Morente, un genio entrañable II

 Por Balbino Gutiérrez

Contenido post II

5.-CUATRO ESCRITOS SOBRE ENRIQUE MORENTE                                  

6.-DECLARACIONES DE ENRIQUE MORENTE                                

7.-MORENTE Y MAIRENA

(UNA BUENA RELACIÓN MEDIATIZADA Y MALINTERPRETADA

5.-CUATRO ESCRITOS SOBRE ENRIQUE MORENTE

           

Siguen textos para glosar la figura y personalidad del maestro a petición de diversas personas e instancias y con motivo de determinadas circunstancias de gran relieve en la carrera del cantaor.

 

 

 

 

 

 

Enrique Morente, libertad y creación.

(Texto publicado en el libro dedicado a los Premios de Honor de la SGAE y editado en 2006)

El cantaor granadino, recién cumplidos sus 63 años de vida se encuentra en el momento más dulce de su larga carrera, libre y creadora. En los últimos tiempos, y tras haber recorrido anteriormente un camino sembrado a veces de espinas, se ha convertido en un coleccionista de premios y elogios. De los primeros posee algunos de los más importantes que se conceden en España dentro de la música en general y en el flamenco en particular: Premio Nacional del Ministerio de Cultura, Compás del cante, Galardón Calle de Alcalá, Premio de Honor de la SGAE, el Pastora Pavón Niña de los Peines, El Castillete minero de la Unión, la Medalla de Andalucía…A este respecto, el poeta Luis García Montero, su amigo y exegeta circunstancial, señalaba en 1995 a propósito del acto de entrega a Morente de la medalla al mérito artístico de la Fundación Rodríguez Acosta de Granada: “…En los últimos meses Enrique Morente ha recibido numerosos premios. Las condecoraciones y los homenajes son ya una costumbre, que él acepta con timidez agradecida, pero con los dedos cruzados. En los ojos de Enrique hay siempre un pudor penetrante, una segunda sabiduría. Guarda silencio, mira, se toma la molestia de escuchar, sonríe, deja que pase el tiempo, se limita a seguir con su copa, y su silencio, lo mismo que el decoro de su mirada, no significan falta de opinión, sino toda una experiencia de la vida, una respetuosa seguridad en sí mismo, la lección de todo lo que ya sabe, de todo lo que ha visto…”.

La actitud sinceramente humilde de Morente ante los honores, que describe el poeta granadino -también Premio Nacional-, se corresponde a la perfección con la  personalidad libre del hombre, que nunca fue eclipsada por la del artista: “Nuestro arte nos hace independientes, no hace falta que seamos independentistas, porque nuestro arte nos hace independientes“, declaró Enrique Morente en la entrega del Premio Pastora Pavón a la mejor trayectoria en el ámbito del flamenco, y en respuesta a la entonces Consejera de Cultura, Carmen Calvo, quien había dicho previamente: “Este premio se le otorga por su amor al clasicismo y por su rebeldía, todo ello desde el andalucismo”.  En otras ocasiones, así comentaba el cantaor los últimos premios recibidos : “En esta vida hay que ser agradecido, y yo lo soy, pero no puedo evitar sentir que todo eso le está sucediendo a otro. Los premios se los dan a una persona, a un Enrique Morente que es como fue hace uno, cinco o diez años. Pero aquel ya no soy yo… Los premios me sirven de estímulo, pero a mí me mueven otras cosas”.

Las “cosas” que mueven a Enrique Morente son aquellas por las que lucha y ha luchado a lo largo de su carrera y han hecho de él un artista imprescindible, “todo un lujo para nuestra época”; y, citando nuevamente a Luis G. Montero, éste afirmaba: “Enrique Morente supone más que una figura del flamenco, significa una manera de estar y vivir en el arte, un modo de situarse en las encrucijadas de la creación…”. Sí, creador de uno de los repertorios más extensos y posiblemente el más importante desde el punto de vista ético y estético de toda la historia del Flamenco. Creador e intérprete de sinfonías flamencas, de bandas de música para el teatro, cine y televisión; actor, autor, poeta, productor; adaptador al flamenco del mayor número de poemas y textos diversos, compositor de sus ‘morentinas’… “Una vez le puso música a Las Arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca, y ahora le está cantando a Edipo coplas que huelen a tierra de Tebas y a los vinos de Chipre”, dijo de él, el desaparecido Adolfo Marsillach, que añadía emocionado: “…En Zambra (el tablao) enpezó a mi jicio, la bonita historia de un hombre tímido y luminoso al mismo tiempo, que canta como los ángeles. O mejor, porque no sé yo si los ángeles serían capaces de cantar con tanta filigrana, no fuera a ocurrir que el altísimo se encelara  al escucharlos”.

Decía al principio que Enrique Morente coleccionaba también elogios. Elogio blasfemo como el publicado en el mes de febrero de 2006 en La Vanguardia por su crítico musical Mingus B. Formentor: “Gloria a ti en las alturas”. O elogio patriótico como el de Carles Torra en 1997, lanzado igualmente desde La Vanguardia: “Gracias Morente, muchas gracias. Tu presencia en nuestros escenarios nos hace más catalanes y muchísimo más universales”. O este otro de entrega total como el de Ángel Álvarez Caballero tras el último paso del cantaor por el Teatro Albéniz de Madrid: “Morente se confirmó una vez más como un creador de excepción en el cante flamenco de esta época…Tiene grandeza, tene duende, tiene jondura. Pocas veces un cantaor nos deja una sensación tan plena de conformidad, de aplauso sin límites en nuestro interior…En esta época tan avara de auténticos valores del flamenco es evidente que los cantaores del tipo de Enrique Morente brillan por su ausencia. Sólo hay éste y debemos mimarle para que dure, a ver si en el ínterin surgen otros que ocupen su lugar”. Entrega incondicional que no estuvo ausente de agravios en el pasado, como el crítico citado no tuvo reparos en reconocer valientemente hace ya algunos años: “…Y cuando surgió un cantaor con vocación y verdadera capacidad inventiva, casi, casi, lo crucificamos. Hablo de Enrique Morente, una figura absolutamente singular en la panorámica del cante actual. Excelente conocedor e intérprete del cante clásico, llegó un momento en que la ortodoxia ‘pura y dura’ dejó de ser suficiente para él y fue cambiando, intentando cosas nuevas… Todo esto le costó a Morente, sangre, sudor y lágrimas …”. Y también risas. Morente no ha dejado nunca de sonreír. Su proverbial ironía. Y como decía Borja Casani, editor del disco Omega: “Pero dejemos las palabras por respeto a su imbatible sentido del humor”.

Sentido del humor y generosidad. Nada más llegarle la noticia de su Premio Nacional de Música, Morente declaró que se lo brindaba a todos los compañeros de la profesión. Y la noche del 16 de abril de 1999, en que recibió el Premio de Honor de la SGAE 1998, en la gala que se celebró en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid, y presentada por el Gran Wyoming, Enrique estuvo celebrándolo luego con el que fuera su joven guitarrista Manzanita, que también se le fue para siempre, como Camarón, como Luis Habichuela. Seguro que a todos ellos y a cuantos estuvieron alguna vez a su lado, Enrique Morente volverá a brindar el homenaje y los honores que a él, con grandes merecimientos, se le tributan.

Texto para solicitar firmas a la candidatura de Enrique Morente al Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2009, candidatura presentada por la Asociación cultural “Enrique Morente” de Oviedo

 Si en el año 2004, la “Fundación Príncipe de Asturias” reconoció, con justicia y acierto, la importancia del flamenco como arte musical al conceder su Premio de las Artes  a un excepcional guitarrista de flamenco, Paco de Lucía; para la edición 2009 de los Premios “Príncipe de Asturias”, consideramos como merecedor de tan prestigioso galardón a un cantaor, Enrique Morente, quien desde la libertad creativa no sólo ha llevado a su género a las más altas cimas de reconocimiento nacional e internacional, sino que lo ha trascendido con una obra sin parangón alguno de invención musical y artística.

De su intensa y extensa labor como cantaor a lo largo de más de cuarenta años, se desprende el repertorio popular más extraordinario de todos los cantaores vivos actuales y uno de las más importantes de toda la historia del flamenco. Enrique Morente ha grabado o cantado en recitales la práctica totalidad de los palos del género, es decir, unos 48 estilos diferentes. En los aspectos meramente cuantitativos destacan las cifras elevadísimas de cantes por soleares, siguiriyas, tangos, fandangos, bulerías, alegrías, malagueñas  y tientos; lo que significa el dominio exhaustivo de los estilos considerados básicos. En los aspectos cualitativos, observamos la variedad y calidad de las fuentes tradicionales del flamenco ya sea de tipo musical o coplístico. Enrique Morente ha sido capaz de asimilar lo más valioso del legado flamenco, que conoce como nadie, para crear un cante radicalmente moderno, vanguardista, en más de un sentido, pero que conserva al mismo tiempo, el sabor de la vieja escuela..

