La desventura de un publicista. Capítulo 9

Capítulo 9

Balbino gutiérrez

 

 

 

El rojo está servido,
Katheryn, bebamos por nuestros amores. Le tiendo el vaso sin dejar de mirarla y
añado: ¿Te gustan los rubíes? Un
pequeño resplandor se enciende en su mirada. Ella no sabe tal vez todavía que
los rubíes de los que le hablo, son los del vermut (que yo preparo tan bien).
Agarro un sifón y hago estallar un torrente de burbujas frescas y felices en su
vaso. Bebemos y qué sencillo es todo, y cómo todo se vuelve diferente: Pedro, eres tan espiritual, me dice
sonriente.

El ordenador seguía
bloqueado y Escobar se resignó a esperar, impaciente y febril, el tiempo que
fuese necesario. No disponía de mucho y estaba empeñado en contar la vida de su
heterónimo Pesc para contrarrestar la opinión falsamente calumniosa que su
amante despechada no dejaría de verter contra él. Aunque creía que Katheryn no
podría dejar de pensar con nostalgia en los dulces momentos que habían conocido
juntos, como el que acababa de recordar, cuando se servía de viejos y
románticos anuncios para seducirla. Cuánto habían cambiado los tiempos, pensó,
al comparar la publicidad antigua con la que había visionado y realizado él
mismo. Hangar de yates. Meliflua voz femenina en off: Si es usted amante de
tranquilidad, ponga rumbo a una nueva vida (hombre de sesenta años firmando un
documento y luego pescando en la popa del barco). Yates América le ofrece la
oportunidad de disfrutar de su propio barco (tíos y tías tipo pay-boy en
bañador suben y bajan a cubierta). Practique la pesca del pez espada como
Hemingway. Disfrute del sol en las costas del Caribe. Camarotes con vistas al
mar (los mismos tíos y tías vestidos elegantemente para un cóctel: whisky,
canapés, bebidas tropicales, etc.). Mil caballos de potencia…Se interrumpe y
le sigue otra voz en off masculina y persuasiva: sorteo extraordinario el 15 de
agosto, por mil pesetas puedes ganar mil millones. Rubia sonriente de senos
opulentos (con la cara de Brigitte la migonnette)
y con visera lleva el timón bajo la mirada complaciente del hombre de sesenta
años (¿Es usted el nuevo milmillonario?). La misma rubia (pero con la cara de
Alberta, que es morena) sentada con las piernas cruzadas sobre un colchón: A
todas aquellas personas que ahora ven cómo se agravan sus problemas de alergia,
les recomendamos el colchón Natural de Lo
Monaco
porque es analérgico y
transpirable, está aireándose continuamente, y así evita que ( la rubia desliza
el dedo índice de su mano izquierda sobre las estrías del colchón) la humedad,
el polvo y los ácaros se depositen en su interior (el mismo dedo se clava en
medio del colchón). Además es ecológico y cumple con las normas más estrictas
de seguridad y confort de la UE. Así que mientras usted duerme plácidamente, su
cuerpo descansa a ídem de rey. Pero este magnífico colchón no lo va a encontrar
en ninguna tienda (la rubia se levanta y camina lascivamente). Tan sólo
llamando al 902451143, y podrá disfrutar del colchón Natural de Lo Monaco, más un estupendo sommier de láminas de
madera, más una almohada lavable muy suave, más un juego de sábanas de Holanda,
más un equipo de música Daewo con
reproductor de CDs. Y todo esto por tan sólo 5.200 ( 31,50 euros) al mes, sin
intereses ni gastos de envío (plano final de la rubia, que en realidad es una
morena, rodeada del colchón y todos los productos ofrecidos). ¿Cómo se alimenta
un campeón? Voz en off infantil repite la frase escrita en la pantalla, pero
diciendo: Como se alimenta un campéon. Un empleado  de Ganone
(con la cara de Félix Gonzáles) corre con una carretilla  cargada de productos de la marca por los
estrechos pasillos de un gran supermercado. Choca violentamente con dos
afamados futbolistas que corren igualito que niños por el establecimiento
buscando natillas. Cogen varios recipientes de natillas Ganone, las enseñan a la cámara y gritan: ¡Repetimos! Mujer joven
(parecida a la pelirroja Io): A mi padre (guapo hombre al fondo que se parece a
Pesc) le gusta disfrutar de su tiempo libre. Para tratar su diarrea tiene Impodium plus en comprimidos
masticables. Voz en off de Pesc (muy masculina): Diarrea, retortijones,
flatulencias, gases…El nuevo Impodium
plus
ayuda a cortar la diarrea aguda y los gases rápidamente. Nuevo Impodium plus. ¡Para seguir con tu vida!
La misma voz masculina en off: “Femoal alivia
el dolor, alivia el picor, a la vez que por su acción vaso constrictora reduce
las hemorroides. Mujer madura premenopausica (parecida a la secretaria de
Alberta) dice suavemente mirando a la cámara: Es como si encogieran. La misma
voz masculina en off: Femoal ¡Un gran
alivio del dolor y el picor! Decorado empalagoso a lo Hamiltonphotograf. Dos
chicas jóvenes y empalagosas (no se parecen a nadie conocido) riendo
empalagosamente encima de una cama. La más empalagosa tiene una muñequita
empalagosa en las manos.

