Escritos flamencos de Balbino. Juan Manuel Cañizares. La técnica compulsiva

Juan Manuel Cañizares. La técnica compulsiva

El guitarrista de Sabadell, Premio Nacional de Música 2008, tenía una cita importante la noche del 19 de octubre de 2012. Se presentaba en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Madrid solo y a dúo con el  guitarrista madrileño Juan Carlos Gómez. Si se juzga por la respuesta del público, que llenaba dos terceras partes del aforo, el reto resultó triunfal. Calor y aplausos continuados y finales con muchos espectadores puestos en pie, como ya viene siendo costumbre en casi todos los conciertos a los que asisto. Juan Manuel Cañizares cumplió estrictamente con el tiempo y los palos prescritos en el programa de mano: una hora y cuarto aproximadamente y 11 toques. Su ejecución fue brillante, segura y fluida. La acústica de la sala era deficiente en las últimas filas de la tribuna central, pero de eso no era responsable el guitarrista. De lo que sí fue responsable es de la selección de los palos para interpretar, y salvo la balada Lejana, todos rítmicos, demasiado rítmicos: una guajira y una colombiana (que a la postre vinieron a ser casi idénticos), uno por bulerías, dos por tangos, dos por alegrías, y una rumba, más otra que brindó en el primer bis permitiendo que el acompañante se luciera: es decir también dos de lo mismo.

Es obvio que no hubo ningún toque por soleares, siguiriyas, malagueñas o tarantas; algo que fuera más sosegado y melódico. Con eso pretendo decir que Cañizares sometió mis nervios a una prueba de stress tal que abandoné la sala sin saber si concedió un segundo bis. El guitarrista y su escudero se entendieron a las mil maravillas. Los dos estaban ahítos de técnica, sobre todo el catalán: ¡Qué picados, qué escalas, qué trémolos, qué arpegios, y qué endiablada velocidad! Y todo sin pausa, sin un instante de compasión ni ternura para un aficionado que había ido al concierto con la mejor de las predisposiciones. A veces me costaba trabajo confirmar que las armonías que escuchaba eran flamencas. Se producía un uso reiterado de las notas agudas de la prima, sacadas de los trastes que se asoman a las mismísimas bocas de las guitarras. El bordón, la quinta y la cuarta cuerda existieron poco y sobraron casi permanentemente dos tercios de los diapasones…

¡Qué gran derroche!

 

Balbino Gutiérrez

 

 

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