El magisterio de Enrique Morente -considerado como “cantaor de cantaores” o “artista de artistas”- ha ejercido una influencia señalada en profesionales flamencos de su generación y posteriores

Enrique Morente y el arte

Enrique Morente ha declarado en varias ocasiones: “Yo creo que no hay músicas aparte ni artes aparte”.  Con esas palabras ha querido expresar la pasión por el arte que recorre su obra. Una labor única en toda la historia del flamenco que le ha llevado a poner su voz o a componer para teatro, cine, televisión, música clásica, música contemporánea, música de rock, artes plásticas, y, paralelamente, a la adaptación de la poesía culta al flamenco.  Morente está considerado no sólo como el más importante artista flamenco vivo, sino como uno de los principales músicos de nuestro país y al nivel de las más prestigiosas figuras españolas e internacionales. Sirva como ejemplo la inclusión de su nombre en el currículum oficial de la Orquesta Ciudad de Granada junto a otros nombres ilustres: Plácido Domingo, Narciso Yepes, Victoria de los Ángeles, Motserrat Caballé, Carlos Álvarez, Yehudi Menuhin, Christian Zacharias, Krzysztof Penderecki, Christopher Hogwood, Fabio Biondi, Rinaldo Alessandrini, Joaquín Achúcarro, Frans Brüggen, Orfeón Donostiarra, Orfeó Català, Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana, British Choral Academy, The King’s Consort.

El texto precedente lo redacté, junto a un currículum vitae de Enrique Morente, para colaborar con el presidente de la Peña “Enrique Morente” de Oviedo, Guillermo Pérez de Castro, al que no tenía el gusto de conocer personalmente. Mi colaboración con la peña asturiana se inició a raíz de la petición expresa que me hizo el propio Morente para que les ayudara en la difícil y casi imposible empresa en la que la asociación se había embarcado. Enrique no lo tenía muy claro porque se temía que los esfuerzos para lograr el resultado apetecido fueran vanos, dada la magnitud de los obstáculos que había que vencer y la naturaleza tan politizada de los Premios Príncipe de Asturias.

No obstante, tanto los socios, el presidente de la peña, desde entonces el amigo Willy, como yo, nos empleamos a fondo para conseguir el prestigioso galardón para  el maestro. Removimos Roma con Santiago y enviamos solicitudes de firmas y apoyo a la candidatura a los cuatro vientos: personas e instituciones culturales, flamencas y políticas. La respuesta fue espléndida. Sin prisa, pero sin pausa, fueron llegando los apoyos, muchos inesperados. Unas veces respondían parafraseando alguno de los párrafos que componen el escrito que se les enviaba, pero otras veces, muchas, acompañaban su firma con textos personales de defensa de Morente. Con todos ellos se compuso un voluminoso dossier que se remitió a la Fundación Príncipe de Asturias…No pudo ser, porque el premio recayó en el multimillonario arquitecto Norman Foster.

La competencia fue muy dura. Los de la peña supieron que entre las numerosas candidaturas presentadas al galardón figuraban los nombres de Carlos Saura, (él mismo ignorante de haber sido propuesto, según me comunicó), Joan Manuel Serrat y Cristobal Halfter. La existencia de estas tres candidaturas originó sin lugar a dudas la división de los apoyos y justificaría el que algunos morentianos confesos -cuyos nombres no me es posible publicar, según voluntad del maestro-  le negaran su firma pese a habérsele sido solicitada de manera particular. Una vez terminada la tormenta. Enrique pasó página sin pestañear y no quiso que se volviera a hablar más del tema.

El espejo de Fuenlabrada y Enrique Morente (texto para conmemorar las XXV Jornadas flamencas de Fuenlabrada y destinado a un libro colectivo que no llegó a editarse por causa de la crisis económica)

El maestro granadino Enrique Morente manifiesta nuevamente y ha manifestado a lo largo de su dilatada carrera profesional el afecto especial que siempre sintió por Fuenlabrada, afecto plasmado de forma particular en los componentes de la asociación El Planeta: aficionaos extraordinarios y “personas todas maravillosas”,  según sus propias palabras.

La relación del cantaor con Fuenlabrada, propiciada gracias al apoyo y admiración que siempre le profesaron Eduardo Pedrero, Manuel Valenzuela y Bruno –los miembros principales de la asociación-, presenta por sus características una naturaleza excepcional, desarrollada a lo largo de más de un cuarto de siglo y sustentada, por un lado, en las cuatro Jornadas Flamencas -las  II, IX, XVIII y XXII- en las que participó como figura destacada, y por otro, a través de tres citas memorables con la afición, en 1982, 1989 y  1998. Las dos primeras fueron significativas en la carrera profesional del artista, una, por la influencia posterior que probablemente tuvieron en determinados ámbitos y personas algunos de los juicios publicados en una reseña de la actuación, y la otra por tratarse del estreno en España de uno de las obras más creativas  de toda la producción artística de Enrique Morente.

De cal y de arena

El 30 de abril de 1982 se celebró el primer recital de Morente en la localidad, que tuvo lugar en el cine Avenida, actualmente reconvertido en salón de bodas. En dicha cita, organizada ya como siempre por los jóvenes Planetas, el cantaor, acompañado por la guitarra esplendorosa de Juan Habichuela, ofreció un recital de los más clásicos que solía hacer por entonces. Comenzó con siguiriyas de El Mellizo, Chacón y cabal grande de Silverio, malagueñas de El Canario y La Rubia de Málaga -interrumpidas por los aplausos de una entusiasta audiencia que jaleaban sin cesar a cantaor y tocaor-, soleares de Frijones, Mairena y Niña de los Peines, siguió por fandangos, siempre dentro del más puro clasicismo y terminó por tientos-tangos. Y sin embargo, a pesar de esa fidelidad a la tradición y a la pureza flamenca, recibió una crítica de Ángel Álvarez Caballero, probablemente la primera, en la que, dentro del tono respetuoso del veterano crítico de El País, se vertió una serie de conceptos y valoraciones que otros recogieron después  e iban a colgarse a Morente como un sambenito en diversos momentos de su carrera:

“…Enrique Morente, por último. Su inquietud creadora le lleva a buscar nuevos caminos para el cante, lo que es siempre peligroso en el flamenco, pues ocurre que las siguiriyas no suenan a siguiriyas y, a veces, el cantaor no conecta con el público. Pienso que Morente reelabora demasiado los cantes, en una tarea puramente intelectual que le hace perder frescura, espontaneidad. No cabe duda que esta búsqueda de Morente es interesante, aunque nos deje algo fríos…”.

¡Cuántas veces se han repetido en prensa y opiniones personales los conceptos anteriores!

Tras su presentación en la abadía francesa de Fontfroide (por cierto otra Fuente), Morente trajo a España su ejemplar Misa Flamenca para que fuese estrenada en Fuenlabrada, e inaugurase en 1989 el primero de los conciertos anuales organizados por El Planeta que, desde entonces, se vienen celebrando todos los diciembres en la monumental iglesia de San Esteban con el nombre de Navidad, templo y música. Grabada posteriormente en disco en 1991, esta obra representa una de las más altas cimas de toda la discografía de Morente. La estructuró en las partes tradicionales de la misa tridentina: Kyrie, Gloria, Credo, Introito, Sanctus, Agnus Dei y Salve,  que cantó por tangos, rumba, siguiriyas, soleares, malagueñas y ayeos tonales.  En el Kyrie que la abre, Morente introduce polifonía coral, instrumentación con sintetizadores y elementos de composición que se desarrollaron más ampliamente en todas sus obras posteriores desde Omega a Pablo de Málaga, pasando por El pequeño Reloj y Morente Sueña la Alhambra. Además, en ese momento el cantaor se encontraba en la plenitud de sus facultades vocales, y en toda la maestría del conocimiento y de los recursos flamencos.

El estreno de Fuenlabrada, en la noche del 22 de diciembre de 1989, estuvo acompañado por una expectación e ilusión extraordinarias. El cantaor llegó rodeado por un numeroso grupo de músicos y amigos, madrileños y granadinos. Cuando subieron al altar mayor de San Esteban, la iglesia se encontraba  abarrotada y en la misma no cabía ya ni un alma más.

“…He hecho también la Misa Flamenca, con textos de los clásicos del Siglo de Oro. La Nochebuena pasada se emitió en televisión una grabación realizada en Fuenlabrada, Madrid”. Dijo Morente en declaraciones a la revista La Caña

Se produjeron problemas de sonido de cara al recinto sacro, debido a cuestiones técnicas derivadas de la grabación efectuada por TVE. Sin que se sepa por qué, la megafonía interior falló al poco tiempo de iniciarse el recital y ya no volvió a restablecerse. Esto restó brillantez al desarrollo del concierto que había sido preparado con la ilusión y el esmero característicos de todas las producciones de El Planeta. Restó brillantez, pero no emoción, que se trasladó también a los medios de difusión

De esos inconvenientes, así como de otros más o menos subjetivos dio cuenta Joaquín Albaicín, desde su tribuna de ABC, haciendo gala de su peculiar estilo. El contrapunto formal lo puso la entusiasta reseña de A. A. Caballero en El País: “… Como corresponde a su talento creador, siempre personalísimo, Morente ha evitado el molde habitual de la misa flamenca convencional, para ofrecernos en realidad un concierto sacro inspirado en los momentos culminantes de la misa: Introito, Agnus Dei, kyirie, etc…Es una obra  hermosa, compleja y pródiga. Es una lástima que un extraño problema impidiera que gran parte de la concurrencia recibiera en buenas condiciones el sonido. Porque lo que se oyó fue realmente excepcional y emocionante. El coro de voces tuvo por momentos entidad de coro sacro y por momentos la voz de Morente alcanzó cumbres de una grandeza sobrecogedora…Fue un gozo ver la dignidad con que se producía este arte jondo de excepción delante del hermoso retablo churrigueresco del templo”.

