante baile por soleares de la Cortés, que si era una “gacela” en su juventud, ahora en su madurez es sencillamente magnética. ¡Menuda lección de soleares ofreció! Y la verdad es que se lo agradecimos con un larguísimo aplauso para ella sola. También antes, lo recibió una original rumba, la “rumba del contrabajo”, interpretada como una travesura por Martín y Cepillo, que abandonó su cajón para ritmar sobre la caja del serio e impresionante instrumento.

Y esta escena informal y otras de franco virtuosismo dieron la muestra cabal de la libertad interpretativa y creativa a la que ha llegado Gerardo Núñez tras más de tres décadas de trabajo artístico, aunque sin salirse un ápice de los cánones de la tradición jonda de su tierra. Su cantaor acompañante actual David Carpio, nacido en la Plazuela, hizo varias demostraciones de la ortodoxia jerezana a la que nunca renuncia el guitarrista.

La segunda guitarra flamenca del neófito Manuel Valencia y el piano del veterano maestro argentino Mariano Díaz, completaron la plantilla de excelentes intérpretes de los que se rodeó en Madrid un guitarrista, que si fue grande desde el principio de su carrera, allá por los años 80, ahora en 2013 está realmente grandioso.

 

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