Oportunidad y oportunismo 2

Oportunidad y oportunismo.  Madrid  8 abril 2011

 

No tenía intención de asistir la noche del día  7 de abril a la presentación del filme de Emilio R. Barrachina en el auditorio del Museo Reina Sofía de Madrid. En primer lugar, no quería asistir, como no he querido asistir a ninguna actividad flamenca en Madrid desde la muerte de Enrique Morente por no ver la media sonrisa en el saludo de algún cínico que le sobrevive. No habría ido a esa presentación si no me hubiera llegado la petición expresa de un familiar muy cercano al maestro. No quería asistir a esa presentación para no ver el hostigamiento inclemente de los medios de prensa a la familia de Enrique, especialmente el acoso a sus valerosas hijas Estrella y Soleá. Y en definitiva, no quería asistir a esa presentación porque a tan solo cuatro meses de la muerte de Morente todavía no era tiempo para hacerla…

No voy a hablar de las calidades de documental, que las tiene, ni tampoco de sus carencias, que también las tiene. De lo que quiero hablar es que la justificación que da el señor Barrachina diciendo que Morente quería que se estrenara en el Festival de Málaga, esa justificación ya no tenía validez con la muerte imprevista, casi súbita, del protagonista. El director del filme había asegurado también en numerosas ocasiones que la familia de Morente quería asistir en pleno al estreno de Málaga, pero allí sólo fue Estrella y su marido Javier Conde, que como todo el mundo sabe residen en esa ciudad. Aurora Carbonell La Pelota, su viuda, no asistió, como tampoco ha asistido en Madrid y ni tan siquiera envió un  telegrama de adhesión o para explicar su ausencia…Es natural.

No hay nada urgente en la película que requiriese tanta precipitación. Por el contrario, las circunstancias dramáticas de la desaparición del cantaor exigían prudencia y paciencia. En cambio se ha aprovechado impúdicamente el tirón inmediato que genera el fallecimiento de un genio para ofrecernos un producto de arte, sin haber esperado unos meses más a que madurase en los estudios y en la cabeza de los responsables, y eso más que oportunidad es puro oportunismo. Un oportunismo que hiere a los que hemos estado muchos años queriendo al maestro, porque el maestro era, es, una persona de carne y hueso y había que esperar a que sus restos  reposasen en paz definitivamente. Había que esperar a que los que lo tratamos en vida, aunque somos menos que los que han oído sólo campanas, fuésemos aceptando la idea o mejor dicho, la realidad de su desaparición. Y además y sobre todo, había que esperar, porque la grandeza artística de Enrique Morente no se merecía este confusionismo creado entre vida y arte, o mejor, entre su muerte y arte. Puedo aportar un ejemplo. En un momento del filme, no pude evitar las lágrimas, pero no sé si se debieron a la naturaleza de determinadas imágenes o al recuerdo aún vivo de Enrique. Y la verdadera obra de arte no debe dar nunca lugar a confusión.

Oportunismo y oportunidad 2

Morente: El Barbero de Picasso

Morente

Decía que el filme de Emilio R. Barrachina tiene calidades y carencias. De las primeras, la casi omnipresencia de Morente llenando la pantalla, incluso mudo impresiona su enorme personalidad “como un tronco humano” en palabras de su hija Estrella. Los conciertos nos reflejan un Morente pletórico de facultades y resulta imposible de creer que a las puertas de la muerte. Las malagueñas de Buitrago de  Lozoya, y el recital  del Liceu de Barcelona con un David Cerreduela, su acompañante, que se lo come con la mirada y la atención. La chispa de los ensayos de  los temas de “Pablo de Málaga” con su grupo  habitual y el baterista Eric Jiménez como intruso de lujo.  Otra de las calidades de la película es la  narración de un guión sin argumento al uso y la utilización de la técnica cinematográfica adecuada.  La visita al Guernica de Morente ofrece unas secuencias dramáticas y poderosas, magnificadas por el desenlace final imprevisto de su  existencia. Otro de los logros de la película es el título original y que fue el que quiso darle Morente: “El Barbero de Picasso”, pues el trabajo tiene como núcleo aglutinador la relación de amistad entre el pintor y su peluquero y se aportan numerosas pruebas de la historia.  Las apariciones cantaoras de Estrella, Soleá y Enrique Morente junior son también bazas importantes, artísticas y emotivas, en el haber del filme.