Resta añadir para la crónica social que entre los cientos de asistentes y fieles se encontraban diversos artistas y colegas de Enrique Morente: Miguel Ríos, Amancio Prada, Juan Diego y Ouka Lele.

El tercero de los días señalados fue el del 12 de septiembre de 1998. Vino para presentar Omega, en compañía de Lagartija Nick. Hasta ese momento, el mítico disco había sido presentado en concierto, con éxito rotundo, en decenas de escenarios principales internacionales y nacionales. Dentro de estos últimos no podía faltar el de Fuenlabrada. El multitudinario concierto se celebró en la carpa municipal levantada con el fin de acoger los distintos eventos de las fiestas patronales de la ciudad. De los previos aparecidos en prensa destaca por su tono a contracorriente el breve párrafo que le dedicó el  poeta, periodista y crítico,  Manuel Ríos Ruiz, en el diario “ABC” de Madrid: “Es una auténtica temeridad la del artífice flamenco, que intenta la formación de un flamenco nuevo, un rebujo musical que parte de la juventud le aplaude y la afición clásica le critica y reprocha”. A don Manuel, morentiano de la primera época y de siempre, se le atragantó el ya legendario disco. Sobre gustos no hay nada escrito.

Jornadas de oro

Año excelente, año 1986, crucial en la carrera ya espléndida de Enrique Morente, hasta el punto de que pueda hablarse de un antes y un después de 1986. El hecho de referencia fundamental, fue el estreno de la Fantasía de Cante Jondo para Voz Flamenca y Orquesta, el 16 de mayo en el Teatro Real de Madrid. Pero antes, participó, por primera vez, en las II Jornadas Flamencas de Fuenlabrada, acompañado sólo por la guitarra de José Carbonell Montoyita. De este recital nos dio su reseña nuevamente Ángel Álvarez Caballero, a quien podría muy bien considerarse como cronista principal de las Jornadas, por su fidelidad y asiduidad a las mismas a lo largo de los años y en casi todas las ediciones:   “Y entre las dos fronteras (el cante de Gabriel Moreno y Ketama) mencionadas, Enrique Morente, un cantaor siempre difícil de clasificar, porque conociendo perfectamente el cante tradicional, viene desde hace años adentrándose por términos de búsqueda y renovación. Evidentemente, Enrique es uno de los pocos creadores del momento. A veces se equivoca pero es un riesgo que debe correr quien quiera salir de los caminos trillados. En Fuenlabrada no se equivocó. Enrique Morente es un músico de registros y tonalidades increíblemente versátiles que puede sorprendernos con soluciones totalmente imprevisibles en cantes absolutamente  convencionales. En todo lo que hizo, hubo algo nuevo, inédito, enriquecedor…”.

Y recién llegado de Cuba, Morente participo el 25 de marzo en las IX Jornadas Flamencas de Fuenlabrada (1993), Casa de la Cultura, con Juan y Pepe Habichuela, un trío de honor que tanta gloria han dado y dan al flamenco.  Realizaron una breve intervención; breve comparada con la del San Juan del mes anterior, pero de una excepcional perfección cantaora.

El “Desencanto“ fue el título que Á. Álvarez Caballero puso a  su crónica de la actuación:

“Los seguidores de Morente que acudieron en bloque a Fuenlabrada se sintieron frustrados. El cantaor, que probablemente no se encontraba en las mejores condiciones, estuvo cuarenta minutos en el escenario y pegó casi una espantada, pues ni siquiera volvió a saludar pese a las insistentes reclamaciones de un público afecto y que esperaba más”.

“Y sin embargo, Morente cantó bien, aunque no llegara al grado de excelencia al que él nos tiene acostumbrados. Hizo su cante personalísimo, aun en los estilos más fieles a un hipotético clasicismo flamenco. Todo lo que hizo estuvo en esta línea, sin aventurarse en sus más arriesgadas exploraciones musicales. El solo acompañamiento de los Habichuela, impecable como siempre, obligaba quizás a ello. Pero aun así, todo lo que hizo Morente tuvo su marca, su sello personal e intransferible”.

“Los tangos lentos fueron una maravilla de delicadeza e intimismo, las siguiriyas nos trajeron el escalofrío del grito desolado. Es el cante de Morente, vibró el cantaor e hizo vibrar a una audiencia al final desencantada por lo breve de su actuación”.

“¿Desencantada?”. No creo que esa fuese la situación de la afición, tal vez contrariada por no poder sentirse partícipe durante más tiempo del momento mágico que se vivió en esa añorada sala de la cultura, donde se podía comulgar con los artistas gracias a la proximidad y al calor de un espacio íntimo que muchos recordaremos siempre.

El 3 de marzo de 2002 participó en las XVIII Jornadas flamencas con Paquete y El Negri. en el Teatro Nuria Espert,  en el programa de mano del concierto de Enrique Morente, los amigos de la Asociación El Planeta nos descubrieron que el cantaor había compuesto también música para la serie de televisión Los ladrones van a la oficina. Y también se describía un perfil breve pero exacto del cantaor: “…maestría, conocimiento, riesgo, pasado, presente y porvenir, confianza en la grandeza del flamenco y dueño de su versatilidad: Enrique Morente”. El cambio de escenario no alteró el espíritu de los ciclos ni el ritual que acompañaba a cada velada: las cálidas y emocionantes palabras de Manuel Valenzuela, el entusiasta vídeo amateur del señor Valenzuela, padre, la atenta y afectuosa acogida de Juan Francisco Bruno, y la invisible presencia eficaz de Eduardo en bambalinas.

En las XXII Jornadas flamencas de 2006, regresamos al centro de Fuenlabrada desde el barrio de Loranca, y Enrique Morente llegó acompañado de otros jóvenes y grandes músicos, el guitarrista Niño Josele y el percusionista Bandolero.  Era la primera vez que el maestro de Granada pisaba el impresionante auditorio del Centro Cultural Tomás y Valiente. Ríos Ruiz le dedicó un previo más extenso que el anterior y esta vez sin  reparos: “En esta edición abre las jornadas el granadino Enrique Morente, genio y figura. Un cantaor que puede considerarse de los más representativos de nuestro tiempo desde su aparición en los últimos 60, con una trayectoria triunfal donde las haya y una capacidad creativa  fuera de serie. Lo hace con la espléndida guitarra de Niño Josele y con la percusión de Bandolero”. Como sin reparos fue la elogiosa reseña del crítico de El País:  “Enrique Morente rompió el cuadro. Cantando por derecho, con todas las de la ley. Hizo una tanda de siguiriyas cabales que fue una maravilla; siguiriyas aceleradas a un ritmo muy rápido, que en su voz se convirtieron en una maravilla  (sic). Hizo otras muchas cosas y todas muy bien. La malagueña, sin ir más lejos, en las que puso sentimiento a raudales. Por no hablar de las dos secuencias que hizo a palo seco, para empezar y terminar el concierto, que fueron sendos hallazgos musicales. Cosas así sólo se le pueden ocurrir a Morente, un hombre que investiga constantemente y que saca cosas bellísimas allí donde otros no hubieran hallado más que un cante convencional.”  Punto y seguido en la carrera de un cantaor que ha tenido en los distintos escenarios de Fuenlabrada un espejo en el que mirarse, y en el que se ha reflejado la imagen siempre idéntica y cambiante a la vez  de uno de los artistas españoles más geniales de nuestra época.

Conclusión

Eduardo Pedrero, en una brillante entrevista a Morente para el programa de flamenco que junto a los otros dos miembros de la asociación llevaban a cabo en la radio local, tocó varios puntos clave de la carrera y filosofía de Morente: “Filosofía aperturista que nos influyó en gran medida y que nosotros llevamos a la práctica en la organización de todas nuestras actividades flamencas en Fuenlabrada”, declaraba recientemente Pedrero. En la citada entrevista se habló entre otros de los siguientes temas: El papel de la crítica flamenca, la intuición como guía ineludible del artista, el reconocimiento a los maestros del cante, consejos a los jóvenes cantaores. Los cambios en el mundo del flamenco, predicciones sobre la evolución del flamenco, los recuerdos de la estancia en México y la importancia y estima a Pedro Garfias, Luis Rius y a otros personajes españoles exiliados en el país azteca a los que Morente  conoció y trató. Pero el cantaor terminaba su entrevista con este recuerdo al pueblo y a los aficionados de Fuenlabrada:

Quiero enviar un saludo muy cordial a toda la afición de Fuenlabrada. Para mí es un sitio que recordaré siempre, gracias a vosotros de El Planeta, a vuestra iniciativa, agradecérselo al público y a vosotros daros las gracias. Un abrazo muy fuerte.”

