Escritos flamencos: Eva Yerbabuena. La llamada del duende

Eva Yerbabuena. La llamada del duende

(Texto publicado en la revista El Canon, nº 1 Madrid. 2008)

 

Balbino Gutiérrez

 

Poderosa vocación

Hay dos grandes artistas del baile flamenco, granadinos por antonomasia que, sin embargo, no nacieron en Granada: Mario Maya y Eva Yerbabuena. Él gitano, ella paya; y los dos tocados con la varita misteriosa del duende. Eva Yerbabuena, Eva Garrido García, nacida en 1970 en la ciudad de Franckfort, Alemania, representa, además, uno de esos casos raros y extraños de poderosa vocación artística allí donde no había condiciones prexistentes ni condicionantes familiares que determinan tan a menudo la carrera y el destino de tantos profesionales y artistas en el flamenco. Su cuna de Franckfort sería algo puramente anecdótico de no haber sido porque estaba relacionada con las vicisitudes de la emigración, que obligó a multitud de españoles y concretamente a miles de granadinos a emprender la aventura de ganarse el pan muy lejos de su tierra. Ese fue el caso de los padres de Eva, quienes la hicieron regresar a su pueblo natal de Ogíjares cuando la niña contaba apenas quince días de vida. Y Granada sería definitivamente la cuna artística de Eva, cuna incomparable del baile que tanta gloria había dado, da y dará al flamenco. En Granada encontró a sus maestros y maestras que imprimieron a su estilo una huella específica e imborrable: el mencionado Mario Maya (entonces y siempre una referencia esencial para ella) Enrique el Canastero (el primer maestro de Eva), Mariquilla, casada con otro Garrido granadino y madre de bailaora, y Angustillas la Mona. A los cuatro recuerda Eva con agradecimiento y cariño, pero es de Angustias la Mona de quien más ha hablado, incluso para reprocharle con ternura de que no la pusiera a cantar, como hizo con Marina Heredia y Estrella Morente, en lugar de enseñarle a bailar. Y aunque no sabremos qué hubiera sido de una Eva cantaora, estamos totalmente convencidos de que la maestra sí supo ver perfectamente lo que convenía hacer con esta alumna que quería empaparse del mundo del baile y el ballet. Más tarde se fue a Sevilla a estudiar arte dramático y, sin desmayo, se embarcó para La Habana a aprender coreografía con el maestro y primer bailarín del Conjunto Folklórico de Cuba Johannes García Fernández.

Sed de arte

Tras este paso determinante por la escuela básica y “rancia” del arte, Eva sentirá la necesidad de abrirse a la modernidad y a los nuevos vientos y vivirá entre Sevilla y Madrid conociendo a muchos maestros y artistas con los que estudia y trabaja (pues en su incipiente carrera profesional comenzada a los 15 años con la Compañía de Rafael Aguilar se van a aliar estrechamente ambas cosas) en diversos espectáculos y coreografías: La Fuerza del Destino, con Javier Latorre, Jóvenes Flamencos con Joaquín Cortés, El amor Brujo, con Manolete, Flamenco con Javier Barón, y Mujeres en la compañía refundada de Merche Esmeralda. Fue este último ballet, estrenado en Madrid en 1996, y luego desarrollado durante mucho tiempo con variaciones en cuanto a las componentes, el que dio a nuestra bailaora un gran impulso hacia delante y logró que su nombre comenzara a hacerse familiar en los círculos flamencos…Y también extra flamencos.

Pina Bausch, la gran bailarina y maestra coreógrafa alemana, reclamó a Eva Yerbabuena  -rebautizada así en honor del cantaor granadino Frasquito Yerbabuena por un guitarrero de la cuesta de Gomérez-  para que bailara en las galas conmemorativas de los 25 años de vida de su Compañía de ballet contemporáneo. Galas que se celebraron en la ciudad de Wuppertal en 1997, y en las que Eva compartió cartel nada menos que con el letón Mikhail Baryshnikov, considerado por la crítica como uno de los más grandes bailarines del siglo XX y de todos los tiempos. En octubre 1999 presentó en la Bienal de Venecia la coreografía Patio de los Aljibes, por encargo de otra maestra de la danza, la norteamericana Carolyn Carlson. Unos años antes había colaborado con el bailarín japonés Shoji Kojima en el espectáculo Flamenco, estrenado en Tokyo. También el cine la reclamó para trabajar en dos filmes del director británico Mike Figgis: Flamenco Women, de 1998, junto a Sara Baras,  y Hotel, película de 2001 en cuyo reparto figuraban el actor John Malkovich y la actriz Salma Hayek.

