Escritos flamencos de Balbino. Gerardo Núñez. Por su propia senda

 

El presente artículo se publicó en el Nº 0. De la revista El canon. Madrid 2007.

 

 

Gerardo Núñez. Por su propia senda

 

Balbino Gutiérrez

 

Desde la primera vez que escuché tocar a Gerardo Núñez, sentí que se trataba de un artista excepcional y tuve la certeza de que estaba destinado a convertirse en una de las primeras figuras de la guitarra flamenca y de la música de nuestro tiempo. Y no fue porque yo tuviera aptitudes proféticas, sino porque las leyes establecen que los grandes artistas lo son o lo han sido en todas las etapas de su vida, los mediocres acaban amanerándose, y los que carecen de talento permanecen siempre en la inopia.

Gerardo tocaba con el grupo del pianista de jazz Tomás San Miguel en la Sala Clamores, Madrid, allá por el invierno de 1986, o quizá antes, no recuerdo la fecha exacta. Lo que sí recuerdo perfectamente como si acabase de ocurrir es que quedé impresionado por la fuerza del grupo y, sobre todo, por la presencia de Gerardo: su fraseo, ritmo, velocidad…Desde entonces comenzó mi fascinación por aquel joven músico que contaba a lo sumo con 25 años de edad, pero que ya era un consumado artista.

Otro recuerdo imborrable, y guardo algunos más, me lo proporcionó Gerardo pocos años después, a finales de los ochenta o en el primero de los 90, en un recital en solitario que daba en el Teatro de la Villa de Madrid. Allí sonaron los acordes de una siguiriya de nuevo pulso que era y es sin duda la más revolucionaria de la historia de la guitarra flamenca. Se trataba de unos bordonazos y falsetas disonantes que no se habían oído antes nunca y que abrirían los diapasones a composiciones posteriores de otros guitarristas, y cuyos detalles técnicos el musicólogo Norberto Torre ha analizado con conocimiento en la revista El Olivo, en abril del 98. Los trozos de música, objeto de esos recuerdos, se plasmaron posteriormente en numerosos recitales y en tres obras discográficas auténticamente antológicas: Esta Noche, (1988) grabación de temas de Gerardo Núñez en colaboración con el citado Tomás San Miguel; El Gallo Azul (1987), primera grabación en solitario de nuestro guitarrista, Flamencos en Nueva York (1989) y Jucal (1994). Todos y cada uno de los temas y estilos de estas tres últimas grabaciones nos mostraron ya a un gran músico y compositor en la plenitud de un lenguaje expresivo singular y depurado y con un dominio de las armonías musicales verdaderamente sorprendente para su juventud. Los bellísimos verdiales titulados Cañaveral de El Gallo Azul, y la profunda e innovadora siguiriya ‘Remache’ de Jucal, respectivamente, llevan años sonando (con la misma frescura de la primera vez) como sintonías de dos veteranísimos programas radiofónicos de flamenco: Madrid Flamenco, de Juan Verdú y José Manuel Gamboa, en Onda Madrid, y Nuestro Flamenco, de José María Velázquez- Gaztelu, en RNE, Radio Clásica.

 