Fuenlabrada marzo de 2009

40 años en el Colegio Mayor San juan Evangelista (2009)

“Enrique Morente, la voz libre”

 El día tres del mes de agosto de 2008, la agencia EFE difundió una crónica, publicada por diferentes medios nacionales, sobre el recital ofrecido por Enrique Morente la noche anterior en los Jardines de Sabatini. En dicha crónica, su redactor, basándose en la información del programa de mano, afirmaba que Morente había cantado temas con textos de Luis Cernuda y San Juan de la Cruz del disco Morente sueña la Alhambra. ¡Qué poco conocía el incauto y confiado periodista al maestro! En realidad éste sólo cantó una copla que pudiera atribuirse a dicho disco y además con letra de jaleos extremeños: “Le quise cambiar y no quiso…”

Esta anécdota reciente- existen otras muchas más antiguas- pretende ilustrar la intención de este escrito para proclamar la incorruptible libertad que ha presidido y preside la carrera artística de Enrique Morente. Una libertad que ha sido en el pasado, e incluso en el presente, causa de inquinas y antipatías de determinados personajes de la crítica, la flamencología e incluso la misma profesión; inquinas y antipatías que no han conseguido doblegar la firme voluntad de Morente de mantenerse fiel al principio de “que no puede haber creación artística sin afrontarla con el espíritu libre de tópicos, recelos y servilismos”. Escribió con acierto y sentido clarividente el empresario mejicano Juan Ibáñez, en la carátula del disco Homenaje flamenco a Miguel Hernández, de 1971, que Enrique era un artista porque no era un cantaor sirviente. ¡Y cuánta razón tendría!

En los 37 años transcurridos desde entonces hasta hoy Enrique Morente ha construido una de las obras más flamencas y revolucionarias de toda la historia de este arte. Ya, la aparición de aquel disco dedicado al poeta mártir de Orihuela, fue interpretada por periodistas influyentes como una transgresión a los sagrados cánones que estipulaban que las letras del flamenco habían de ser las coplas de la tradición popular. Años más tarde, Morente recreó en un álbum antológico los principales cantes de don Antonio Chacón en una etapa en la que reinaba el mairenismo más militante y excluyente. Antes y después de 1977 aparecieron otros cantes y discos que llevaron y llevan la semilla de la innovación y la creación flamencas.

El San Juan Evangelista ha sido testigo privilegiado a lo largo de sus cuarenta años de existencia, de la formación y desarrollo de este inmenso artista libre que se ha convertido, a fuerza de ser flamenco, en una de las figuras más prestigiosas no sólo de su género sino también  del panorama de la música nacional e internacional.

6.-DECLARACIONES DE ENRIQUE MORENTE

(A diversos medios de prensa y a mí a título privado, a lo largo de los últimos cinco años de su vida, 2006-2010)

 1.- OMEGA

No hay duda de que hubo un antes y un después en la carrera de E. Morente con la aparición del disco Omega. Yo presencié  los inicios de su gestación en un estudio de música de Madrid, y asistí 11 años más tarde al encuentro de reconciliación entre Enrique Morente y el líder de Lagartija Nick, Antonio Arias; encuentro que tuvo lugar en una cafetería-pastelería de la Plaza larga del Albaicín granadino. Allí fui testigo de cómo Morente expuso (o impuso) las condiciones que tenían que darse para la nueva gira de conciertos con los Lagartija, tras la ruptura que se había producido con el grupo, condiciones que fueron aceptadas sin objeción alguna por Antonio Arias. Las desavenencias entre cantaor y Lagartija Nick se manifestaron, como ya queda dicho, a raíz de la incomparecencia de estos para la filmación de la escena final del documental: Morente Sueña la Alhambra,  y que fueron motivadas en gran parte por cuestiones de protagonismo sobre la autoría del Omega. Entretanto, se habían publicado declaraciones en prensa en las que se cuestionaba el papel principal de Morente, y hasta surgió una leyenda sobre Omega que yo llamo “Omega apócrifo” desde las páginas de un blog titulado  Exxon Valdez, bajo el que se encontraba el nombre de Jesús Arias, hermano de Antonio, periodista granadino que se atribuía el papel de inspirador destacado de gran parte de Omega.

El disco y las dos giras de Omega propiciaron un verdadero alud de noticias en prensa a través de cientos de páginas con entrevistas y reportajes en varios continentes. Nos quedamos sólo con algunas declaraciones de Morente entre los miles de palabras que le hicieron pronunciar sobre la obra más mediática de toda su discografía, y sobre la que pronto saldrá  a la luz un trabajo monográfico en la editorial Lengua de Trapo, firmado por Bruno Galindo*.

-¿Se puede describir «Omega» como el trabajo más original y arriesgado de su carrera?

No lo sé, sinceramente. Lo que sí puedo decir es que es un trabajo en el que pusimos toda la ilusión del mundo. Aunque me gustaría dejar claro que nunca tuvimos la intención ni de revolucionar ni de reinventar nada. Sólo hicimos un Lorca, porque eso es «Omega», un Lorca por seguiriyas. Pero no pretende ser una renovación del rock o del heavy metal, nada de eso.  La idea de este disco surgió cuando estaba haciendo el «Pequeño Vals Vienés» de Lorca, inspirado en la versión de Leonard Cohen, me di cuenta que estaba frente a «Poeta en Nueva York», y entonces me dije que tenía que aprovechar mi amistad con Lagartija Nick, que en este disco es decisiva, porque en aquel momento era un atrevimiento que un cantaor hiciera un trabajo con un grupo de rock. Fue todo un acierto unirme a ellos.

Entre los puristas del flamenco no hizo tanta gracia este acercamiento al rock…Fue un escándalo. La crítica y los palos me llovieron de todas partes, hasta de los árboles. Pero era normal en ese momento. Hoy no se habrían asustado.

El rechazo inicial a Omega se produjo hasta en el ámbito familiar del primer editor del disco, Borja Casanis. Enrique me comentó que cuando éste lo escuchaba en casa, su hija le decía: “’Papá, ¿quieres quitar esa mierda?’.  Más tarde, a medida que el disco fue consiguiendo imponerse, el editor se tranquilizó y todo empezó a cambiar…”

-Vino el éxito, la fama y la popularidad y la reconciliación con los Lagartija Nick, que por boca de su responsable habían llegado a decir en una entrevista de 2007: “Acabamos jugando papeles secundarios en una película de la que éramos protagonistas”, a los que Morente elogiaría siempre públicamente por su papel y participación:

Procuro estar siempre rodeado de buenos artistas para ver si se me pega algo. La relación entre Lagartija y yo es magnífica, y viene de lejos. Ya antes de la grabación del disco éramos amigos de la noche y de la música. Juntos tuvimos la osadía de crear «Omega». Lo cierto es que de no haber sido por Lagartija Nick este disco habría sido otro disco más, mejor o peor, pero no tan especial. Es un grupo valiente. Aunque también he de decir que ellos lo tenían más fácil, porque en el mundo del rock la libertad existe por naturaleza.

-Morente también recordaría al tercer protagonista de Omega, Leonard Cohen.

Claro que sí. Apenas salió se lo mandamos, y me envió un ramo de flores. Lo que pasa es que enseguida se metió a budista, y no supe más de él. Por suerte, su manager le dejó la cuenta corriente a cero y ha tenido que volver a cantar y nos vimos el año pasado en el festival de Benicassim, donde tuve el honor de compartir cartel con él, escuchar su concierto entre bastidores y darnos dos o tres abrazos.

 El concierto me dejó impresionado. Salí a cantar después y estaba temblando como una papeleta, muy emocionado. No me podía concentrar, porque pensaba que estaba haciendo su ‘Aleluyah’, y él ya lo había hecho antes… ¡y de manera genial! Fue increíble este hombre, con el sombrerillo que se puso, que yo creo que lo compró en Buenos Aires, porque era como el de Carlos Gardel…

 

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Declaraciones mías a Bruno Galindo el 27-01-2011  sobre el disco Omega para su libro homónimo.

El libro ha sido publicado por la editorial Lengua de Trapo en mayo de 2011 y en el mismo sólo aparecen breves fragmentos de mis respuestas.

 

¿Cuál es tu valoración general de Omega?