Empalagosa segunda ¿en un anticuario?

Empalagosa primera: ¡Noo!

Empalagosa
segunda: ¿En un mercadillo de Londres?

Empalagosa primera: ¡Qué vaa!

Empalagosa
segunda: Ya sé, lo has heredado.Ríen y sonríen empalagosamente las dos mientras
se oye la voz (fingidamente afeminada) de Pesc que dice: Ahora, la colección Muñequitas de porcelana de
Satélite-Julini vuelve a estar en Tu quiosco: Exclusivas muñequitas y
miniaturas de época. Primera muñeca, cochecito y fascículito: 400 pesetas o
2,50 euros. Pareja estúpida. Él (se parece vagamente a Pesc con veinte años
menos), moreno, más alto que ella. Ella, rubia, más bajita que él. Lo mira
entre guasona y admirativa. Él (mostrando un pliego, donde puede leerse sólo
OSO): Yo soy Pablo, el primero que hizo la primera llamada local totalmente
gratis. Ella (mirando a la cámara y arrebatándole el pliego): Él fue el primero
de la primera, sí (deposita el pliego sobre un mostrador), pero yo fui la
primera que contrató OSO en casa…Si yo no digo que tú no seas el primero; tú
has sido el primero, has llamado gratis, has sido el primero, de acuerdo, sí.
Pero yo contraté la primera OSO. Mostrador y dependiente (se parece a Paul). Se
le acerca Pesc con pintachulodemodé y le espeta: Oyes, ¿sabes la de tuturú tur
turú? Le sigue joven vestida de helado tuttifrutti (es Brigitte la mignonnette
moviéndose provocativa): Tirú tir tirú. Le sigue joven adolescente con camisa
verde abierta: Titu tú tirú. Vuelve Pesc (moviendo obscenamente el culo y el
vientre): Turutú, turutú. Aparece mujer moderna (oculta su parecido) con gafas
enormes y falda de cuero: Tirurú, turú. Le sigue hombre en torno a los
cincuenta (lleva una máscara a lo Dalí), cuatro pelos lacios y gafas de sol. Se
ayuda con un movimiento ridículo de las manos: Tutú. La mujer moderna anterior,
pegada al objetivo: Siempre llevaba gafas de sol. Dependiente (sonriendo
pícaramente y meneando la cabeza a derecha e izquierda): ¿Qué, es colega de
Warhol? Pesc (ha conservado la misma pinta de antes, y ahora se mueve
salomónicamente): Tutu tu ru rutú. A continuación, voz de Pesc (disimulándola)
en off: ¡En la CNAF sabemos lo que queremos! Jubilado con gafas de vista
cansada, vestido de verano, vulgarmente: De pronto veo un aparato en el cielo,
algo raro, no sé lo que es, un resplandor ¡Fun!, y un fogonazo: ¡Y que han
abducido a mi parienta (señala al suelo y hay un par de zapatos negros
vulgares). Pero lo raro es que se han dejado aquí los zapatos. Voz de Pesc en
off (timbre juvenil): ¿Oiga, para qué sirve la fibra? Terso vientre femenino
desnudo y una mano de  Pesc que lo
recorre lentamente de arriba hasta muy abajo: ¿La fibra? La fibra limpia y
regula mi organismo. Misma voz en fofa: ¿Y a qué sabe la fibra? Vientre
femenino desnudo y humeante: ¿Ésta?, a Cola-Coa.
Voz de Pesc en off: Para desestreñir. Una alimentación con poca fibra puede
estreñir. La falta de ejercicio puede estreñir. El estrés también puede
estresñir. En cambio con Cola-Coa
aumentan el volumen y esponjosidad de las heces y sus frutos de sen estimulan el intestino. Si en
ocasiones sufres el estreñimiento, recuerda que Cola-Coa ayuda
a…desestreñir.

