Relatos de Balbino. La desventura de un publcista. Capítulo 13

Capítulo 13

 

 

Pedro Escobar no tuvo tiempo de reposar sus posaderas (por cierto más voluminosas desde que estaba en la Tensa) sobre la silla ante el ordenador, cuando se vio obligado a incorporarse por el renovado escándalo procedente de la entrada de la biblioteca, convertida en el escenario de una desigual refriega. Darue había simulado renunciar a su empeño y había salido del recinto pero su aparente retirada sólo fue una ingenua estratagema de distracción con el fin de engañar al celador y a Vito que acababan de prohibirle el acceso al mismo. El anciano periodista se debatía iracundo entre los dos con una energía descomunal, sorprendente en un hombre de su elevada edad. Sus gritos y agitación recordaron a Pedro la escena que había presenciado en Madrid con varios policías municipales que trataban de reducir a un joven drogadicto, sorprendido in fraganti robando estupefacientes de una farmacia. Vito y el celador tuvieron que hacer uso de todas su fuerzas y mañas para conseguir inmovilizar finalmente a Darue, que yacía bocabajo con los dos hombres sentados encima de él: Vito lo tenía agarrado por el cabello y el celador le aprisionaba las piernas. El escritor detenido por abandono de la prole y domicilio conyugal acudió nuevamente para intentar ayudar al viejo periodista que echaba espumarajos por la boca, abría sus ojos desmesuradamente, y lo miraba espantado en petición de auxilio.

-¡Suelten a este pobre anciano, por el amor de Dios! – suplicó el escritor detenido por abandono de domicilio conyugal-. ¿No ven que lo van a matar?

-No te preocupes, colega, que ya está acostumbrado –dijo Vito.

-¡Qué!, ¿otra vez has vuelto a encularte el supositorio para estimularte? –preguntó el celador a Darue, que empezaba a serenarse y pedía que lo dejaran sentarse.

-¿Qué es eso del supositorio? –preguntó el escritor después de acercar una silla de la mesa grande.

-Sí, se pone supositorios para animarse a escribir –dijo Vito.

-Cuando sabe que lo tiene prohibido tajantemente –añadió el celador en tono indignado.

-Y que no puede entrar en la biblioteca ni en la sala de ordenadores para que no le mande artículos al director de su periódico vía imeil –añadió Vito.

-Son inhumanos –dijo el periodista Darue, que daba muestras de haberse calmado un poco-. Como no me dejan escribir, me pongo enfermo y como me pongo enfermo, piensan que estoy loco.

-Entonces, ¿por qué se mete esos supositorios estimulantes? –preguntó Vito.

-No es cierto que a día de hoy me haya enculado ningún supositorio –respondió Darue-, hace más de un mes que no lo hago.

-Pues se diría que te acababas de enchufar un petardo, a juzgar por cómo te has puesto –dijo el celador.

-Sin duda, es así como, no obstante, si bien, por lo que debido a, y a la vista de, puedo aseguraros que ya se me ha pasado todo y que me voy a portar como un niño obediente.

-Eso está mejor, hombre. No debe excitarse de ese modo. Usted ya no tiene edad para ponerse así – dijo Vito.

-Además, seguro que aunque pudiera enviar su artículo, no se lo iban a publicar –dijo Pedro Escobar, que se había acercado y había estado observando la escena.

-¿Y eso? –preguntó el escritor detenido por abandono de domicilio conyugal.

-Está aquí por clavarle un cuchillo al director de su periódico –dijo el celador.

-Se puso furioso porque lo querían jubilar al cumplir la edad de ochenta años –aclaró Pedro.

-Después de sesenta años escribiendo dos y tres artículos diarios, y sin haber descansado un solo día, me quería mandar de vacaciones a Tahití. Es decir, pretendía quitarme de en medio –dijo sollozando Darue al escritor.

-¡Pero, hombre!, ¡hay que saber retirarse a tiempo! –exclamó el escritor-. Hay que saber callarse. El silencio es también una manera de expresarse, ¿no cree?

-Si yo me callo, el mundo dejará de girar –dijo Darue, que hizo un gesto al escritor para que se le acercara-. Porque yo soy Dios –le susurró a la oreja-, ¿no se ha dado cuenta?

-Estos periodistas de la época de Franco se le parecen todos. Ninguno quiere retirarse de su propia voluntad y se vuelven completamente chochos. Escuchad lo que le he sacado de uno de los bolsillos del pantalón –dijo Vito poniéndose a leer el texto que Darue había escrito en un trozo de papel higiénico-: “¿Creéis que llegará el día en que los hombres renuncien a la violencia?, ¿Que a qué violencia? A toda. Al terrorismo criminal y a la guerra gloriosa. Un día que los diplomáticos sustituyan a los diplodocus. Pero no sé. El cerebro de los estrategas, de los patriotas y de los héroes tendría que disociar fines poéticos y medios carniceros. Quizá en el siglo VII después de Darwin…

-Jo, tío –qué gilipollez – interrumpió el celador, que era de Burgos-. ¿A saber qué querrá decir?