Cuando escucho casi diez años después de su aparición el disco Omega compruebo, no sin cierta sensación de sorpresa, que ha perdido aquel carácter de ‘cosa rara’ y se he convertido en un clásico, un clásico esencial del flamenco del siglo XX que se escuchará e influirá con toda seguridad en el siglo XXI. Porque aunque algunos sean duros de oído, hoy está perfectamente claro, para el que sepa escuchar, que la mayoría de los temas del disco o tienen una base flamenca inconfundible o son genuinos estilos flamencos. Así el tema principal ‘Omega’, una auténtica morentina, está recorrido por el martinete, la siguiriya y la soleá; el ‘Pastor bobo’ es una magnífica bulería, ‘La Aurora de Nueva York’, una soleá por bulerías; ‘Sacerdotes’, unos tangos; ‘Adán’, unas espléndidas soleares; ‘Niña ahogada en el pozo’, unos jaleos; ‘Vuelta de paseo’, se inicia por granaínas bellísimas antes de pasar al rock duro; ‘Vals en las ramas’, son unos originales tanguillos; ‘Norma y paraíso de los negros’, unos fandangos de nuevo cuño, y ‘Ciudad sin sueño’, una caña original con complementos musicales contemporáneos no menos originales. El resto de piezas de Leonard Cohen son canciones, naturalmente con el rajo siempre flamenco de Enrique o de su hija Estrella.

Concluyendo y contrariamente a algunas afirmaciones del propio maestro en las que dijo que Omega era un diálogo esencial entre flamenco y rock, mi opinión es que va más allá y logra en la casi totalidad de temas la fusión perfecta entre los dos géneros

 

¿Qué aspectos te interesan más y menos del álbum?

Si se trata de mi gusto personal, diré que hay temas que me gustan mucho y otros que me gustan mucho más.

¿Lo ves como el mejor disco de Morente? ¿Uno entre los mejores? ¿Uno más?

Todos los discos de Morente son mejores,
aunque alguno lo sea más. Omega está en la primera categoría
.

¿Dirías que  Omega es un disco influyente? ¿A quiénes y cómo ha influido?

Sin lugar a dudas es el disco de Morente que más ha influido a todo tipo de aficionados, ya sea al flamenco, a la música, o al arte en general.

En tu libro (E. M., la voz libre) haces una extensa recopilación de las reacciones de la prensa frente a Omega. ¿Realmente crees que está justificado decir que fue atacado por los puristas? (Se aprecian mucho los ejemplos concretos) ¿Crees que tenían al menos alguna parte de razón?

Morente ha sido denigrado, escarnecido y despreciado por parte de aficionados anónimos, críticos y artistas del flamenco. Es muy difícil imaginar esto en los últimos meses y días, pero su carrera lo fue de obstáculos y los fue superando todos. Tras el Omega hubo hasta uno, un crítico y flamencólogo, que lo había apoyado desde el principio de su carrera, que se rasgó las vestiduras y llegó a escribir la barbaridad de que Morente se dedicaba hacer esas cosas a lo mejor para no tener que competir con otros cantaores en los festivales…  Y no me refiero al “botarate de Écija”, en palabras del maestro… ¿Tenían razón los puristas de la clásica en rechazar la ‘Gran fuga’ de L.V. Beethoven? Mi respuesta es No.

 

El crítico de flamenco Alfredo Grimaldos dice que Morente se puso a experimentar solo cuando ya había hecho bien todos los palos del flamenco. ¿Coincide con esa percepción? ¿Fue la experimentación una especie de extra en su carrera?

Me extraña que un  conocedor de la dialéctica haya podido afirmar eso. Yo creo que la experimentación de Morente estaba en la base de su estilo y personalidad desde el principio de su carrera y antes de haber llegado a la maestría que alcanzó con el paso de los años.  El aprendizaje de Morente fue continuo gracias a su talento e intuición. Si se escucha el disco Obsesión que hizo en colaboración con Antonio Robledo en 1985, o A la vida, al dolor con Gualberto en 1975, de menor entidad,  se puede entender lo que digo. Morente creó una siguiriya que grabó en su disco Se hace Camino al andar, también en 1975, y todavía no era el maestro que llegaría a ser muchos años más tarde. Omega es el eslabón más visble de una cadena de “experimentos” que comenzó con la siguiriya referida, siguió con la “Misa Flamenca” y se continuó en todos los últimos trabajos discográficos.

 

Dices en tu libro que Omega fue escogido disco del año por Libération. ¿No tendrás por ahí el recorte?

No, Yo no lo digo, sino el crítico sevillano Manuel Bohórquez al que cito entrecomillas. Ignoro la fuente de prensa en la que se basó.

¿Qué más noticias tienes de la repercusión internacional de Omega?

Nueva York en la BAM (2003) con la presencia de la hija de Leonard Cohen y del propio Lou Reed en uno de los tres conciertos ofrecidos por Morente y Lagartija Nick. Bruselas, Chauen (2002), Londres (2006), México (2008)  Buenos Aires  (2009) Supongo que me falta alguna otra actuación internacional. Enrique Morente tiene su perfil en inglés en Wikipedia, la BAM y en el National Geographic…

 

¿Crees que en general  Omega ha servido realmente para acercar el público al flamenco o bien que ha sido un disco que ha creado su propio público entre los que buscan emociones musicales extremas y diferentes?

La pregunta facilita la respuesta. Ha habido de las dos cosas. Gentes que no podían imaginar que un cantaor de flamenco pudiera interpretar y componer una música como la del Omega y que por consiguiente se han sentido impulsados a conocer más flamenco. Otras que se han quedado solo con la música del disco, y una tercera clase de gentes que añado: los ortodoxos, que se han sentido reafirmados en sus prejuicios y rechazo a Morente.

¿Situarías Omega como un eslabón más dentro de la cadena de acercamiento entre flamenco y rock que pasa por Lole y Manuel, Veneno, La Leyenda del Tiempo, etcétera…?

 

Tengo mis dudas sobre si los eslabones que mencionas forman parte de una misma cadena, ya que en cada uno de ellos inciden elementos musicales y culturales bastante distintos a mi entender. En cualquier caso, Omega es el resultado de una composición mucho más abstracta, compleja y profunda de otros elementos musicales y artísticos muy diferentes de cada uno y de todos los comparados.

 Bruno Galindo/Balbino Gutiérrez

2.-Innovador

-Desde el principio de su carrera a Morente se le considera un innovador, ¿Pero se siente él identificado con este calificativo?

-No me molesta, pero lo cierto es que procuro rehuir de las etiquetas. Cuando veo que lo estoy haciendo demasiado revolucionario, hago un concierto entero por malagueñas.

Yo nunca he dejado ni dejaré el cante jondo antiguo y clásico, pero tampoco dejaré de intentar estar en el momento en que vivimos. Porque hay que evolucionar, es que me tocó vivir una época muy dogmática y muy sectaria, demasiado observada por expertos y por una afición que en unas cosas estaba acertada, pero en otros conceptos estaba perdiendo. Era una mentalidad que no me gustaba. Eso me hizo tirar por más sitios. Realmente casi nunca nos vamos de los sitios. Nos echan. Y claro, ante este planteamiento, intentar innovar e introducir nuevos elementos en el flamenco tiene sus riesgos.

Pero no me ha importado mucho, porque me ha servido para escaparme del hermetismo y la visión cerrada que había en la flamencología. Un cantaor era muy observado desde una visión muy académica. Querían encorsetar todo esto, que lo que ellos decían fuese la palabra de Dios. Y, pa’ que nos vamos a engañar, yo soy un poco más del demonio.

La verdad es que se pasa mal, lo pasamos mal. Me acuerdo en el Teatro Albéniz, (febrero 96) en el Festival Flamenco de Cajamadrid, hice un concierto de cante clásico con Tomatito. La gente, entusiasmada, pidió un bis con mucha insistencia. Lo tenía preparado. Bajó una cortina de tul, salió el grupo Lagartija Nick e hicimos Omega. Claro, todavía no había salido el disco y nadie conocía el trabajo. A los flamencólogos y a los críticos casi les da algo. Muchos de los que hacía unos minutos me habían aplaudido se volvieron contra mí. La gente hizo corrillos en el hall para comentarlo.

Sin embargo: “Puedo hacer un disco nada más que cantando a la Virgen de las Angustias y entonces habré roto otra vez con todos los Morente anteriores…

3.- Premios

-Su carrera musical siempre ha sido reconocida, pero en los últimos años llegan otros premios como la Medalla de Oro de Andalucía, de las Bellas Artes o el Pozo de Oro, ¿cómo se reciben?

Son maravillosamente molestos. Ante esos reconocimientos, la única postura es ser agradecido y valorar lo que uno recibe. Realmente, prefiero dar un paseo por el campo-

4.- Opiniones sobre temas diversos

-En un mundo como el actual, ¿qué aporta la cultura?

Soy muy infantil y siempre he pensado que la esperanza del mundo es la cultura, el conocimiento al alcance de todos. Es lo que abre a la sensibilidad, la comunicación, la que hace sentirnos más iguales a todos los hombres.

-Maestro: es un placer hablar con usted. Sé que ha escuchado con placer a algunos de los compositores más innovadores de la actualidad: Luigi Nono, Helmut Lachenmann, Mauricio Sotelo…¿Sigue haciéndolo? ¿En qué medida le influyen?.

A Luigi Nono lo he conocido a través de mi amistad con Mauricio Sotelo y mi preferencia actual está al lado del maestro Sotelo porque me une una relación de trabajo con él. Algún día volveré a trabajar con él. Es un músico al que admiro.