 Hasta ahí y sin más pretensiones de parte del cineasta y productores me quedo con una idea positiva del resultado. Con lo que no estoy en absoluto de acuerdo es con el cambio de título que  se ha anunciado en las carteleras de las salas de cine:  Morente, primero por la intención (y como decía Morente “La intención es lo más importante”) porque ese enunciado no era el inicial del maestro y eso debe ser respetado, y porque el contenido del filme no  responde a tan ambicioso título. La película solo recoge una parte muy corta de la carrera de Enrique Morente, que aunque determinante es lisa y llanamente la de los últimos dos años. ¡Cuántos filmes más había que rodar para reflejarla completa! Y peor aun, no responde a las frases propagandísticas que se han lanzado: Este es el último trabajo de Morente, por lo que se ha constituido como su legado musical y de su pensamiento. Afirmar eso representa una falacia y es querer engañar al espectador. Precisamente una de las carencias de la película radica en la escasez de opiniones y reflexiones de Enrique Morente, y no es por falta de las mismas  pues se pueden escribir (y de hecho se han escrito, basta con documentarse) páginas y páginas sólo con las que ha ido realizando en los últimos ocho o nueve años. Y ahí sí que se podía haber dejado todo un compendio de  filosofía del maestro sobre el arte y la vida, la estética y la ética; y lo que Barrachina ofrece en su filme es demasiado liviano para constituir esa categoría de legado. Otra carencia del filme, supongo que debida a la muerte prematura del protagonista, es el capítulo de las declaraciones de terceros, y no sólo las de la familia, sobre Morente que sí se recogen . Si tras ese terrible final no hubiera habido tanta prisa en lanzar el producto, se podría haber subsanado con el concurso de amigos de Morente, que los tenía y muy fieles. ¿Dónde aparece ese apartado en el filme? No existe a no ser que se quiera cumplir con el paseo por el Albaicín con Estrella y llevados por Gabriel Estévez (el dueño del bar El Local de Granada, donde se inició la amistad entre Morente y los Lagartija) pero solo que en esta ocasión ejerciendo de guía junto a dos o tres desconocidos más que no despegan la boca una sola vez y actúan como comparsas, ni siquiera como figurantes. ¿Y qué opinaban los músicos de Morente sobre su jefe? También hubiera sido bonito saber cómo lo veían gente tan señalada como Riqueni, Cerreduela, Bandolero, Ángel Gabarre, o sus cuñados Pepe Montoyita y Antonio Carbonell. ¿Y una visita a los locales de la bohemia frecuentados por Enrique, a Candela en Madrid, por ejemplo?  Yo no recuerdo haberla visto en la pantalla del Reina Sofía, aunque fuera con un barrido silencioso por su mítica cueva vacía o sobre un tablero de ajedrez preparado para jugar una partida entre Miguel y Enrique, que no se llegará a producir nunca más. ..

Sí y no, señor Emilio Ruiz Barrachina. Sí, con reparos, al filme Morente, El barbero de Picasso, y puede darse por contento porque sin pretenderlo ni sospecharlo, usted ha realizado, a pesar de sus limitaciones, un documento postrero de gran valor histórico y emocional. Pero No al filme Morente a secas con las pretensiones  antes proclamadas de constituir su testamento, porque en ese caso usted ignora o no valora la mayor parte de la inmensa herencia artística y humana que Enrique Morente nos ha legado y que no se refleja en su película.

Balbino Gutiérrez        11 de abril 2011

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2 respuestas a Oportunidad y oportunismo 2

  1. Emilio Ruiz Barrachina dijo:

    Estimado Sr. Balbino:

    Simplemente aclararle que nunca ha sido mi intención hacer una película definitiva sobre Enrique Morente. En segundo lugar, que la película es lo que él quería y nada más. Me explico: están grabadas, en Amor de Dios, y como bien saben sus músicos, todas sus opiniones (Riqueni, Bandolero, los hermanos de Aurora, etc… e incluso amigos como Juan Verdú). Pero fue deseo expreso del maestro que nadie hablara sobre él en la película. He reiterado hasta la saciedad que ésta película no es su biografía ni un obituario. Es sólo un trabajo que, con sus aciertos y limitaciones, desafortunadamente ha supuesto su último trabajo. Y respecto al t´ñituylo, sigue manteniénbdose el título de “Morente” y el subtítulo de “El barbero de Picasso”. Y si no hemos podido hacerlo de manera más explícita ha sido por un problema de autorizaciones y derechos. No obstante, en el cartel hemos logrado que pusiera bien claro, y lo pone: “Morente canta a Picasso”. Por lo demás, ruego a usted perdone los desaciertos y le agradezco los reconocimientos. Por mi parte estoy muy satisfecho con el trabajo y seguiré en la tarea principal de ésta película que es, según le prometí a Enrique Morente, que más que verse en España se viera “por ahí fuera”. Un cordial saludo. Emilio R. Barrachina

  2. balbiguti dijo:

    Estimado señor Emilio:
    Aunque no responde a varios de los argumentos de mis escritos del 8 y 11 de abril, le agradezco sinceramente su comentario y le deseo toda clase de exitos a su película para mayor gloria de mi llorado amigo y “hermano”, el maestro Enrique Morente.
    Balbino Gutiérrez

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