-Pues nada –dijo Vito-. Es que no dice nada.

-Lo que pasa es que ellos y muchos como ellos, no tienen sensibilidad para entender lo que yo escribo y se interponen en la azarosa vida del periodista –dijo en voz alta Darue al escritor.

-No nos provoque porque igual todavía lo encerramos en la celda de castigo –dijo el celador amenazante esgrimiendo en la mano el texto que Vito había leído.

-¿No cree que ya le han dado lo suyo?  –preguntó el escritor al funcionario-. Y usted, señor Darue, véngase conmigo a dar unos paseos por el patio y charlamos tranquilamente.

Pedro Escobar, que no había querido intervenir en ayuda de Darue por temor a ganarse la antipatía del celador, regresó al ordenador y prosiguió con el relato de la vida de su doble:

-En la Feria del Libro de Madrid de ¿197…?, predominan los libros de ensayo: política, historia, filosofía, sociología, psikiatría, praxilogía, etc., en detrimento de la literatura narrativa que daba la impresión de haber desaparecido, o de que no vivía buenos tiempos. Pesc compró en una misma mañana (lluviosa mañana de junio) los siguientes títulos: Filosofía, ciencia, sociedad, de Carlos Paris). Breviario de podredumbre, de E. M. Cioran (fallecidos posteriormente). Economía del bienestar y economía del socialismo, de Maurice Dobb.  Persona, sociedad y Estado, de Gregorio Peces-Barba. Estructura y función en la sociedad primitiva, de A. R. Radcliff Brown. Sociología y religión, de Henry de Roches. El jovencito Marx, de Mario Rossi. La Planificación soviética, de varios autores. El anticolonialismo europeo desde Las Casas a Marx, de Marcel Merle y Roberto Mesa. La triple escisión del marxismo, Volfgang Leonhard. La revolución bolchevique, de E. H. Carr. Documentos secretos de la ITT sobre el caso Allende, editorial Fundamentos. El informe secreto sobre Stalin, traducido por Balbino Gutiérrez, Taller de Sociología. La Opresión de las mujeres, prologado y traducido por Balbino Gutiérrez, Taller de Sociología. Hablan las Women’s lib, recopilación de María José Ragué. Antología de cartas de condenados a muerte, editorial Laia. El poema cosmogónico de E. A, Poe, en traducción de Julio Cortázar. También, en un detalle de humor, se compró el libro de Groucho Marx, Marx, Groucho y yo.

-¿Le gustan las ensaladas de cogotes? –preguntó el CLT sin que viniera a cuento, y Pedro Escobar obvió la respuesta.

-Pesc fue cronista de anécdotas durante esa Feria con especial mención a la presencia en la misma, como autor, del esforzado sindicalista y comunista Marcelino Camacho (y sus saquitos): Diez quince minutos de la noche del domingo 12 de junio. Mientras todas las demás casetas de la Feria del Libro madrileña hace rato que han apagado sus luces y cerrado sus puertas, una sola permanece abierta, iluminada por la débil luz de un camping-gas de butano. Ante ella, un numerosísimo grupo de gente hace cola y aguarda. ¿A qué aguarda? Aguarda a que Marcelino Camacho (al que posteriormente se le otorgará el título de “don”) les firme un ejemplar o varios de sus Charlas en la prisión (editorial Laia). La escena no es nueva en la Feria, pues se ha repetido cada vez que el dirigente máximo de Comisiones Obreras ha estado en ella. Camacho firma no con las breves palabras de rigor de un escritor profesional, sino extendiéndose largamente en cada dedicatoria con letra de estudiante aplicado. Por encima del enjambre de cabezas melenudas y barbas, únicamente se alcanza a distinguir el cabello blanco, las gafas y el cuello del jersey del emblemático líder obrero, máximo foco de atención de la presente edición de la Feria. Una Feria monopolizada por los libros políticos o ideológicos.

-¿Saltó a pies juntitos? –Preguntó esta vez el CLT sin que Pedro le prestara  excesiva atención

-Pesc se convirtió en la pluma escribelotodo de Planeta Obrero y opinaba sobre cualquier clase de asunto político y cultural, como por ejemplo este clarividente artículo (uno de tantos) del que destaco el siguiente párrafo: …El señor Fraga que hirió de muerte al diario Madrid con sus cuatro meses de suspensión, nada por España pregonando una política nueva ufanándose de que la actual libertad de prensa la propició él con su ley, ley que permitió una serie de tropelías. Aunque lo veamos carbonizado, el político de la gran derecha es siempre un ave Fénix….