-¿Cuál es su canción que le ha hecho emocionarse hasta llorar o más le pone los pelos de punta?

No hay una sola canción. Ha habido más de una que me ha emocionado. Me han emocionado interpretaciones geniales de Janis Joplin,

-Enrique, qué le parece el camino abierto por J. y los Planetas con ‘La Leyenda del Espacio’, un hito en el camino del mestizaje entre rock y flamenco o bien una moda pasajera?

Los Planetas tienen mucho talento, han hecho y van a hacer trabajos muy interesantes. Granada ha dado grandes artistas dentro del mundo del rock, empezando por Miguel Ríos y pasando por Lagartija Nick con Antonio Arias y Los Planetas con J. Son personas de mucha valía.

 –Tan moderno como le veo, ¿tendrá una opinión sobre Michael Jackson?

Un genio. Lo mejor de lo mejor. Además, siempre defendí su inocencia y jamás creí todas esas acusaciones horribles que le amargaron los últimos años de su vida. Una maravilla de músico que debió sufrir enormemente con su vida.

 –La música, como cantaba Paco Ibáñez que decía Celaya, ¿es un arma cargada de futuro?

¡Sin lugar a dudas! Y aprovecho para pedir más reconocimiento para Paco Ibáñez, porque le adoro. Y ahí está lo que ha hecho con Góngora, Quevedo… Hay que agradecerle habernos enseñado a todos a musicar la poesía castellana.

-Sigue teniendo conciencia de clase. Incluso la tenía en el franquismo, cuando los cantaores pasaban de puntillas.

Toda la culpa la tienen Miguel Hernández y Lorca. Aunque izquierdas y derechas se han desfasado un poco. Debería prevalecer la claridad de las gestiones políticas y la defensa de los derechos humanos.

 -¿Es verdad que cuando Garzón empapeló a Pinochet fue a cantarle un fandango en privado?

¡Sí, señora! Le di las gracias, no con un fandango, sino con varios.

-“La nana de Oriente” es especial por el tema, por quienes cantan contigo…

Es un tema especial porque los niños le cantan la nana a la madre, no la madre a los niños. Y trata sobre la soledad de los niños, unos por una razón y otros por otra. Unos por los aparcamientos hoy necesarios; no hay más remedio porque las madres tienen que salir a trabajar. Y también por otra series de sufrimientos que no voy a citar por no ser demagógico con el tema. Es un juego sobre el canto de las madres, sobre la palabra ‘mare’ con la mar, con el mare nostrum, con las olas, con la mamma italiana que es igual en el mundo árabe y aquí en muchos pueblos nuestros. Bueno, una idea algo surrealista. Lo importante es que cantan los niños con mucha ingenuidad y mucha inocencia… como únicamente pueden cantar los niños.

-¿Qué recuerda de la primera vez que vio el Guernica?

Lo vi cuando lo trajeron por primera vez a España, hace muchos años. Estaba en Nueva York, y lo trajeron a un edificio que estaba al lado del Museo del Prado, que se llamaba el Caserón del Buen Retiro. La verdad que cuando lo vi tan aparatoso, tan grande, trataba de interpretarlo, pero no lo hice bien. Hasta que vi los bocetos, donde está plasmada la desesperación de los llantos y los gritos de las madres en una guerra, en un genocidio.

 –Hola Enrique, usted que tanto ha admirado y cantado a Lorca, qué opinión le merece la exhumación de la fosa de Alfacar.

Eso es una decisión de los familiares principalmente, pero también es importante que se sepa dónde están los restos de un genio de la literatura como es Federico porque si no cuando pasen 400 años la gente va a querer saberlo, También me gustaría saber dónde están los restos de Sócrates. como hoy queremos saber dónde está Velázquez o Shakespeare, para poderles rendir tributo. De todas formas es un debate entre Ian Gibson y la familia Lorca, creo.

-Sobre el arte religioso

            El arte sacro es, probablemente, el que más me gusta. Creo que los valores y sentimientos religiosos han inspirado muchas de las obras artísticas (tanto pictóricas, como musicales, literarias o arquitectónicas) más excepcionales de la historia de la humanidad. En cualquier caso, con independencia de que yo sea creyente o no, considero que la afición por el arte religioso no se contradice con una sólida y activa defensa del laicismo y de los derechos civiles. Ahora bien, cuando publiqué el disco de la Misa Flamenca en 1991, llegué a temer que hubiera gente que pensara que yo era un “capillita”.

 –En una ocasión, dijo que el flamenco debía servir para denunciar las injusticias y en su nuevo disco y en esa línea hay una canción titulada ‘Gern-Irak’, en recuerdo al bombardeo vasco y a la guerra de Irak…

            Sí, desafortunadamente ahora podríamos trasladar la misma idea a Gaza y a otros muchos sitios. El ser humano parece que no aprende muy rápido, somos limitados.

-Entonces, si estuviera en sus manos, ¿saldríamos de la crisis por bulerías?

Bueno, bulerías y alegrías y pensando en la sobriedad y arrimando todos el hombro. Los banqueros sobre todo porque son los que han organizado el endeudamiento. Lo que no entiendo es por qué si reciben pa’ dar, no dan.

 -¿Cómo se consigue el maridaje entre sus textos, su pintura y el flamenco?

Eso sólo se consigue gustándote mucho la pintura. Las artes, en general. Y a mí me gustan, claro.

 

5.- Los amigos y los maestros

Mientras trabajaba en ese tributo, ¿qué es lo que más ha recordado de Mario Maya?

Ha habido muchos momentos con Mario, hemos recorrido muchas noches de conversación. Nunca olvidaré cuando le canté en el Generalife [en 1994, dentro del programa Cien años de cante], con Manolo Sanlúcar a la guitarra. Era un gran artista y un gran amigo, y se da la circunstancia de que ha fallecido en Sevilla y en medio de una Bienal. Lo menos que puedo hacer es cantarle esta noche.

 –Otro buen amigo suyo fallecido este año es Miguel Candela, dueño del legendario Candela de Madrid, que no ha sido aún objeto de homenaje oficial en Andalucía, que sepamos.

Miguel Candela ha sido decisivo en el flamenco actual. Cuando no había nada, absolutamente nada, él creó ese núcleo, ese ambiente, el sitio donde nos reuníamos, nosotros y músicos de todas partes del mundo. El flamenco le debe muchísimo a Miguel. Mi último disco, el de Picasso [Pablo de Málaga, 2008], está dedicado a su memoria.

 -Para muchos aficionados, el cartel soñado de la Bienal es desde hace ya varias ediciones Enrique Morente con Paco de Lucía. ¿Es eso una quimera?

Hombre, será difícil, porque, aunque somos muy amigos, Paco vive lejos y sería difícil preparar algo juntos. Estamos siempre deseando vernos, lo cual no quita que él tiene su propia carrera y yo tengo la mía. Por mi parte, desde luego, sería una maravilla subir con él a un escenario en una Bienal de Sevilla.

 -A lo largo de la conversación también sale a relucir Camarón, que siempre estuvo interesado por el trabajo de Morente y con quien el cantaor granadino mantuvo una relación muy cariñosa:

No perdía comba, era un ‘magnetofón viviente’, afirma Enrique. La primera vez que escuché unos fandangos míos cantados por él y tocados por Paco de Lucía, me quedé loco. Los habían hecho suyos; una obra de arte genial.

 -En “La voz libre”, la recomendable biografía tuya escrita por Balbino Gutiérrez, se cuenta pero solo por encima que en tus primeras grabaciones no le cuadraba mucho a Pepe de la Matrona lo de las malagueñas de La Peñaranda. ¿Qué es lo que te dijo?

Me estaba esperando con un vaso de vino una noche, y me dice: “Vamos a ver, ¿Quién te ha dicho que son malagueñas de La Peñaranda?”. Le dije: “Yo se lo he escuchado a usted”. “Vale, pero ¿Quién te ha dicho que son de La Peñaranda?”. “Bueno, yo le oí decir usted a veces que creía que era de La Peñaranda”. “¡Ah, que creía que era ! ¡ Pero dije que creía, no que era !”. Entonces, yo le puse, atrevida juventud, malagueña de La Peñaranda. Ahora hasta mis enemigos hablan de esa malagueña como de La Peñaranda, y el título se lo puse yo. Jajaja. ¿A ver ahora qué hacemos con esa malagueña?

Al maestro Matrona le debo mucho. Le debo el concepto del cante jondo, el rigor y la exigencia en las letras, la afición a la investigación del cante… Hay muchísimo cante, hay que investigarlo, hay que preguntar. Hoy en día está todo grabado, pero antes había que hacerlo directamente, de persona a persona. El gramófono era tu oreja.

-A usted le ha salido un disco flamenco casi cien por cien, “Pablo de Málaga”: siguiriyas, soleares, bulerías, granaínas, malagueñas, verdiales, etc.

Yo siempre he cantado cante flamenco, cante jondo, a mí lo que más me gusta es el cante flamenco clásico.

-Incluso en los tientos del segundo corte, ¿no aparece como una especie de homenaje a  Manolo Caracol?.

