Escritos flamencos de Balbino. Diego Carrasco. Torbellino festero

Diego Carrasco. Torbellino festero

 

Este gitano bajito de voz cavernosa y movimientos ligeros  convierte sus actuaciones en auténticos torbellinos de fiesta y alegría, de las que el personal está tan faltado en estos tiempos…Apolo o Undevé se lo pague, así como al sexteto que lo acompañaba, entre los cuales Curro, de Navajita Plateá que  con su guitarra cargó con un papel esencial en la fiesta. Sucedió en el teatro del Colegio Mayor San Juan Evangelista la noche del sábado 16 de febrero, con media hora de retraso sobre el horario previsto. El pretexto para la actuación del artista jerezano era la presentación en Madrid de su séptimo u octavo disco que ha titulado HIPPYTANO con una evidente intención compositiva. Pero Diego Carrasco no necesitaba pretexto para reunir a su público que lo adoró de manera incondicional, incluso cuando hizo esas varias escapaditas misteriosas tras las cortinas del escenario y dejaba huérfanos a grupo y patio.

Hora y media de recital gozoso con un recorrido por temas de discografía anterior y muy poquito del nuevo, pero es igual. El inefable artista polifacético renace y renueva cada uno de sus cantes aunque sean tan clásicos como el Alaheá o ‘Alfileres de colores’; aquí invitó  al escenario a un Antonio Carmona pletórico y un Enrique Heredia Negri potentísimo que colaboraron con cariño y admiración hacia el veterano festero. Este invitó incluso a dos señores espectadores, amigos, del patio de butacas, que se hicieron respectivamente su cantecito y su patadita. Y es que Diego rompió los límites de lo oportuno, como lo rompe su estilo y su forma de interpretar el flamenco: “guitarrista, cantaor y bailaor frustrado”, como él suele decir, pero ya quisieran muchos profesionales especialistas tener un cincuenta por ciento del talento que Carrasco desarrolla en todas esas especialidades a la vez.

Diego Carrasco es heredero de la tradición festera de su tierra y gente, pero es un heterodoxo en todo; en su atuendo, en su persona: me recuerda a un matemático o científico extravagante.  Su música y su plástica se desvían en la forma de los convencionales estilos más clásicos, pero conservan una energía de expresión arrolladora que transmite al público de manera contagiosa. Canta y, sobre todo, baila con una naturalidad inagotable. Sus letras son ingeniosas cuando no hablan de amor, porque el amor es algo muy grave, y la gravedad no va con el polifacético ‘showman’, escrito esto con el máximo respeto. Dijo que iba a cantar un tema romántico pero en lugar de meterlo por soleares o malagueñas lo interpretó por rumbas y pidió el apoyo de Antonio Carmona, que demostró estar en plena forma cantábile y bailabile.

Abrió la noche con un tema electrizante por bulerías, ‘El Chatarrero’ que, dadas las recientes circunstancias acaecidas,  parecía acabado de inventar  a tenor de una copla que decía algo así: “…con la chatarra de un meteorito voy a sacarme un dinerito”, y también la terminó por bulerías; entre unas y otras: alegrías, tangos, tanguillos, rumbas, hasta completar unos once temas, con la misma gracia, con el mismo vigor de siempre: permanentemente joven, permanentemente jovial.

Balbino Gutiérrez

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