-¡No vaya pisando huevas! –ordenó el CLT comenzando a mosquear seriamente a Pedro.

-Pesc fue delegado por su partido para formar parte de la comisión informativa de la Junta Democrática de España contribuyendo activamente a la elaboración de esta otra preclara declaración pública del alto órgano político: “El régimen político del Estado Español, fundado sobre el resultado de una lejana Guerra Civil, y sostenido hasta ahora como una dictadura personal del General Franco –mediante la sistemática aplicación de una política que en realidad ha sido la continuación de la guerra civil por otros medios- toca a su fin. La desaparición de los factores históricos, ideológicos, económicos y estratégicos, sobre los que se ha basado la duración del poder excepcional de Franco, y la moderna convergencia en la libertad de las aspiraciones morales y materiales de las clases trabajadoras, de la alta burguesía neocapitalista, de las burguesías regionales, de los profesionales y de los intelectuales, impiden la prolongación de la dictadura a través de la Monarquía del Régimen…Por ello, el sector político de la burocracia del Estado, hoy gobernante, y ciertos círculos de negocios que se alimentan de él por la corrupción, teniendo el control de la policía política y de los medios de información, confían la continuidad del Régimen, que Franco pretende haber dejado atado y bien atado, a la fidelidad del príncipe Juan Carlos, a su juramento, y a la función de represión interior que ciertos militares atribuyen a las Fuerzas Armadas, con una interpretación abusiva del concepto de defensa de un orden institucional que no inspira confianza al país. Las últimas medidas del Gobierno de Arias, como la ley antiterrorista, han demostrado que la Junta Democrática de España tenía razón al sostener que jamás la dictadura podría evolucionar hacia la democracia, y que el establecimiento de un sistema democrático sólo es posible a través de la total ruptura con el Régimen y con todo tipo de continuismo, en primer lugar con la monarquía juancarlista que es la heredera directa de aquélla”.

-Su personaje está echando pinitos, ¿eh? –escribió esta vez el CLT y a punto estuvo de agotar la paciencia de Pedro.

-En medio de sus esporádicas y pesadas tareas políticas, Pesc practicaba el ensayo sesudo: Se puede constatar que las “máquinas deseantes” al estilo deleuziano son máquinas binarias de regla binaria o de régimen asociativo, de acoplamiento, que poseen formas conectivas. Pero se puede concluir también que en este flujo y reflujo de máquinas deseantes tal acoplamiento máquina-máquina modifica la propia estructura de máquina-órgano y su posible conexión con nuevas máquinas deseantes….

-¡Ajá, te pillé! ¡Así que escribiendo historias eróticas, eh pillín! –dijo Vito, que de nuevo cogía por sorpresa y la espalda a Pedro, completamente absorto en sus escritos sobre Pesc.

-No, es una historia erótica sino una…

-No hay de qué avergonzarse, hombre. Si hasta la televisión de Marbella pone películas pornográficas para niños –dijo Vito interrumpiendo la explicación de Pedro.

-Estaba escribiendo una crítica…

-Te repito que no tienes por qué avergonzarte –volvió a interrumpir Vito a Pedro, y sin dejarle continuar comenzó a hacer el payaso-. Gracias amol, dijo el poeta. ¡Cuántas cosas te debo, mi amol! Me has hecho un hombre. De verdad que estoy contigo. Cuenta conmigo para lo que quieras.

-Déjate de chorradas –se atrevió a decirle Pedro.

-Sí, pero les hemos ganado. Tu victoria es la de la modernidad. Lo rompedor ha brillado sobre lo putrefacto. Un triunfo sobre la España del pasado. Se trata del tema del hombre contra las instituciones. TÚ contra la academia –continuó Vito histriónico, y luego comenzó a cantar el himno de Rafael, su cantante predilecto:

Cuando llega en las tardes el crepúsculo

Y el sol al ocultarse invita a meditar

A mi alma llega la melancolía

Y ante mí desfilan las sombras vagas

De amores tristes, de sueños idos

Que cual marchitas pálidas hojas

Que el viento arrastra en el vendavaaal.

-¡Por favor, un poco de respeto! –gritó el escritor detenido por abandono del domicilio conyugal, que había regresado a la biblioteca después de consolar a Darue.

-¡Respeto, eso, ¿acaso se respeta a los poetas? –gritó a su vez Vito, que siguió con su himno-:

Tu voz…en fin, me alegra, me entristece

Me apasiona y me estremece,

Hay un raudal de ternura y sentimiento

Que a mi alma llega al escuchar tu canto

Y que dulcemente se desborda en llanto.