Estoy totalmente de acuerdo. Siempre he sentido una gran admiración por ese artista extraordinario que fue Manolo Caracol.

6.- El flamenco actual

Creo que vivimos un momento muy óptimo, hay muchísimos artistas jóvenes y no tan jóvenes haciendo cosas buenísimas. Mira, sólo en mujeres, nada más que en Sevilla hay una cantidad de cantaoras que me pregunto si hemos conocido un momento mejor: Aurora Vargas, La Susi, Esperancita [Fernández]… De guitarristas, no digamos. Y todo el mundo sabe que están saliendo extraordinarios cantaores. Creo que despreciar lo que hay es, entre otras cosas, una falta de respeto.

 –¿Qué ha cambiado en esos casi 30 años en el Flamenco; para mejor y para peor?

Para mejor ha cambiado que la técnica es extraordinaria, el nivel musical y de la danza es extraordinario. Para peor, quizá tal vez, lo que sucede con la música hoy: se estandariza más que nunca.

 –¿Cantaores que me gusten?:

            Arcángel, Poveda, Joselito de Lebrija, Fernando Terremoto, Duquende y muchos otros más. Y en el baile está ese loco maravilloso que es Israel Galván.  Si seguimos enumerando me voy a dejar otros muchos .

 –Siempre fue en contra de los clichés del flamenco.

Yo creo que hay que procurar sacar la personalidad de uno, no ser un mero imitador de los demás, ser sincero con uno mismo y cantar lo que se considere oportuno y lo que se tenga ilusión de cantar en cada momento. Todo tiende a estandarizarse, con los CD y con la música grabada se parecen mucho unos a otros. Y en el flamenco es más preocupante que en otros géneros. Lo que sí recomiendo, por supuesto, es no tener miedo a hacer música. Que no tengan miedo con los atrevimientos, pero que los atrevimientos no se hagan ni para ser más interesante ni para ver si se triunfa más, aunque todo esto dicho entre comillas, pues es lícito. Claro que es lícito que un chico o una chica joven pretenda ser más interesante y quiera triunfar. Pero que el primer móvil y el fondo de la cuestión sea hacer arte, hacer música. Yo lo veo así, pero tampoco soy quien para decirle a nadie cómo tiene que hacer las cosas. El tema es delicado y en arte más.

 –En relación a las adaptaciones de poetas cultos al flamenco hechas por Morente

Creo que habría que replantearse la separación tajante que se suele hacer entre poesía popular y culta. Yo estoy convencido de que muchísimas letras históricas del cante jondo, fueron realizadas por escritores cultos. Y a la inversa, esto es, hay muchos textos de origen popular dentro de la poesía culta. También  creo que el futuro del flamenco pasa por su capacidad de abrirse a otras sensibilidades musicales. Si no lo hiciera, si los cantaores y tocaores actuales se limitaran a repetir lo que han hecho sus antecesores, el flamenco terminaría siendo una manifestación folclórica más, tan bella como fosilizada. Y que conste que a mi encanta el folclore. Pero el flamenco, a día de hoy, está muy vivo, sigue siendo un mundo en el que abunda la imaginación y la creatividad. No es una música de museo.

 

 7.- Sobre el flamenco en general

 

Para hacer flamenco no hay que ser sufrido

El flamenco siempre ha estado en una especie de gueto, es un ambiente un tanto cerrado, y eso siempre me angustió bastante, porque nunca hacía las cosas bien y a gusto de las exigencias de los conservadores. Tal vez de ahí venga mi rebeldía, mi afán de dialogar con otras músicas.

 –¿Y el flamenco? ¿No fue un bastión de resistencia al franquismo?

No, éramos apenas dos o tres los flamencos que teníamos conciencia política. Y yo tampoco puedo enseñar un historial de mártir.

Hay gente que sólo vive para demostrar que el cante flamenco es de su pueblo; y de su pueblo su barrio, porque lo de los otros barrios no vale nada; y de su barrio su casa; y de su casa nada más que él, porque sus hermanos han sido todos muy malos. Como comprenderás son teorías que son un poco… Tiene mucha gracia pero es totalmente ridículo… El flamenco se hará más grande cuanto más se expanda y cuanto más lo conozca la gente fuera de España.

 –Cuando le preguntaron lo qué opinaba de la declaración de la UNESCO sobre el flamenco como patrimonio inmaterial de la humanidad, respondía que él pensaba que

La humanidad era patrimonio del flamenco

-Los flamencos pueden haber sido tradicionalmente más artistas en vivo que “enlatados”, o por lo menos se les supone…

Ahora ya creo que no. El mito de que los flamencos como estaban bien es en el cuarto de los cabales, de fiesta, solitos, sin grabaciones…bueno, no, ya no. Yo quiero desmitificar esa idea de que el flamenco auténtico está en el cuarto de los cabales. Hay cierta parte de verdad en eso, pero el estudio te permite la creación, te permite la afinación, la creatividad.

Aquí no hay que olvidar que algunas de las obras más grandes de la Historia reciente del Flamenco se han hecho, y se harán, en el estudio. “Zyriab”, de Paco de Lucía o “Tauromagia” de Manolo Sanlúcar…salieron del estudio y son lo que son gracias a que se pudieron pulir y perfeccionar como debían donde debían.

Nunca me ha gustado la etiqueta que dice que para cantar flamenco hay que ser sufrido. La vida es sufrida para todos y alegre para todos. Es verdad que es un género en el que el sentimiento y el quejido tienen que predominar. Pero en todas las músicas tiene que estar el sentimiento. Si no, no hay arte.

 -A la vez, lucha también contra la idea de que basta con poner el corazón:

            Esa etiqueta tampoco me gusta. Este es un género que necesita muchas horas, mucha entrega, y se aprende muy tarde, luego de mucho trabajo. Se dice que es una música que viene del pueblo, y es bien cierto. Pero para hacerlo bien requiere dedicación. Es un género de profesionales.

-¿Y hasta qué punto existe un peligro de que las imposiciones de la actual industria musical (con las discográficas convertidas en “fábricas de temitas”) acaben exterminando el flamenco?

 En el mundo actual la dimensión comercial de la música es inevitable. Y tampoco creo que haya que rasgarse las vestiduras por eso. Es algo que, de una u otra forma, siempre ha ocurrido. No podemos engañarnos. Un cante por seguiriya nunca se va a programar en los 40 principales, donde se pondrán siempre músicas más asequibles para el público joven. Además, hay mucha gente dentro del flamenco que no está por los “temitas”, que quiere hacer (y hace) cosas de calidad. Aunque, por supuesto, también existe, como en todos los ámbitos de la creación artística, aprovechados que sólo buscan el beneficio económico, sin importarles lo que haya que hacer para conseguirlo. En cualquier caso, creo que no hay razones para el pesimismo, pues existe un público, tanto en España como en el extranjero, para el cante, el baile y el toque de calidad.

Este disco, Morente Flamenco, es una consecuencia de todo el cante que yo le he escuchado a los anteriores. Hoy en día tenemos todo el archivo del cante flamenco grabado y digitalizado, todos los discos de pizarra y de vinilo están pasados a CD y están a disposición de cualquier joven que quiera aprender los cantes. Sin embargo, como entonces no teníamos ni tocadiscos, todos estos cantes yo los aprendí de viva voz, de ellos mismos y en directo trabajando, por las noches en las fiestas

 

 

8.- ¿Cómo es el cante de Morente?

-Ni los aficionados más críticos con la heterodoxia de Enrique se atreven a discutir el enorme conocimiento del flamenco que el artista granadino atesora, y él mismo reivindica su condición de cantaor por encima de todo

            Antes, los viejos decían de un artista joven, cuando creían en él, que tenía sentido cantando y era muy aficionado. Como un galardón y una aceptación. Pues eso es lo que yo he intentado ser siempre, un aficionado al flamenco. Ni al antiguo ni al moderno; al flamenco. Eso sí, lo he hecho con mi propia expresión.

La mayoría de mis cosas las he empezado a sacar cantando por la calle, Recuerdo que, cuando trabajaba en Zambra, me iba todas las noches andando a mi casa, desde Neptuno hasta Carabanchel. Un día llegué al tablao y canté una seguiriya nueva, y Rafael Romero, que era tremendo para los cánones del flamenco, me preguntó de quién era aquello. Para que no me regañara, le contesté: ‘Eso se lo escuché a un viejo de Granada’. No le dije que era mío, claro. Pero esta forma de ser mía, inseguro, también me ha hecho equivocarme. Eso sí, yo siempre digo que es mejor arriesgarse a todo antes que aburrirte tú y aburrir al personal. Apoltronarte en un sillón no es sano para el arte.

-(Se refería a la siguiriya que grabó en el disco Se hace camino al andar de 1975: ‘Voces doy al viento’, que fue la precursora de la que canta en el film Flamenco de Carlos Saura, que está considerada como el non plus ultra de la innovación en este estilo tan tradicional y rígido)

-¿Buscas con Morente Flamenco reivindicar esa faceta del Morente más puro, del cantaor tradicional?