Eva trabajó en nuevas coreografías ajenas como La garra y el ángel, A mi niña Manuela para el Ballet Nacional de España, y Dharma para la Compañía Andaluza de Danza. Pero el gran salto cualitativo lo dio en 1998 cuando formó compañía propia, tras cruzársele en el camino su buena estrella: el guitarrista y músico sevillano Paco Jarana, quien además de convertirse en su marido será el compositor de la música y colaborador esencial en la creación de las seis coreografías y espectáculos principales  que Eva Yerbabuena ha estrenado a partir de la fecha anterior y hasta la fecha de hoy:  Eva, 5 Mujeres 5, La voz del silencio, A cuatro vocesEl huso de la memoria,  y  Santo y seña. Merece la pena que detallemos y destaquemos algunos de los numerosos y grandes valores que encierra cada una de esas obras de arte, que le han valido a Eva los aplausos de la crítica y los máximos honores de diversas instituciones, y sobre todo el inmenso prestigio que ha alcanzado su figura entre el público no sólo del flamenco, sino igualmente en el de otros ámbitos de la danza y la escena.

Inspiración coreográfica

Como característica principal de las mismas destaca el hecho de que a excepción de 5 Mujeres 5 y La voz del silencio, las otras cuatro carecen de trama argumental, y podríamos considerarlas como espectáculos de baile por el baile. Pero eso no significa que Eva Yerbabuena se lance al escenario a ver qué se le ocurre, ¡lejos de eso! La preparación de sus coreografías ha seguido siempre un esquema teórico muy elaborado, que yo no dudo en calificar  de  soporte poético cargado de simbolismo. Y como muestra baste con recordar algunos fragmentos de la sinopsis que acompaña a cada una de esas coreografías.

Para Eva, estrenada en 1998 en la X Bienal de Flamenco de Sevilla:  “Me siento sola en el silencio y me traslado en el tiempo para darme cuenta de algo que siempre me ha parecido incuestionable: la atemporalidad del flamenco. Desde el viejo gramófono la pizarra gris me grita que el flamenco, voces, sonidos, toques, movimientos, sigue siendo una expresión suprema del sentimiento sin normas ni medidas”. “Desde mi verdad siento los palos del flamenco, lleno mi cuerpo de libertad, nombre y forma… “. 5 Mujeres 5, estrenada en el 2000, XI Bienal de Sevilla: “Vagabundeando en la soledad de mis deseos, siento la necesidad de impregnarme de recuerdos que se manifiestan con ansia en mi memoria… amor, ambición, soledad y locura; cuatro emociones frente a una mujer sentimental que impone su existencia física, y que en el ruedo de la vida deberá atravesar y vislumbrar las múltiples caras de sí misma…”. La voz del silencio (premio Giraldillo de la XII Bienal)…”Estado de coma. Estado en el cual el tiempo se detiene, un gran desconocimiento por la causa que lo provoca nos permite creer y alentar a ser observadores de nuestro pasado. Y desde ahí, seguir nuestro curso hacia la muerte inevitable o misteriosamente volver a la vida. Es en este devenir entre la vida y la muerte donde por razones que escapan a la comprensión podemos alentar un encuentro entre los dos…”. A cuatro voces (XIII Bienal de Sevilla): “Son las voces de cuatro poetas a través de sus poemas: Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández y F. G. Lorca…Creo que un poeta sueña con ver sus versos dibujados en un cuerpo humano y un bailaor sueña con ver su baile en un poema… La vida es una posibilidad de existir. La creación una forma de perdurar. El arte es la existencia de la creación que perdura eternamente…”. El huso de la memoria. Estrenada en 2006 en el Teatro de la Zarzuela, Madrid: “No sé exactamente qué ser o qué fuerza gobierna nuestra existencia, pero, sin más, y por haberme hecho esta pregunta, he llegado a la conclusión de que necesito parar para poder vivir el ahora mismo, girando mi memoria hacia un futuro pasado, para saber quién soy y por qué hago uso de ella…”. Santo y Seña. Estreno en 2007, Teatro Albéniz, Madrid: “Es una mirada hacia atrás, un recordatorio de toda mi trayectoria, porque los bailes no son lo mismo ahora que cuando los estrenamos, se van enriqueciendo con el tiempo…Lo mejor de la noche es el silencio, porque en él se descubre, o que la luz no tiene la importancia que creemos, o que en la oscuridad la vida es más intensa…”.

