Relatos de Balbino. La desventura de un publicista. Capítulo 15

 

 

 

 

Capítulo 15

 

 

Desde que dejó a la señora a la puerta de la galería y estacionó el Laguna en el aparcamiento público de Saint Germain des Près, hasta recibir en su móvil (que Katheryn le había proporcionado como útil de trabajo) la llamada de Alberta pidiéndole que volviera a buscarlas, el chófer se había tomado la primera copa de tinto de bourgogne del día, en Chez Georges, un BarTabac-Presse de la estrecha rue Visconti, próximo a la rue de Seine. Allí había comprado un paquete de Gitanes, su periódico predilecto y una revista, a la vez que había mantenido su conversación habitual con Georges Duratti, el dueño del local, instalado en permanencia detrás de la caja, y madame Duratti, Nadine, que servía a  los clientes. Cuando Maurice entró en el local, ésta acababa de poner un demi de cerveza a una danesa loca, llamada Greta, de edad indefinida, que vivía desde hacía varios años en un sótano abandonado, húmedo e insalubre del Quai de Conti. Los dueños del bar la admitían un rato todas las mañanas en la barra, a pesar de que la presencia de la vagabunda molestaba a los clientes por el olor que desprendía, y la turbación que producía su inocente mirada azul y su constante sonrisa transparente.

 Quel temps dégueulasse –dijo Maurice Leroy por todo saludo, sentándose en un taburete, a dos de Greta, mientras daba la mano al dueño, de su misma edad pero bastante grueso y de cabello blanco pegado a la parte superior de la frente, que le daba un aspecto de senador romano.

C’est pas vrai, il n’y a plus de saisons –dijo Georges.

C’est un printemps pourri –replicó Maurice, abriendo Combat Nouveau, un diario de izquierdas:

“A menudo, se acusa a la Justicia de clasificar sin mirar los asuntos que la policía le transmite. Los tribunales de la región parisina conocen una tasa de respuesta cercana al 70% . Más de 2 de cada 3 infracciones son perseguidas ante los tribunales, o bien sometidas a procedimientos alternativos como la mediación, la reparación o el recurso a la ley. Un 30% de los asuntos considerados punibles son sin embargo archivados sin consecuencias. El tribunal de Fontenebleau se lleva la palma de la severidad. Encarna sobre todo una práctica penal tradicional que consiste en utilizar la maquinaria pesada del proceso penal para toda clase de infracciones, incluso las menores”. Estos siguen la senda de California donde se castiga con cadena perpetua a los reincidentes aunque sea por delitos de poca monta. “En París todo es desmesurado. Hay dos veces más casos por 1000 habitantes que la media nacional y tres veces más magistrados y funcionarios para tratarlos. En París se encuentra un tercio de todos los abogados de Francia”.

Tras los cristales semi empañados del bar, Maurice vio desplazarse la figura de una señora alta y delgada, enfundada en un abrigo negro de pieles que iba barriendo el suelo. Se cubría con un enorme gorro de astracán que sólo dejaba ver unas gafas grandes y un trozo de cara cadavérica de piel apergaminada y carbonizada, seguramente a causa de los rayos UVA. Parecía una representación de la parca, pensó.

-¿La has visto? –preguntó.

– ¿Qué? –preguntó Georges.

-No, nada, une dame…-dijo Maurice sin terminar la frase y pasando una página de Combat Nouveau.

“Entre la imagen feliz de la sociedad consumista que pretende dar el sistema neoliberal que nos domina y la dura realidad cotidiana de la inmensa mayoría de los ciudadanos, se genera una enorme ola de frustración que es causa de un gran estrés y una gran agresividad. Del lado de las apariencias, el espacio lleno de objetos atractivos, mensajes complacientes y cómplices con el individuo tomado como sujeto consumidor. Del lado de lo real, trabajo duro, inestable, sueldos escasos, deudas de casa, coche, tarjetas de crédito, etc. El resultado es un conjunto de seres frustrados y agobiados que pretenden liberarse en los espacios públicos que…”.

-¿Qué cuenta el periódico? –preguntó Georges sin excesivo interés.

-La crónica política nuestra de cada día –respondió Maurice, y sin levantar la vista de la página que estaba leyendo, añadió-. Escucha lo que dice un sindicalista de la CFSA: “Si la empresa persiste en su actitud, aumentaremos tanto la cantidad como la calidad de las huelgas”. ¡Qué te parece!