Originalidad

¿De dónde procedía tanta sabiduría, sensibilidad y versatilidad? Los currículos nos contaban que Gerardo Núñez había nacido en Jerez de la Frontera en 1961, que había sido discípulo de Rafael del Águila, había acompañado, entre otros más de fuera, a cantaores y cantaoras ilustres de la tierra: Tío Borrico, Terremoto, La Paquera, Agujetas, Tía Juana la del Pipa, Alfonso Carpio “El Garbanzo”, Remache, La Bolola, Parrilla de Jerez, etc.; había colaborado con el por entonces popular y famoso guitarrista Paco Cepero, y poco más hasta su llegada a Madrid a principios de los años 80. Además del maestro jerezano citado anteriormente, ¿cuáles fueron sus otros maestros, cuáles sus influencias y sus preferencias? ¿Cómo podía demostrar un estilo tan fuerte y original? ¿Sería por haberse alejado voluntariamente de la sombra tentacular del genio de Algeciras? Gerardo siempre fue parco a la hora de hablar de todo eso. Diría como Enrique Morente: “¿Influencias?, influencia todo el que te llega…”. Sea como fuere, el caso es que en julio de 1990 fue llamado para  tocar en la clausura del Festival Internacional de Jazz de San Sebastián, nada menos que precediendo al mito supremo del jazz Miles Davis: “Cerrar el Festival de San Sebastián con el ‘monstruo’ no solamente representa una inmensa satisfacción para mí, sino que lo considero también como un homenaje al flamenco…Además, salir con Miles Davis, aunque sea de ‘telonero’,  es algo muy serio y supone un gran reto, porque esa noche va a haber allí muchísima gente que me va a juzgar”, declaró Gerardo a un diario de la época antes de marchar a la capital donostiarra, acompañado por varios de lo más granado de los músicos de “flamenco-jazz” del país: José Antonio Galicia, batería; Jorge Pardo, saxo; Marcelo Fuentes, bajo; Pedro Ontiveros, saxo tenor; Antonio Ramos, trompeta; Rubén Dantas, percusión; Chano Domínguez, piano; así como por el cantaor Guadiana, y la guitarra flamenca de Mario Cortés. La música de jazz sería desde entonces (“…El jazz siempre me gustó, y de él aprendí ritmos y armonías…”) la otra pasión del jerezano, que buscaría el contacto con sus intérpretes más sensibles y abiertos también al flamenco. Los anteriores, junto a Danilo Pérez, John Patucci, Arto Tunçboyaciyan, Perico Sambeat, Javier Colina, Paolo Fresu, Tino di Geraldo, Víctor Merlo, George Colligan, Mariano Díaz, Marc Miralta (además de otros nombres con los que formó tríos y cuartetos recorriendo Europa y Norteamérica) grabó Calima (1998),  Cruce de Caminos (2001) y Andando el Tiempo (2004). De todos los bellos productos  musicales -empleando un término de uso actual- que crearon, quisiera destacar las nuevas versiones de la fértil bulería ‘Caños de Meca’, que se ha convertido, según creo, en el modelo por excelencia de fusión entre flamenco y jazz.

 

Musa y compañera

El siguiente episodio que se ha quedado guardado en mi memoria es la actuación de Gerardo con Carmen Cortés en el Teatro Calderón el miércoles 23 de octubre de 1991. Naturalmente no era la primera vez que los veía juntos, pero nunca como esa noche sentí una impresión tan intensa. Con la guitarra de su marido, Carmen parecía darle al baile flamenco sus esencias de danza ritual y sagrada. La perfecta estilización de la bailaora catalana-andaluza le permitía centrarse en el punto exacto donde se cruzaban la técnica y la emoción. Formaban pareja en la vida y en el arte desde principios de los ochenta, y Gerardo Núñez encontró en Carmen su inspiración y el centro de referencia esencial de su guitarra con el flamenco. De esa, nunca mejor dicho, feliz unión; de esas dos fuentes que son el toque de Gerardo Núñez y el baile de Carmen Cortés, ha surgido un conjunto de obras que han enriquecido el panorama del arte flamenco a lo largo de más de dos décadas y media. Para Carmen, Gerardo ha escrito música o ha sido el director musical de Así que pasen 100 años, A contraluz, Memoria del cobre, Cantes de ida y vuelta, Los Gabrieles, la versión para cuatro guitarras de El amor brujo de Manuel de Falla, Yerma de Lorca con dirección escénica de Nuria Espert, Salomé, y más recientemente en el año 2005 Los cuatro elementos. Han recorrido juntos medio mundo, pero todos los veranos recalan en el puerto de Sanlúcar de Barrameda para impartir sus afamados cursos de guitarra y baile flamencos, ya por su XV edición. Los que los han disfrutado, afirman haber vivido experiencias personales y artísticas irrepetibles.