         Al cabo de cinco minutos, volvió a
estar operativo el ordenador de Pedro Escobar, y éste prosiguió proporcionando
datos al CLT sobre las actividades de Pesc:

-Termina
la carrera de sociología a la vez que trabaja en la flamante y flamígera
empresa editorial del sociólogo más prestigioso del reino para el que traduce
textos del francés por los que ni se pagan derechos de autor ni se solicita
legalmente la autorización a las editoriales del país galo. Sobrevive y malvive
durante unos meses con la infra paga del sociólogo famoso y decide abandonarlo
para entrar como periodista en el influyente diario nacional La Opinión. Pesc cae en el sitio
adecuado en el momento adecuado y se entrega las veinticuatro horas del día y
la noche a seguir (y vivir) la vibrante y febril actualidad de una ciudad,
Madrid, que, con la libertad recuperada, se abre ilusionada a la modernidad.
Atrás quedan los días grises, negros, del post franquismo con su cadena trágica
de atentados y ríos de sangre que parecían querer retrotraernos a los días más
funestos de la dictadura: asesinatos de estudiantes, obreros, y de los abogados
laboralistas de la calle Atocha, bombas en la Vaquería de la calle Libertad,
secuestros de los GRAPO, barbarie de los Guerrilleros de Cristo Rey, etc…

-Continúe
con las actividades de Pesc durante los setenta. Continúe con las actividades
de Pesc durante los setenta. Continúe con las actividades de Pesc durante los
setenta. Continúe con las actividades de Pesc durante los setenta. Continúe con
las actividades de Pesc durante los setenta. Continúe con las actividades de
Pesc durante los setenta. Continúe………………………………

-¡Me cago en el jodido programa, coño, ya me
he dado cuenta! ¡Otra vez se me ha bloqueado!

¿Qué tienen los presos en común? El delito.
Por lo demás, sus personalidades y categorías son radicalmente distintas. Hay
que hacer cárceles para violadores, otras para atracadores, otras para
parricidas, otras para estafadores, policías, políticos, jueces y periodistas
corruptos, etc. O al menos, secciones completamente separadas. ¿Qué tienen los
internos por razones de peligrosidad social en común? El violador del pepino.
Serge C.F. Conocido en Caen como el violador del pepino por las vejaciones a
las que somete a su novia. Según quedó probado ante un tribunal de esa ciudad,
introduce un cucurbitáceo de grandes dimensiones en la vagina de su compañera
sentimental después de que ésta se negara a hacerle una gallarda. La Audiencia
le condena a ocho años de prisión, pero sólo cumple tres meses por buena
conducta y aplicación en la fabricación de muñequitos para tartas de boda en la
cárcel modelo de Alençon. En el año 2000 es finalmente detenido en París y
acusado de más de dieciséis violaciones. Se cree muy guapo, un verdadero
seductor, y piensa que las chicas, todas adolescentes, consentían. El anciano
de 75 años que quema viva a su esposa rociándola con alcohol y prendiéndole
fuego. Es la segunda vez que el vejete agredía a su mujer en lo que va de año.
El hombre, con el rostro cubierto por un pasamontañas con dos agujeros en la
cara, se le acerca y la rocía con alcohol. Acto seguido, el criminal saca una
cerilla y la arroja encendida a su mujer. La víctima, de 70 años, convertida en
tea a lo bonzo, aún tiene tiempo de reaccionar y de asestar una fenomenal
patada en los cojones a su marido. Posteriormente corrió gritando despavorida y
luego cayó al suelo inconsciente. Los servicios del SAMUR que acudieron hasta
el lugar, sólo pudieron certificar que la anciana “presentaba lesiones
incompatibles con la vida” (osease, que acababa de estirar la pata). El
estafador que se hace pasar por teniente de la Gendarmería  para desplumar a sus novias. Les ofrece
vehículos todo terreno y viviendas procedentes de falsas subastas. Jules
Dupont, dit Montelimar, de 30 años de
edad, contaba con dieciséis órdenes de búsqueda y captura por estafa antes de
su detención. Su modus operandi se
basa en embaucar a sus compañeras sentimentales, que le creen capitán de
gendarmes, con tentadores ofrecimientos de vehículos de gran cilindrada y
lujosas casas a muy bajo precio, procedentes de supuestas subastas del Ministère de l’Intérieur. Los dos
vagabundos que asesinan al conocido presentador del programa de televisión El vagainfierno, del que eran
protagonistas. Dos hermanos clochards de
Marsella, Jean y Paul Maccaroni, escuálidos, desdentados y con graves
deficiencias mentales, deciden matar a Jesufou de la Colline, el popular
periodista y poeta, que los ha lanzado al estrellato, porque no les paga lo
pactado y con el fin de hacerse todavía más famosos. El juez encarcelado por
cohecho. Un magistrado de Córcega, Emile Calasparri, que ha posibilitado la
huída de un destacado capo de la mafia corsa, procesado por contrabando de
hachís y cocaína por valor de varios cientos de millones de francos. El juez va
y lo deja en libertad condicional pocos días antes al de la celebración del
juicio, amparándose en un informe médico que certifica que el presunto
malhechor siente terrores infantiles nocturnos en su celda de la prisión. El
abogado argelino que ha estafado a más de mil inmigrantes magrebíes
prometiéndoles los papeles de la regularización…