-Habla igual que los empresarios –dijo Georges.

-Efectivamente –convino Maurice -. Y hablando de empresarios, ¿sabías que  tres multimillonarios poseen más riqueza que 600 millones de personas?

C’est pas vrai –dijo Georges que se puso a atender a un cliente del estanco.

-Montesquieu habló de los tres poderes del sistema democrático: el ejecutivo, el legislativo y el judicial, pero no habló del poder escondido, del poder oscuro de la sociedad: el poder económico, que hoy domina a todos los demás poderes – dijo el chófer.

-No hay que exacerbar ningún tipo de elemento sobre todas estas cuestiones. Vamos a crear un dotacional sanitario para nuestro barrio, me decía el concejal del distrito el otro día –dijo Georges después de despachar al cliente.

-Las palabras se han pervertido, patrón – afirmó Maurice-, porque no se quiere llamar a las cosas por su nombre y se dicen memeces como que los niños autistas o con síndrome de Down no son niños con deficiencias mentales, sino niños con habilidades diferentes. ¡Escuche, Georges! –prosiguió con énfasis-: Hace poco, leí una noticia sobre los problemas de los inmigrantes en Collioure. El periodista llamaba a los extranjeros “visitantes irregulares” y “pobladores de fuera”, en tanto que a los habitantes del pueblo los llamaba “vecinos indígenas”

-Cualquier tiempo presente es peor y a cada tiempo su propio lenguaje. Ésta es la conclusión que puede extraerse de las lamentaciones constantes de escritores y pensadores de diferentes siglos, acerca de la época en la que vivieron: muerte de la espiritualidad y de los valores, predominio del materialismo, zafiedad humana, traiciones, mentiras, etc. Por sus testimonios podemos saber que nunca existió una edad de oro, sino una energía perversa y destructiva que va evolucionando de forma continua –replicó Georges que presumía de haber asistido durante su juventud a cursos de Filosofía en Vincennes, para alumnos que no tenían el bachillerato.

-Esto es lo que más o menos piensa Katheryn, mi jefa, cuando dice que no hay tiempos mejores sino menos malos que otros –dijo Maurice que se puso a leer su periódico en voz alta.

-Vivimos en una sociedad violada y prostituida –dijo la danesa loca sin perder su sonrisa inocente

-“Un sistema genético universal dibuja bocetos en las alas de las mariposas” -¡Qué noticias más curiosas! –exclamó Maurice que no prestó atención a Greta-. “La policía romana irá equipada con pulverizadores de pimentón picante llamado peperoncino”.

-¿Con pepero qué? –preguntó Georges divertido.

-Con Peperoncino. ¡Qué graciosos son estos italianos, verdad! –dijo  Maurice.

-Qué quieres que te responda, ya sabes que soy de origen italiano, de Niza –dijo Georges.

-Niza no es italiana que yo sepa –dijo Maurice.

-No, ahora es francesa, pero sólo desde 1860 en que Francia se anexionó parte del Piamonte –dijo Georges.

-¿Sólo eres francés desde 1860? Si llego a saberlo, no me caso contigo –dijo en tono de burla madame Duratti, que era Desbois por su apellido de soltera.

-“Un psicópata colombiano viola y mata a más de 140 niños de la calle”–comentó  Maurice horrorizado.

-¿Dónde? –preguntó Georges.

-En Colombia, naturalmente –respondió Maurice.

-¡Qué vergüenza! Está visto que no todos los niños son iguales –dijo Georges.

-¡Cómo que todos los niños no son iguales! –exclamó Nadine indignada, unos diez años menor que su marido y con unos pechos puntiagudos que hacían suspirar a Maurice-. Ya lo creo que son todos iguales. Los que no lo son es los hombres, porque los hay que son auténticas alimañas.

-Bueno, los hombres también son todos iguales –dijo tímidamente Maurice-, las diferencias están en los países, en los Estados. Los hay de primera, de segunda y de tercera. Y si naces en uno de tercera, eres un hombre o un niño de tercera.

-Sobre todo si eres pobre –añadió Nadine.

-Desde luego –asintió su marido.

-Los gendarmes andan buscando a dos cazadores de La Camargue por haber disparado por la espalda a un inmigrante argelino. El inmigrante, perdido, transitaba por la marisma y los cazadores lo dejaron malherido creyendo que había muerto. Lo trataron como a un animal –contó Maurice recordando la noticia espantosa que había leído en Combat Nouveau.

