Relatos de Balbino. La cartulina mágica (segunda posibilidad)

La cartulina mágica (segunda posibilidad)

 

Salí de casa para hacer unas compras mañaneras y una gestión en el distrito municipal del barrio. Doblé la esquina de mi calle y vi en el suelo una hoja de papel del tipo cartulina como de 6 X 12 centímetros que ofrecía su cara en blanco. Llevado por mi manía cervantina de leer hasta los papeles tirados por las calles, quise saber si en la otra cara figuraba algún tipo de texto o reproducción y di un ligero puntapié a la hoja para voltearla. En lugar de ofrecerme el otro lomo, la cartulina se levantó en el aire como medio metro, planeó otro metro aproximadamente en horizontal, y, ante mi asombro, fue a incrustarse parcialmente en una estrecha raja vertical (de un milímetro aproximadamente de ancho) entre la placa de la matrícula y el viejo parachoques negro de un vehículo, aparcado en batería contra la acera. La observé incrédulo un instante y proseguí mi marcha.

Pasaron unos minutos y comencé a pensar que acababa de presenciar un hecho fortuito extraordinario. Era absolutamente increíble que la cartulina hubiera detenido su vuelo de la manera que acabo de contar. Cualquiera que la viera, pensaría con toda seguridad que alguien, probablemente un niño la habría introducido jugando en ese lugar angosto e inverosímil. Nadie en su sano juicio o por puro sentido común llegaría a adivinar que la hoja se había introducido allí por azar, un azar que yo había provocado de forma totalmente casual. Especulaba con que de habérseme ocurrido conseguir voluntariamente el fenómeno, hubiesen sido necesarios miles y hasta millones de intentos antes de lograr el resultado insólito que se había producido con una sola patada; o que, si llevado por un acto de locura intentaba reproducir con éxito el experimento, malgastaría años y probablemente toda mi vida sin llegar a conseguirlo.

Sentí una especie de exaltación por haber tenido el privilegio de haber vivido una experiencia única y posiblemente irrepetible por siempre jamás, y me dije que esta experiencia formaba parte de ese grupo raro de fenómenos aleatorios que se producen en el universo desafiando toda lógica y causalidad. Quise recuperar mi hoja de papel a la que empecé a atribuir algún tipo de  propiedad maravillosa, y, tras realizar mis compras y mi gestión, regresé a casa por el mismo punto que acababa de producirse el prodigio, pero el coche había desaparecido del lugar y con él la cartulina.

 

 

 

 

 

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