Escritos flamencos en El Sol. Enrique Morente 2

(A la pronta y total recuperación del maestro de Granada)

El embrujo de Enrique Morente

(publicado el 15-9-1990)

VI Bienal de Flamenco de Sevilla

Estreno en Sevilla del “Alegro-solea”

Músicos: Orquesta de Cámara de Granada

Director: Micha Racheleswky

Enrique Morente: voz

Pepe Habichuela y Montoyita: guitarras flamencas

Local: Patio de la Montería de los Reales Alcázares, Sevilla.

Fecha: 15 de septiembre 1990

 

Balbino Gutiérrez

Si la voz del cantaor granadino suena siempre hermosa, es en los recintos árabes donde cobra sus matices más jondos y flamencos. Igual que en 1987 en la Mezquita de Córdoba, anoche su grito sobrecogedor de almuecín volvió a embrujar el aire del patio de la Montería en los Reales Alcázares. Enrique Morente se enfrentaba a un doble reto en Sevilla, la ciudad del flamenco: pero él no venía desarmado. Es verdad que pudo haber elegido armas más cómodas, aunque eso habría sido contradictorio con su pasado de luchador del flamenco.

                Su actuación había despertado una gran expectación. A pesar de ser un gran maestro, eso ya nadie lo niega, al cantaor de Granada se le llama escasas veces por esta parte de Andalucía. La gran novedad de la primera parte del programa consistía en el reencuentro con el guitarrista Pepe Habichuela, su gran e inseparable tocaor de otros tiempos. Entre los dos bordaron un recital profundo y hermoso basado en los palos fundamentales del cante. La guitarra de Pepe sonaba  dulce y atenta, ciñéndose sensible a todos los tonos y matices de voz de su genial paisano. Soleares, tarantas, malagueñas y tangos. En estos, Enrique demostró nuevamente, sin ninguna sombra de duda, que sus cuerdas vocales son prodigiosas y que su técnica vibratoria no está menos desarrollada.

                Después de un preámbulo musical a cargo de la Orquesta de Cámara de Granada, que interpretó dos piezas de Toldrá y Bela Bartok, cuya oportunidad y momento de ejecución pertenecen a la esfera del misterio, llegó el esperado estreno: Allegro por soleá para piano y orquesta de cuerda. Pronto se disiparían los temores. La voz de Enrique Morente comenzó a sonar segura y templada, y, siguiendo las evoluciones de la orquesta continuó con soleá, regresó fugazmente al primer aire y concluyó con bulerías. Veinte minutos nada más, pero probablemente el espacio mas tenso y denso que le haya tocado vivir a un cantaor en muchas décadas.

                La partitura de Antonio Robledo, es decir Armin Janssen, de nacionalidad alemana, era bellísima y compleja, rigurosa y vanguardista, y, al mismo tiempo de ejemplar saber y sabor flamenco. Para interpretarla nadie mejor que un cantaor excepcional como Enrique Morente, capaz de pasar de tonos graves terrosos a agudos celestes, sin abandonar por un instante el enigmático compás flamenco. El público en pie obtuvo la propina: la repetición completa de la obra.

 

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