-Pues el ayuntamiento de Marsella edita una guía para inmigrantes en la que les aconseja no tener relaciones sexuales para evitar contagios. La mejor manera de no contagiarse es no mantener relaciones sexuales, eso elimina totalmente el riesgo, dice el folleto, ¿qué os parece? –dijo Georges.

-Verdad de La Palisse, querido Watson –dijo pedante Maurice.

-¿Quién será el talento al que se le ha ocurrido una simpleza semejante? –se preguntó Georges.

El local se llenó repentinamente de clientes. La vagabunda danesa pagó céntimo a céntimo su cerveza y se marchó discretamente. Maurice se puso a leer su periódico sin poder responder a la pregunta que el propietario del bar había dejado en el aire.

“¿Quién delató al Che? Un documental sueco reaviva la polémica sobre si alguien traicionó al mítico guerrillero argentino-cubano: Ernesto “Che” Guevara. Acusan al sociólogo y escritor francés Regis Debray de ser él quien señaló al ejército boliviano el lugar donde el Che se escondía”. Calumnias, pensó Maurice. “El 8 de octubre de 1967 el Che caía en una emboscada del ejército boliviano en el valle del Churo. Era el fin del foco guerrillero de Bolivia y de la aventura revolucionaria de Ernesto Guevara de la Serna, cuyo nombre iba a convertirse en todo el mundo en símbolo de la lucha armada contra la injusticia. Compañero de Fidel Castro, el Che había dicho el mismo día de su entrada en la Habana:  Para mí el combate continúa en otra parte. En 1965 desaparece: durante dos años no se sabrá dónde milita, qué prepara, si sigue vivo. Regis Debray sí lo sabía. Fascinado por la experiencia castrista, este catedrático de Filosofía de veinticuatro años , que estaba en ese momento ocupado en escribir su Revolución en la revolución, se dirige a Bolivia para colaborar en los preparativos de la guerrilla del Che. Al regresar del campamento central en Nancahuazu, en abril de 1967, Debray es detenido junto con dos de sus camaradas: condenado a 30 años de cárcel, será, sin embargo, liberado antes de terminar su cuarto año de prisión…”. ¿Por qué? Sin duda el Che Guevara es el tío más íntegro y consecuente del último siglo. “Dolores, 19. Particular, estudiante de fotografía. Ninfómana. Acabo de alquilar un piso en Montparnasse para empezar en esto. Lo hago por vicio. Hago de todo, completo con francés en mi boca y beso negro. Puedes repetir. Pamela. Te recibo desnuda, 19 años, cuerpo precioso, pechos erguidos, sexo arregladito. Te haré un francés profundo hasta el final, luego te comeré por detrás para reanimarte otra vez, para que me penetres, luego en la cocina me volverás a penetrar y me penetrarás en mi jacuzzi, y volverás a penetrarme en la cama: soy un caliente agujero húmedo. Nancy, particular. Rubia espectacular, recién llegada de vacaciones de Saint Tropez. Penetración salvaje, oral tragándomelo; beso negro, sucio y limpio; lluvia en mi boca, coprofilia. Al llegar, si quieres, me arrodillo y terminas en mi boca. Luego seguimos hasta que no puedas más. Repite las veces que quieras. Si me avisas, puedo recibirte completamente desnuda, bronceada y rasurada. Karen, 22 años. Universitaria muy culta. Me gustaría compartir mis inquietudes sexuales con hombres que sepan enriquecerme en la cultura erótica. Tengo un cuerpo 10 y un apartamento de ensueño. Isadore: clínica especializada. Impotencia, alargamiento y curvatura del pene, cambio de sexo. Profesionales titulados. Larga experiencia… Magali. 18 años recién cumpliditos. Rubia despampanante, cuerpo sensacional, pelo largo, labios sensuales. Soy muy viviosa, una de mis fantasías es hacerlo con los ojos vendados, que me subas la faldita de colegiala y veas que no llevo nada debajo. Que me hagas el griego profundísimo, tragarme toda la leche, hacer el amor varias veces, besarnos (relación amante). En fin, todo sin límites… Soy muy viciosa, una de mis fantasías es hacerlo con los ojos vendados, que me subas la faldita de colegiala y…”.