 

 

Toque y cante

Memorable fue igualmente la noche del 23 de febrero de 1995 acompañando la voz de Enrique Morente. Gerardo Núñez ya había tocado para el genio de Granada en el Teatro Real en mayo de 1986, pero no con el protagonismo de toda una primera parte como ocurrió en el Teatro de  La Zarzuela de Madrid. Gerardo pudo asumir brillantemente el reto que suponía un concierto de esas características, porque siempre fue un gran aficionado al cante tal como había demostrado anteriormente en 1993 acompañando a El Indio Gitano y después en el 2001 a Carmen Linares, en sendos discos llamados Nací gitano por la gracia de Dios y Un ramito de locura. El primero de ellos concebido y grabado por puro enamoramiento de una voz única y “salvaje”, que se fue para siempre años después, y que gracias a Gerardo Núñez quedará para las antologías flamencas en toda su intensidad y rancio sabor. El segundo con Carmen en plenitud de facultades y sabiduría, una lección magistral de cómo debe ser el toque de acompañamiento en los palos esenciales del flamenco.

La guitarra del jerezano ha entrado con la película Iberia en el privilegiado círculo de figuras elegidas para sus obras por el gran Carlos Saura, y fue solicitada igualmente por cantaores como Chocolate, Pansequito o José Mercé, además de una larga nómina de estrellas de la canción de diversos géneros musicales, que confiaron en la solvencia de arreglista de Gerardo o buscaban poner pinceladas flamencas de gran clase en sus discos: Julio Iglesias, Ana Belén, Andreas Vollen-Weyder, Rosario, Mecano, Rocío Jurado, María Jiménez, Isabel Pantoja, Azúcar Moreno, Los Chichos, Los Chunguitos, Placido Domingo, Teresa Berganza, Joan Manuel Serrat, y prácticamente todos los buenos grupos de sevillanas de los últimos años.

 

 

Solidario e inconformista

Gerardo Núñez es singular no sólo  por su excepcional calidad artística, sino también por otros conceptos que no suelen ser frecuentes en el mundo del flamenco ni darse reunidos en una sola figura. Su enorme capacidad de trabajo es ponderada por todos cuantos le conocen. Trabajador infatigable que no rehúsa transmitir su legado a otros guitarristas que siempre han girado a su alrededor, atraídos por su magnética personalidad. En 2003 encabezó y dirigió un CD denominado La Nueva Escuela de guitarra flamenca, en el que dio cabida a algunos jóvenes como José Manuel León, Antón Jiménez, Jesús de Rosario o Vicente Cortés. Antes, Gerardo había dejado constancia de su labor didáctica y transmisora en dos libros, El arte de Garardo Núñez, volumen I, y La técnica al servicio del arte, volumen II. Además ha impartido seminarios en Boston, Sao Paulo, Tempere (Finlandia) Múnich y también en su ciudad, Jerez de la Frontera.

En otro nivel solidario, parte de los ingresos de la venta de su disco Jucal los destinó al “plan de conservación y defensa del bosque mediterráneo” de la Confederación Ecologista y Pacifista Andaluza.  Pero tal vez la cualidad humana más sobresaliente de Gerardo Núñez sea su inconformismo vital y social, esto último no sólo a juzgar por acciones como las anteriores o por declaraciones suyas a diversos medios de prensa en las que manifiesta su enfado por el actual orden de cosas que rige el planeta, sino principalmente por sus obras y conducta.

Gerardo ha rechazado desde el principio de su carrera someter su arte a los dictados de las poderosas multinacionales discográficas: “Cuando trataba de grabar mis propias composiciones, los técnicos artísticos de las casas con las que trabajaba, me pedían que aguara los temas o metiera cosas más comerciales”, y ha elegido el camino de la independencia y de su propia libertad creadora, aun a riesgo de sufrir la mayor presión que puede soportar un artista: el silencio y el aislamiento. Aunque no llegó a ser su víctima. Gerardo Núñez viene dando una media de 100 conciertos anuales por ciudades de todos los países, y tuvo la valentía de montar su propio sello de grabación al que bautizó con el nombre de su primer disco, El Gallo Azul, sello en el que también publicó otros discos como Jucal. El resto de su creación discográfica ha visto la luz en empresas casi artesanales, ACT Music y Resistencia, si las comparamos con los gigantes que controlan la producción musical mundial.

La fama y, sobre todo, el enorme prestigio de que hoy goza nuestro guitarrista tanto en España como internacionalmente, significan pues el triunfo de la excelencia, el tesón y la autenticidad en una constante lucha contra corriente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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