-¡Tienes visita! – Vino a gritarle Vito
por la espalda, interrumpiendo la inactividad y los pensamientos de Escobar
acerca de la irracional promiscuidad carcelaria.

-¿Una visita, yo, ahora? –preguntó
sorprendido.

-Sí
tronco, una visita, you, now
–respondió el tahúr, mitad en serio, mitad en broma.

-Apago
el ordenador y voy corriendo –dijo Pedro, que se preguntó si sería cierto, pues
no esperaba la visita de su  abogado
hasta la tarde.

De repente, comienzo a
llenarme de optimismo. El adelanto del picapleitos (ya que no puede tratarse de
nadie más que él), sobre la hora prevista tiene que deberse a circunstancias
favorables para mi caso.   Un celador
viene a mi encuentro y le sigo de cerca. Pasamos por el patio de honor, en el que se instalaba
antiguamente la guillotina. Recorremos 273 metros de pasillos, subo 50
escalones, bajo 75, cruzo cinco rejas de acero consecutivas (todo lo he contado
desde la primera entrevista que tuve)
para desembocar en… el locutorio, una sala de 4 metros de ancha por 30 de
larga, dividida en dos mitades casi exactas por una red metálica tupida, donde
los reclusos hablan a voces con sus visitantes exteriores, mayormente mujeres y
algunas muy deseables. No comprendo por qué estará aquí mi abogado y no en la
dependencia jurídica reglamentaria. El único asiento libre de internos tiene
por  interlocutor exterior a un individuo
en atuendo deportivo que no reconozco. No, no es el joven maître López, mi vista se nubla, me detengo, no puedo seguir, el
celador me arrastra y me sienta a la fuerza en la silla.

-Hola, ¿qué tal? – pregunta Félix
Gonzáles.

El tío que más detesto, como dicen los
franceses, delante de mí y no debe de ser para nada bueno. Pronto lo voy a
saber.

-Qué gran sorpresa. ¿Cómo tú por aquí?
En la Tensa los cisnes mueren lentamente –le
digo intentando esbozar una sonrisa, y mientras levanto incompleto el
brazo derecho a modo de saludo, pienso que las personas en lo primero que se
fijan es en las manos y en que definitivamente la duda no entra en los cálculos
de Félix Gonzáles, Tan seguro parece estar de su autoridad intelectual que las
ideas fluyen de su cerebro a borbotones, casi sin pensar, con brillantez
instantánea y automática. Una actitud bien distinta a la que había mostrado la
vez anterior al frente de un  grupo de la
agencia rebosante de espíritu digamos camerístico y vocación galante, ideal
para una plácida tarde  de abanico y
limonada. Se me va el tarro. Pero así es como habla este pedante. Lo recuerdo
alto como una vieja gloria del baloncesto, cuando el publiartista supo
afianzarse en la persuasión moderada de su diminuto compañero, un hombre de la
envergadura aproximada de un yoquey de caballitos de cartón para realizar un
didáctico repaso a la historia de la publicidad americana en su genuina versión
neoyorquina. El hombre tuvo las dudas naturales de quien ve más de una fecunda
solución al mismo tiempo, pero no dijo ni una palabra de más ni añadió una
frase sin justificar. Le agradecí que ante las ínfulas omnipotentes de los más
bisoños defendiera la filosofía del pasito sobre la zancada…

-¿De verdad que no
me esperabas? –pregunta socarrón-. Pues ya podías esperarlo, o te figurabas que
ante tu alarde de truhanería metódica no se notaría tu ausencia. ¡Vas a llorar
lágrimas negras!, me lo aseguran.