-¿Estás buscando piso? –preguntó con sorna madame Duratti, que se había acercado al chófer después de atender a la clientela.

-Pues sí –respondió Maurice cerrando su periódico, y avergonzado de que la atractiva mujer lo sorprendiera leyendo la sección de masajes.

-¿No te encuentras a gusto en el de ahora? –preguntó Georges, que había vuelto a instalarse detrás de la caja.

-Bueno, en realidad no tengo ninguna prisa por cambiarme, pero, me gustaría hacerlo dentro de un tiempo –dijo Maurice mintiendo para zanjar el tema.

-Los pisos están por las nubes –dijo el patrón del bar-, así que piénsatelo bien antes de buscarte otra cosa.

-Todo está por las nubes –dijo su mujer sonriendo de manera equívoca.

-Sí, es cierto. Vivir es hoy todo un lujo –concluyó Maurice, que volvió a la lectura del reportaje sobre el Che y Regis Debray, para evitar la sonrisa irónica de Nadine.

“Tal vez resulte superfluo poner de relieve, como acabamos de hacer, que a la guerrilla le faltaban los medios y los instrumentos necesarios para atraer a las masas, pues habríamos tenido que empezar por el principio: a saber, por la ausencia física de las masas. Es decir, era tal el estado de dispersión del habitat de la selva boliviana, tal la despoblación, que las masas prácticamente no existían. En dos semanas de marcha por la jungla, en el mes de febrero, la columna del Che no se topó más que con una familia, un machetero, y no precisamente con cualquiera: Honorato Rojas, el hombre que, según Debray, condujo al ejército al Vado de Yeso, y que vendió a toda la retaguardia de la guerrilla (después sería ejecutado por el ELN). La extrema diseminación de las explotaciones corría pareja con el atraso político de los campesinos. Allí sobraban tierras cultivables y faltaban brazos. En el campamento, el Che impartía por la tarde clases de francés…”.

Una anciana piruja vestida de beige claro y rosa caramelo entró como un soplo de aire y pidió a Georges un paquete de Craven “A”. Venía acompañada por un anciano alto y delgado, enfundado en una gabardina raída, que se quedó rezagado en la puerta del local. Maurice observó las espesas cejas, semejantes a ilustres bigotes, del viejo que casi ocultaban la estrecha raja de sus ojillos, intensamente azules.

Au revoir messieurs, dames – gritó la anciana con sorprendente potencia vocal después de pagar, abrir su paquete y encender un cigarrillo, todo ello con una gran viveza de movimientos que contrastaba con la torpe parsimonia de su tímido acompañante.

-Extraña pareja. Es la primera vez que los veo por aquí –dijo Nadine, cuando ya se habían marchado.

-No son del barrio –aclaró ociosamente su marido.

-Parecería que la señora fuera la hija del viejo, y sin embargo debe de ser mayor que él, a juzgar por las arrugas de su cara. –dijo Maurice, que había apurado su vaso hasta no dejar el más mínimo residuo del Bourgogne.

         -Me gustaría a su edad tener su energía –dijo Nadine.

-¿Te refieres a la señora? –preguntó Georges.

-Pero, hay que ver cómo va vestida –añadió Nadine sin responder a su marido.

-Parece una tarta de crema y fresa –dijo Maurice.

-Con los años que tendrá –dijo Georges.

-Puede que sea americana –dijo el chófer -. En California es frecuente ver a muchas viejas de su estilo.

-En todo caso no tenía acento extranjero –dijo el patrón del bar.

-Pero si sólo ha dicho dos palabras –protestó Nadine para apoyar a Maurice. Y añadió suspirando-: ¡ Cómo me gustaría conocer Hollywood!

-¡Qué ibas a hacer tú allí!, du cinéma? –dijo Georges soltando una risotada.

-¡Quién sabe! –exclamó Nadine al tiempo que erguía su generoso busto.