-Eh, oh, ces espagnols. Ça suffit comme ça! –gritó esta vez el jefe estafador de la Gendarmería, que había vuelto a ocupar su sitio desde el que continuaba hablando con su móvil.

Merde alors! –le respondió Vito, que estaba dispuesto a cantar su himno hasta el final-:

Somos bandera roja y negra

Que a los vientos ondean su ideal

Somos palomas mensajeras

Que ofrecemos cariño y amistad

Al cantar con ilusión

Nuestro canto alegre y juvenil

Nuestras voces se hacen canción

Que a los ecos repiten así:

Rafael

Es tu sonrisa nuestra alegría

Rafael

Son tus canciones admiración

Rafaeeel.

-¿Qué te parece? –preguntó Vito cuando acabó de cantar.

-Me has dejao apataputao –respondió Pedro buscando su complicidad para ver si Vito lo dejaba en paz.

-¿En serio?, pues otro día te cantaré el número del doctor Jeckyll y mister Hyde –dijo Vito complacido-. ¿Te cuento el cuento del hippy que corría dando gritos tras el carrito del barrendero donde habían ido a parar los dibujos con los que pasaba el bote?, ¿o prefieres que te cuente el cuento de aquella pareja de jubilados que habían superado el cáncer y murieron en el accidente del Concorde? ¿O quizá quieres que te cuente el cuento de que nuestro cuerpo está integrado por billones de células que se mantienen unidas entre sí gracias a la integrina?

Vito parecía haber perdido el juicio, pero en realidad, lo único que le sucedía era que se había fumado dos enormes canutos con el celador, su mejor amigo en la Tensa. Pedro Escobar lo sospechaba, y se dijo que en lugar de enfadarse era mejor aguantar el chaparrón y contemporizar.

-Si te parece, podemos empezar a contar tu historia. Me he atrancado con la mía y no sé por dónde seguir – le dijo en tono servil.

-Yo, Álvaro González-Cid, fui confidente de los servicios secretos españoles durante la transición, mamón, ¿qué te creías tú? –dijo Vito soltando una carcajada y alejándose de la mesa de Pedro-. Más tarde te contaré todo eso, ahora voy a que me la chupen. Ciao.

-Pesc también escribía críticas cinematográficas: La Salamandra de Alain Tanner se nos muestra como un canto a la libertad, una búsqueda fatigosa de la justicia, y una constante interrogación al porqué de lo cotidiano.. Queda plasmada en ella la negación, minuto a minuto, de esa palabra misteriosa llamada libertad. Libertad negada totalmente en los países fascistas y parafascistas, y, cómo no, también en los países capitalistas y socialdemócratas con sus ventajillas de consumo alienador. La película es clara muestra del sistema opresor, cuya base creadora es la familia con sus reglas “intocables”, catalizando el sistema de producción en el contexto del capital. Los personajes se nos presentan susceptibles de juicios variables, pero realmente enmarcados en el entorno de comunicación y profundización sobre el cual giran constantemente los contrastes de la existencia. Pesc iba mucho al cine durante esos años y veía todas las películas para progres : Mamá cumple 100 años,de Carlos Saura. Apocalypse Now,de John. F. Coppola.  Salo o los 120 días de Sodoma y Gomorra, de Pier Paolo Passolini. El Imperio de los sentidos, de Nagisha Oshima. Operación Ogro, de Gillo Pontecorvo. Furtivos, de José Luis Borau. Pepi, Luci y Bom, y otras chicas del montón, de Pedro Almodóvar. Opera Prima, de Fernando Trueba. El amigo americano, de Wim Wender. ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste, de Fernando Colomo. Cortos en super ocho de Pedro Almodóvar: Dos putas, La Caída de Sodoma, sexo va, sexo viene, y el largo en super ocho, Folle, folle, fólleme Tim… Pero abundemos en la crónica política, que era la gran especialidad de Pesc: Se fundieron la Liga socialista Revolucionaria y la Liga Comunista producto de la escisión en la vieja LCR que, ahora reconocen, fue un error. En Moratalaz: cien mil personas contra la carestía de la vida, convocada por la Federación de Asociaciones de Vecinos. La muerte de Mao Tse Tung pone punto final a una etapa excepcional, a los cincuenta años más intensos, dramáticos, fecundos y dolorosos en la historia de la humanidad. El 2 de marzo son ejecutados los anarquistas Salvador Puig Antich y Heinz Cehz. El 27 de septiembre son fusilados dos miembros de ETA y tres del FRAP. Arrecia la protesta contra el Régimen. El 20 de noviembre muere el dictador Franco…

Balbino Gutiérrez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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