Técnica, misterio y cante.

La inspiración coreográfica apuntada y resumida podría parecer pura retórica si no tuviera su correspondencia práctica en una bailaora, que imprime consecuentemente a su figura, más allá de su depurada técnica, un halo de misterio y duende que encanta literalmente a la audiencia, aficionada o profana. La crítica nacional e internacional ha dado fe de ello. Pero es que Eva Yerbabuena (“con rigor e imaginación”, como dice ella) ha cuidado también de manera esencial el cuerpo de baile que la rodea, y la calidad extraordinaria de los músicos: cantaores, tocaores, etc., de atrás. Ya mencioné la importancia fundamental del papel representado por Paco Jarana como director de orquesta, a quien han secundado otros guitarristas de primera. El cante, del que Eva es una sincera y pertinaz enamorada, lo encomendó siempre a cantaores que, más que buenos profesionales, son grandes artistas: Enrique Soto, Segundo Falcón y Arcángel, entre otros, están o estuvieron con Eva desde sus comienzos. También Miguel Poveda ha cantado ocasionalmente para ella, y hasta el propio maestro Morente ejerció de cantaor de lujo para su paisana, tal como pudimos ver en el programa de televisión española: “El séptimo de Caballería”, a finales de los noventa.

Prestigio unánime

Cuando esté a punto de salir este segundo número monográfico, Eva Yerbabuena bailará o habrá acabado de bailar en el Théâtre de la Ville de Luxemburgo. Países pequeños o grandes. Terminaríamos antes poniendo la lista de los que aún no ha visitado que enumerando la de los países que sí, y de todos los continentes, incluyendo Australia donde, por cierto, cosechó algunas de sus mejores críticas tras su actuación en el Teatro de la Ópera de Sidney, lo que da prueba de la universalidad y el clasicismo de su expresión.  En este aspecto, y tras leer decenas de reseñas, tanto de medios de difusión nacionales como internacionales, destacan la unanimidad del elogio, la conformidad en reconocerla como una bailaora excepcional, e igualmente su humildad como persona (de la que soy testigo), que contrasta con la altura de su inmenso arte. La humanidad de Eva corre pareja con su significación artística. Se ha señalado también su naturaleza poética, casi mística, que se refleja en su estilo de baile, en sus coreografías y en su vida de todos los días y de siempre…

Por todo ello, Eva Yerbabuena ha logrado -a pesar de ser aún una mujer joven- un ramo de premios y galardones que sólo alcanzan las grandes figuras. Desde 1992 en que rechazó el premio Rosario la Mejorana del Concurso Nacional de Córdoba (por disconformidad con el fallo del jurado que se lo había dado), Eva ha ido sumando a su currículo, entre otros, los siguientes honores: 1999, 2000 y 2001 Premios “Flamenco Hoy” de la crítica nacional de flamenco y El Público de Canal Sur. 2001 Premio Nacional de Danza. 2002 Giraldillo de la XII Bienal de Sevilla. 2003 Premio británico “Time out”. 2006 Premio Max de las Artes Escénicas de la SGAE. 2007 Medalla de Andalucía. Pero aventurando una intuición, diría que el reconocimiento que más ha debido de satisfacerla de manera íntima es haber sido nombrada recientemente hija predilecta de su pueblo, desde el que se puede contemplar una espléndida vista de la ciudad de Granada y de su Vega, un pueblo pequeño, Ogíjares, pero que es el suyo y el que propició que Eva Garrido García –respondiendo a la llamada del duende- sea ya conocida para la historia del flamenco como Eva la Yerbabuena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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