-Podíamos hacer un viaje los tres juntos –dijo Maurice que sentía desde hacía tiempo un intenso deseo de poseer a la mujer del patrón-. Ya sabéis que yo viví allí varios años y sería un buen guía. California. El Estado de los superlativos. El Estado en el que se encuentran muy próximas las altitudes mínimas y máximas de los Estados Unidos: el Valle de la Muerte, más bajo que el mar, y el monte Whitney a cuatro mil y pico metros. Al norte de San Francisco hay un fuerte que se llama Presidio. Lo construyeron los españoles en 1776 y aún era usado por el ejército de los Estados Unidos en 1954. El puente de Oakland que une esa ciudad con San Francisco se convierte en su tramo central en un túnel que cruza la isla de Yerba Buena. En Coloma, al noreste de Sacramento, se encuentra el lugar donde James Marshall encontró oro por primera vez. Con la horda de los buscadores, llegaron médicos, abogados, carpinteros, vaqueros, granjeros, profesores, y granujas de todo pelo. Esa fue la primera oleada de inmigrantes, desde entonces no ha parado la marea. La misión franciscana de Carmel se fundó antes de que existieran los Estados Unidos. Sebastián Vizcaíno exploró esa costa en 1602 y echó el ancla en la ancha y circular bahía de Monterey. Escribió sobre las playas y costas en términos tan elogiosos que desde entonces nadie ha podido identificar el lugar. Aunque se puede entender fácilmente el entusiasmo del marino español, pues la costa siempre verde de la península de Monterey es un lugar de una incomparable belleza, con una naturaleza esplendorosa, con playas pobladas por leones marinos. Monterey fue la capital de la California española muchos años antes de que Washington D.C. se fundase. En sus mejores días, en el puerto de Monterey atracaban grandes veleros de la costa Este y de muchos puntos del Pacífico, y la vida era próspera y alegre con numerosas fiestas, entre las cuales, carreras de caballos y corridas de toros.

-Como en España –dijo Nadine que escuchaba soñadora, vigilada con el rabillo del ojo izquierdo por su marido.

-Como en España y también en Francia –dijo el chófer que continuó con su exhibición, confiado en el efecto de enbelesamiento que había producido en la bella camarera-. La misión de Santa Bárbara es la única que permaneció sin interrupción en manos de los franciscanos a lo largo de su historia. Posee una fachada del más puro estilo neoclásico. Sus rezos y cánticos se hacen siempre en latín. Alrededor de Santa Bárbara comienza California sur. El contraste con el norte es sorprendente, porque allí en verano la temperatura es muy elevada, las colinas están peladas y amarillas. Los desiertos cubren grandes áreas y las palmeras reemplazan a los pinos. La costa es totalmente como la del Mediterráneo. Las aguas de la isla Santa Catalina fueron surcadas por los marinos españoles mucho antes de que el este de los Estados Unidos fuera colonizado. Cabrillo fue el primer explorador español que descubrió California y que desembarcó en las playas de Santa Catalina. Pero los españoles no se dieron mucha prisa en colonizar su nuevo descubrimiento. Pasaron más de 200 años hasta que Gaspar de Portolá fundó el primer establecimiento en una bahía a la que llamó San Diego. El español no podía haber elegido un sitio mejor. En la parte de San Diego llamada Old Town tuvo lugar el nacimiento de California en 1769. Alrededor de una tranquila plaza se levantan todavía media docena de muros que llevan los nombres de las familias que los construyeron en el pasado. Nombres como Machado, Pico, Bandini, Estudillo, Carrillo, Pedrorena, y también un Stewart.

-Háblame de Los Ángeles –pidió Nadine que no tenía la más remota idea de dónde podía encontrarse San Diego y no había entendido ni uno solo de los nombres españoles, pronunciados por Maurice con su acento americano de California.

-Los Ángeles se extiende a través de más de 500 millas cuadradas. Es la ciudad más grande de América, con veinte barrios prácticamente autónomos con grandes superficies comerciales. Ciudad sobre ruedas. La gente recorre al día en automóvil cientos de kilómetros para hacer su vida normal, trabajar o divertirse. Hay más coches que familias en Los Ángeles: más de veinte millones de coches particulares. Mil millas de autopistas y una extensa red de autobuses urbanos en los que se desplazan los indocumentados y los ancianos.

-¿Y Hollywood, cómo es Hollywood? –preguntó impaciente madame Duratti, a la que no le interesaban mucho las cifras y datos objetivos que le proporcionaba Maurice.

-¿Hollywood?, Hollywood es un lujoso cementerio temático, lleno de muertos vivientes –respondió el chófer, dejando traslucir el resentimiento que aún albergaba en su pecho contra la meca del cine, que no lo había tratado bien.

-Bueno, bueno, bueno. ¡A trabajar! –cortó Georges dirigiéndose a su mujer y aprovechando la entrada de dos nuevos clientes, asiduos de su negocio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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