No es que me haya planteado esa justificación. No debe hacer falta porque cualquier aficionado debe de conocerme y saber que yo soy un cantaor de los palos del cante flamenco de toda la vida. Así ha sido, soy y será. Todo lo que he hecho en cuanto a mestizaje e innovación ha sido siempre desde el concepto de cantaor de cante flamenco. Absolutamente todos mis trabajos están hechos desde la perspectiva del cante jondo.

-“Tuvo momentos flamenquísimos ligando los tercios con afinación y con esa voz de minotauro sabio que se le ha puesto en los últimos años”. (Comentario sobre uno de sus últimos recitales en Madrid .)

-¿Qué papel juega la guitarra en su cante?

Es decisiva, porque la guitarra es la armonía de lo que se canta.

-¿Y el baile?

El baile es el ritmo y el tiempo. Alguien me ha preguntado que qué le aconsejaba a una persona que quisiese iniciarse como cantaor. Y le he respondido que escuchar a todos los cantaores, todo lo que hay grabado y a los que están cantando en vivo, y también apuntarse a una academia de baile para aprender el ritmo y el tiempo.

 –Los guitarristas que te acompañan son muy diferentes. ¿Te lleva cada uno a cantar de una manera?

Claro, claro. Canto con Juan y con Pepe Habichuela, que son hermanos, dos extraordinarias guitarras. Como cada persona es un mundo, con cada uno canto de una manera. Y luego está Rafael Riqueni, que se levanta por la mañana con los pelos de punta y es un guitarrista genial. Con él canto de otra manera. Ahí tengo cantes de lobo hambriento. Lo que me salva es la guitarra de Rafael, que es extraordinaria.

Personalmente, lo que más me gusta es la mezcla de lo antiguo con lo moderno, de lo ancestral con lo contemporáneo. Por ejemplo, el otro día estuve en un hotel que acaban de inaugurar en pleno Barrio Gótico de Barcelona. Está rehabilitado con un gusto muy moderno, pero se integra a la perfección en ese espacio urbano de origen medieval. Me encantó la combinación.

 –El maestro es una de las figuras que más ha hecho para ensanchar el territorio del flamenco. Pero vuelve y vuelve a las raíces:

Sí, siempre vuelvo al cante jondo, mejor, no lo dejo nunca, porque yo soy cantaor y todo lo que hago, aunque sea innovación siempre lo hago desde la perspectiva del cante jondo». Todo lo que hago, por muy innovador que sea, lo hago desde la perspectiva del cante jondo.

-Sin embargo, lo más habitual en el flamenco es el cantaor que interpreta siempre el canon…

Yo eso lo respeto y lo admiro. Además, yo he estudiado cómo son los cantes. Pero yo los cantes los hago como me salen, no sigo las reglas esas de hacer el cante como es o como se dice que es. Hay que respetar al que lo haga así, pero yo me la tengo que jugar en cada tercio si no, prefiero el desastre. Si canto cinco letras y me salen tres malas pero dos muy buenas es genial… dentro de lo que yo hago. Bueno, merecen respeto todas las formas de hacer música, la mía es la que tengo, no tengo otra y no tiene ningún mérito.

 

 

 

 

7.-MORENTE Y MAIRENA (UNA BUENA RELACIÓN MEDIATIZADA Y MALINTERPRETADA)

A propósito de la soleá apolá del disco Despegando. Del Festival de Mairena del Alcor de 1969, y de la carta en la que Enrique Morente habla del maestro Antonio Mairena.

 

            El jueves 21-4-94, después de la breve y brillante participación de Morente y Pepe Habichuela en un festival musical omni géneros a favor del pueblo cubano, organizado bajo el nombre-objetivo “100 toneladas de leche en polvo para Cuba”, fui con ellos hasta Casa Patas donde actuaban algunos miembros de la familia Carmona: Carlos Habichuela y su sobrino Pepe Luis. Allí coincidió Enrique con Juan Antonio Muñoz, el guitarrista y aficionado madrileño, íntimo amigo de Antonio Mairena, y testigo de cargo de la famosa historia de la soleá apolá de Morente, o ‘soleá de Charamusco’, como la llamó el maestro de Mairena del Alcor.

Yo, que tenía la idea de que José Antonio Muñoz era una persona de más edad, tuve ocasión inesperada  de conocerlo y de conocer datos sobre el tema nada menos que de los dos principales protagonistas del asunto, al que los críticos Manuel Martín Martín y Agustín Gómez habían estado magnificando en absurda polémica.

Juan Antonio Muñoz me afirmó que él había contado toda la verdad de los hechos al periodista onubense Onofre López, y volvió a recordar que Antonio Mairena le había regañado amablemente diciéndole textualmente: “No me gusta que dejes las cosas que me has grabado a la gente, pero no me importa que hicieras escuchar ese cante (la soleá de Charamusco) a Enrique, porque es un buen muchacho”.

Yo le dije a Juan Antonio Muñoz que de las dos primeras letras de la soleá que grabó Morente existían referencias que no aludían a Mairena: Tú vienes vendiendo flores…(la primera) se cantaba por tangos del Camino (en Granada) y también la había cantado Manolo Caracol como un pregón, y en cuanto a la segunda copla: Y hasta que la noche llegue…, se encontraba en el cancionero de Rodríguez Marín, “El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas” con el número 1281. Él me confirmó que Mairena no las había cantado y que lo que Enrique había cogido de la soleá era solamente el aire, la música…

Morente no quiso ni oír hablar del tema cuando yo le pregunté a él y a Muñoz si conocían el artículo de Agustín Gómez en la revista Candil, en el que el periodista cordobés atribuía la paternidad de la polémica “soleá” a Pepe Marchena…Muñoz me respondió que no lo conocía ni quería conocerlo, pero que en todo caso era rizar el rizo y que además era imposible que Marchena hubiese cantado esa soleá, ya que no sabía cantar palos rítmicos de ese tipo.

En cuanto a la relación Morente-Mairena, Juan Antonio Muñoz reiteró que Enrique siempre había sido muy respetuoso con el maestro fallecido, y que éste siempre habló con simpatía de Morente. Muñoz le dijo que entre otras muchas cosas inéditas de Mairena guardaba unas siguiriyas “estremecedoras” de don Antonio y que le gustaría sacarlas a la luz con fines benéficos para alguna sociedad flamenca. Enrique le respondió inmediatamente que si quería podían grabarlas en el sello “Discos Probeticos” que él estaba tratando de crear, y Juan Antonio le respondió que le parecía estupendo que así fuese.

Por otro lado, Juan Antonio Muñoz me comentó, aparte, la gran amistad que tenía con Enrique Morente y que se remontaba a finales de los años sesenta, y que incluso lo había acompañado en algunos festivales andaluces como el de Mairena del Alcor, en 1969. Le comenté la crítica adversa que Manuel Barrios había hecho de la actuación de Enrique en ese festival, y Muñoz se quedó extrañado porque se acordaba perfectamente que el público de Mairena había aplaudido mucho los cantes de Morente, especialmente los cantes por fandangos y por granaínas. También me habló del calor insoportable que habían sufrido durante su estancia en el pueblo sevillano, y de las ínfimas condiciones de la pensión en la que Enrique y él se habían alojado por falta de medios económicos. Igualmente, me confirmó lo que José María Velázquez ya me había dicho: “que el que repartía el bacalao en el Festival de Mairena era don Antonio y que sin su consentimiento Morente no hubiera podido entrar en ese festival.”

Carta de Enrique Morente a José Manuel López Mohíño, un buen aficionado de Sevilla, en respuesta a la petición de éste para que le hiciera “una breve referencia de Antonio” con el objeto de incluirla en el libreto de una conferencia-recital de Antonio Mairena, ofrecida en la Peña El Taranto de Almería en febrero de 1977.

 

Estimado López Mohíño:

He recibido el CD con los dos temas que canta Antonio Mairena en la peña el Taranto de Almería. Esta peña ha hecho por el flamenco una gran labor porque ha creado una gran calidad de afición. Seguramente la afición de Almería puede presumir de ser una de las mejores, de las más abiertas y más amigables con los cantaores, por eso Antonio Mairena daría un gran recital esa noche en ese aljibe árabe del casco viejo de la ciudad. También daría un buen recital porque ha sido un gran cantaor que ha marcado unas décadas e influyó de gran manera a los cantaores que éramos buenos aficionados.

Dentro de lo paradójica que es la vida, el gran Antonio Mairena que con tanto ahínco defendió el cante grande, gitano y andaluz, tuvo más admiradores payos que gitanos. En la posteridad seguimos respetándolo y la prueba está en estos dos cantes inéditos que me envías. Desafortunadamente, al menos en este CD, con mal sonido, aunque estoy seguro de que tú como buen aficionado vas a trabajar en la limpieza de esta grabación y va a sonar debidamente dentro de lo que es una actuación grabada en directo en esos años.

Como aficionado te doy las gracias y te estimulo a seguir honrando el trabajo y las obras de los grandes cantaores como Antonio Mairena.

Un fuerte Abrazo

Enrique Morente.

(Continuará)

 

 

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