Como ya me
sospechaba, la aparición de Félix tiene visos más trepidantes: visto y no
visto, como si se hubiera calzado las botas de siete leguas, se lanza a tumba
abierta sobre unos temas cortados a la medida de su remilgado perfil
técnico….cosmopolita hasta lo mundano, juega a zamparse todo el orbe
publicista hispano. Quiere mi cabeza y triunfa en su función de realzar sus
pasmosas cualidades: perfección impoluta. Estilo depuradísimo y sutilidad
portentosa. Contundentes razones a su favor que no logran disimular otros
rasgos no tan halagüeños. No parece muy original al basar la mitad de sus
argumentos sólo en citas tirando a tópicas o buscando mi confesión fácil con
piruetas caprichosas en el borde de su fingimiento: dos constantes de su
carácter que a la larga, terminan embotando el pensamiento más discriminador
con su pertinaz cliché.

-¿A qué has
venido? –le pregunto sin más, tratando de que vaya al grano y no base sus
alegaciones en agilidades más o menos vistosas, pero tirando a truculentas, de
pertinencia dudosa y significado más bien turbio. El veterano publicista,
yo,  y el joven publicista, él,
establecemos un pulso dialéctico quizás distinto al de un combate pero no ajeno
a una cierta intensidad flexible y razonada. La diferencia está en que mientras
la voz de Félix Gonzáles puede poner sonoridad a la escena del crimen más
sórdido y misterioso, la mía apenas puede utilizarse para poner fondo a las
diligencias de un forense.

         –A exigirte que restituyas illico presto el dinero que has robado a
la agencia –dice Félix dejando escapar su embrujo elegiaco por el desagüe de
una solemnidad trivial. Su voz empieza en tono de balada arrullante para acabar
como un bólido rugiente. Se comporta como una persona árida y entrecortada, sin
dirección definida y errante sobre criterios libres y estructuras difusas o
directamente inexistentes. Detrás de la reja se puede escuchar a un maravilloso
recitador de espots, dueño de una dicción neta y timbrada y de una entonación
erudita capaz de descubrir mil matices sutiles que, a la hora de la invención
espontánea, se pierde en explicaciones parciales y dispersas.

-Sin mofa ni menoscabo puntuales, te
diré, en tu jerga que tus palabras son inexpugnables e inclementes como
búnqueres de hormigón, cargados de intención pero huecos de significado. La
suerte premia a las personas emprendedoras y con espíritu audaz, que además
demuestren una actitud tenaz y perseverante –le digo para burlarme de él.

-Pedro –me invoca con voz
conciliadora-. No practiques estrategias insistentemente repetidas, con subidas
y bajadas en agónico desdén. Devuelve la guita a la agencia y retiraremos la
denuncia contra ti. No te inspires en cuestiones tan enjundiosas como el
concepto de reciprocidad o los movimientos planetarios, por poner un ejemplo.

Su respuesta basada en elementos intrincados y
concluyentes me invitan a improvisar con otro pulso vital. Desde su arranque el
publicista plantea una táctica que se resiste a crecer a partir de una sola
raíz, atenta al momento, pero con el futuro en su punto de mira.

-Bella nórdica rubia con
túnica blanca montada sobre caballo blanco, orgullo de la raza cartujana, con
la Tour Eiffel al fondo –le digo con
toda mi mala leche.

-¡Qué te ocurre!,
¿sientes nostalgia de los tiempos pasados? –pregunta con frialdad de acero –.
No vertebres tus argumentos en el fondo inconexos y quebradizos sobre la lógica
inapelable de la sinceridad radical y el desprecio absoluto por las soluciones
diplomáticas.

-La inspiración es
el primer paso hacia la grandeza. La inspiración es el motor de nuestro
potencial. La fuerza que nos lleva de lo sistemático a lo espontáneo –le
respondo para provocarlo, y añado-. Tus pantalones de doble costura refuerzan
la teoría que afirma que la fuerza de la alegría supera cualquier decepción.

-No eres más que un
buscavidas trapisondista y te encuentras en un laberinto borgiano sin salida.
Sólo yo puedo ayudarte y tú te estás cachondeando de mí. No todo es cuestión de
tetosterona –dijo impertérrito tras sus aerodinámicas gafas.

-Tienes un hermoso
chalet, una segunda vivienda en el campo, posees un coche de lujo, y un cuatro
por cuatro gigantesco. Tienes una mujer maravillosa que te ama. ¿No crees que
ya es hora de que dejes de joderme?

-¿No estarás buscando
excusas allí donde no hay? Devuélvenos la pasta y déjate de efectos
atmosféricos de vértigos y pasión –dice echándose para atrás en su silla.

-One whisky, please, …clic…Drip, drip, drip. Drip,
drip, drip. Thank you very much. ¿Te acuerdas de los Buenos ratos que echábamos juntos –le digo, tratando
de ganar tiempo.

-No me salgas ahora con
ese susurro deliciosamente invernal, endémico de Escocia –dice con rostro
pálido algo desganado-. No tendrás ningún éxito.

-Hubo un tiempo en
el que todos éramos libres. El bosque, las montañas y los océanos eran nuestro
hogar. Pero algo ocurrió. Nos convertimos en personas de ciudad, empleados de
oficina, telespectadores, clientes de bares, agentes de bolsa. Algo de nosotros
todavía sigue dentro de nosotros. Busca en tu interior y ve donde quieras sin
preocuparte de lo externo –le digo en tono capellán Didier, y añado en idéntico
tono-. Si amas a alguien, déjale ser libre. ¿No te gustaría regalar libertad de
movimiento a un ser querido?

-No busques el resorte
de la emoción incluso en la maraña de la complejidad más despiadada. No
compitas con añoranza contable. No profeses un inconformismo riguroso. No
busques sustento moral en la combinatoria libre de diversas argucias, ni
siquiera en sus variantes psicodélicas. No pretendas huir a lomos de caballo
jerezano sobre una pelada loma almeriense. No esperes encontrar una cabra
equilibrista en un gran salón de baile cargado de oropeles y mullidas
alfombras. Estás traicionando tu vocación de acróbata con cierta tendencia al
esperpento y a las potencias telúricas – dice impulsado por auténticos soplos
de inspiración. Luego cambia de estilo y brama-. Suelta la mosca, suelta la
tela, suelta la viruta, suelta la manteca, suelta el money, suelta los jurdós,
suelta el flus, y suelta el acatús.

Me quedo flipando y
trato de redimir parte de mis disgresiones anteriores con una conciliadora
serie de improvisaciones. Pero Félix Gonzáles no quiere escucharme y a mi
primera palabra erudita y meditabunda me interrumpe categórico:

-Eres un subversivo en
toda regla, eres un inexorable aniquilador de clichés. Tu técnica de tramposo
te permite promover ideas elaboradas con apabullante destreza que luego se
quedan en una marejadilla de palabras estériles. Tu corazón de estafador te
permite eludir tremebundos castigos del más allá y del más acá –dice poniéndose
algo místico, pero al final rectifica y se lanza a fondo-. Has agotado tus
aptitudes de saltimbanqui con proyección a la caricatura, te lo repito. Has
agotado todos tus efectos atmosféricos y te has quedado sin misión en la vida.
Te lo aseguro: te has quedado sin misión en la vida, sin misión en, sin…

La voz tronante de Félix
Gonzáles retumbó en todo el locutorio,  y
atrajo la atención de una bella carcelera que acudió presurosa a inquirir la
causa de semejante furor que había acabado provocando el llanto desconsolado de
Pedro Escobar, al que encontró sumergido en un mar de lágrimas.

-Caballero, debería
tener usted una mayor consideración a nuestros internos. No se le tolera que le
hable de ese modo a este pobre hombre. Su tiempo se ha acabado y es hora de que
se marche, caballero -dijo la funcionaria con pasmosa autoridad al joven y
moderno publicista, que ya se había levantado de su silla y se encaminó hacia
la salida de la sala de visitas de los presos, enjuto y erguido, con andares
triunfantes de matador que ha cortado todos los trofeos.

 

 

 

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